El regreso de Fito Páez a Mendoza no fue un recital más; a tres años de su última visita, el artista rosarino volvió al Arena Maipú con entradas agotadas, un estadio colmado y un concierto que combinó precisión artística, potencia escénica y una conexión emocional pocas veces vista.
En el marco de su Gira “Sale el sol”, el músico presentó un espectáculo completamente renovado, pensado desde cero y con una narrativa clara: revisitar su obra desde el presente. Durante más de dos horas, el concierto recorrió sus grandes clásicos; desde el inicio a las 22 casi en punto, el público entendió que no estaba frente a un show convencional, sino ante un viaje por la historia musical de uno de los artistas más influyentes del país.
Un concierto que fue mucho más que solo música
El repertorio, dividido en cuatro bloques, funcionó como una verdadera “cosecha de clásicos”. Canciones como 11 y 6, El amor después del amor, A rodar mi vida y Dar es dar; reafirmaron su lugar en el corazón del rock nacional. Pero también hubo espacio para temas menos frecuentes en vivo, como Lejos en Berlín o Nunca podrán sacarme mi amor, que sorprendieron a los seguidores más fieles.
Lejos de apoyarse únicamente en la nostalgia, Fito Páez resignificó cada canción; las versiones tuvieron nuevos arreglos y matices que aportaron frescura sin perder la esencia. Así, el concierto logró un equilibrio entre pasado y presente, mostrando a un artista en constante evolución.
Conexión total y un público protagonista
Si algo marcó la noche fue la relación entre Fito y sus fans. Desde el escenario, el artista dirigió y motivó a los presentes, invitándolos a formar parte del show. A pesar de que el campo estaba dispuesto con sillas numeradas, después de las primeras tres canciones la gran mayoría se puso de pie y no volvió a sentarse, entregándose por completo al show.
En Circo Beat, por ejemplo, dividió al estadio para generar coros y respuestas, logrando un ida y vuelta constante. Otro de los momentos más emotivos se dio durante Brillante sobre el mic, cuando miles de celulares encendidos iluminaron el estadio, generando una postal similar a un cielo estrellado.
La conmovedora perspectiva Fito frente a una multitud entregada
La conmovedora perspectiva Fito frente a una multitud entregada
PH: Guido Adler
Además, el artista se mostró cercano en todo momento; agradeció, mencionó a Mendoza en varias oportunidades y reforzó ese vínculo directo que caracteriza sus presentaciones. La diversidad de edades también fue protagonista, distintas generaciones compartieron el mismo espacio, confirmando la vigencia de su obra.
En ese sentido, Los Andes recogió testimonios que reflejaron esa conexión: “Es una persona que une generaciones; puede expresarse de una forma que nadie más lo puede hacer”, resumió uno de los fans. Otros coincidieron en su impacto emocional: “Fito es como una insignia de toda mi infancia” y “es un gran músico, un clásico de clásicos”. También hubo quienes destacaron la identificación con su mirada artística “Coincidimos en todo con él, su trayectoria, sus ideas”.
Entre los entrevistados hubo desde un joven de 16 años que integra una banda tributo a Fito Páez hasta un niño que asistió con su abuela, además de hermanos que crecieron escuchándolo y que incluso esperaban canciones menos conocidas.
El cierre del concierto que desató el momento más intenso
El tramo final del concierto fue el de mayor intensidad. Hacia el cierre, Ciudad de pobres corazones irrumpió con toda su potencia y tuvo uno de sus puntos más altos cuando Páez se lució con un solo de guitarra, antes de desembocar en lo que se sintió como una improvisación caótica donde la banda desató un estallido sonoro que sacudió al Arena.
Cuando todo parecía terminado, llegó otro de los momentos más recordados de la noche; luego de Mariposa Tecknicolor, las luces se encendieron y parte del público comenzó a retirarse. Sin embargo, el pedido de una más fue inmediato y Fito volvió.
Fito se acercó para recibir una ovación total
Fito se acercó para recibir una ovación total
PH: Guido Adler
Con el estadio ya desordenado y el público mezclado entre platea y campo (en una especie de unión espontánea que rompió cualquier división), regresó para interpretar El diablo en tu corazón. Lo hizo, además, con una impronta más informal en su vestuario, lejos de la estética anterior, como si ese regreso también marcara un cambio de clima. Ese gesto inesperado terminó de romper cualquier estructura y convirtió el cierre en una escena única.
Incluso hubo lugar para un imprevisto, donde el micrófono se desprendió de su soporte en el piano y el músico tuvo que sostenerlo con una mano mientras seguía tocando con la otra. En medio de la situación, alguien de producción se acercó para ayudarlo a resolver el problema, y en las pantallas que lo mostraban en primer plano se percibió un gesto de fastidio. Sin embargo, lejos de incomodarse, lo resolvió con naturalidad y lo resumió en una frase: “no es nada personal, es solo este micrófono, es lo que genera el rock and roll”.
El final terminó de sellar una noche inolvidable, un show donde la precisión convivió con la improvisación, y donde cada detalle sumó a una experiencia que dejó huella en Mendoza.
Sale el sol: la nueva etapa artística de Fito Páez
Este concierto formó parte de una fase particular en la carrera del artista. La Gira 2026 marcó un nuevo punto de partida, con un espectáculo diseñado con minuciosidad, donde cada elemento fue pensado como parte de una experiencia completa.
Fito al piano y su banda en plena sintonía
Fito al piano y su banda en plena sintonía
PH: Guido Adler
A sus 63 años el músico se mostró en plenitud, con el piano ubicado en el centro de la escena, cumplió el rol de anfitrión y guió cada movimiento de una banda imponente, integrada por Diego Olivero (bajo y dirección musical), Gastón Baremberg (batería), Juan Absatz (teclados y coros), Juani Agüero (guitarra) y Emme (coros). Además, el show contó con una sección de vientos integrada por Ervin Stutz, Alejo Von der Pahlen y Santiago Benítez.
La propuesta también tuvo un fuerte componente visual, fito comenzó vestido de negro y con lentes de sol, marcando una estética sobria. Con el correr de la noche, se quitó los lentes y luego cambió su atuendo a uno completamente blanco, acompañando el clima más luminoso del show. En el tramo final, ya en la canción extra, se mostró más informal.
En ese marco, el paso por Mendoza se inscribe dentro de un recorrido más amplio que define este nuevo capítulo artístico. La gira continuará el 15 de mayo en el Antel Arena de Montevideo, Uruguay, y el 20 de mayo en el Movistar Arena de Buenos Aires, Argentina, llevando esta propuesta a nuevos escenarios.