Hay una imagen que Fito Páez evoca cuando habla de sí mismo y que lo define mejor que cualquier biografía: un chico solo en una habitación, con un piano, buscando la manera de decir algo que todavía no sabe cómo decir. No el artista multipremiado, no el ícono del rock en español, no el director de cine, ni el escritor. El chico. Esa figura nunca se fue. Es, en todo caso, el motor que sigue encendido después de cuatro décadas de carrera, veintinueve discos, un Grammy, trece Latin Grammys y un público fiel, que siempre está a la espera del próximo Fito.
El piano llegó temprano, de la mano de su primera maestra, la profesora Bustos. El conservatorio, las horas de estudio, la obsesión silenciosa de quien entiende que la música no es una elección sino una forma de respirar. Todavía no había terminado la adolescencia cuando ya tocaba con Juan Carlos Baglietto en Rosario, aportando canciones e ideas de producción a tres de sus discos. A los 20 años fue convocado por Charly García para la gira de Clics Modernos y participó de la grabación de Piano Bar. En paralelo editó su primer disco solista, Del '63. A los 23 registró La La La junto a Luis Alberto Spinetta. El rock argentino, en plena efervescencia democrática post-dictadura, lo reconoció como a uno de los suyos.
Estadios llenos y el miedo
Pocas anécdotas ilustran mejor la trayectoria de Páez que la de aquella noche de abril de 1993. Tenía 29 años y acababa de publicar El Amor Después del Amor, un disco decisivo en la historia reciente del rock en español. El cierre de la gira fue ante dos estadios de Vélez repletos. Hoy, más de treinta años después, lo recuerda con una claridad que no esconde el vértigo: "Muerto de miedo. Recuerdo que en la transmisión que pasaron en Canal 13 hay una toma antes de entrar donde Fabi (Cantilo) me muestra el lugar y yo miro y me agarro la cabeza y se va todo a negro. Como diciendo: 'Sáquenme ya de acá'."
El Amor Después del Amor vendió más de dos millones de copias, se convirtió en el disco más vendido de la historia de la Argentina y consolidó canciones como "Brillante sobre el mic", "Tumbas de la gloria" o "Mariposa Tecknicolor" como himnos generacionales. Tres décadas después, en 2023, Páez lanzó EADDA92-23, una relectura radical del álbum original que incluyó a decenas de artistas invitados y que tuvo dos temas en el Hot 100 de Billboard. Lejos de ser un ejercicio nostálgico, fue una demostración de vigencia.
La música de nadie
Pocas cosas pueden describir con tanta nitidez la irrupción del posmodernismo en la música popular argentina como Fito Páez y su obra. El músico que se hizo en la fragua de dos creadores disruptivos como Luis Alberto Spinetta y Charly García y que, lejos de amedrentarse, recogió el guante (y algo más) de esos genios y se las arregló para ir dándole forma a una obra propia, que nunca fue rupturista, pero que supo aprovechar y redimensionar muy bien la marca ígnea de sus predecesores.
Una de las características más nítidas de la personalidad de Fito Páez es su resistencia activa a la mitificación. En una industria que tiende a broncear a sus ídolos, él prefiere seguir siendo el niño que busca, el músico que experimenta, el tipo que todavía no sabe bien qué es lo que está haciendo. Y lejos de celebrarse, abrió una reflexión sobre la imposibilidad de apropiarse del lenguaje: "La música no es de nadie", repitió la frase que alguna vez le escuchó a Charly García. "Los sonidos, las combinaciones, el juego no son de nadie."
Esta humildad no es pose. Es, en todo caso, el resultado de décadas de observación honesta. Páez creció escuchando a The Beatles, a The Who, a Pink Floyd, a Spinetta, a García. Se dejó marcar por ellos sin complejos, los digirió, los transformó y terminó produciendo algo que nadie más podría haber firmado. Pero insiste en que eso no es mérito sino consecuencia: "Uno nunca termina de ser uno porque uno también está habitado por muchas voces internas y por todas las influencias que ha recibido a través de la vida."
Su última Novela
Pocas historias en la música en español tienen la rareza temporal de Novela. Páez empezó a imaginar ese proyecto a finales de los años ochenta: un guion, algunas canciones, una historia con circo, brujas buenas, una villana estirada y dos jóvenes en busca del amor. La idea quedó guardada durante casi cuatro décadas, regando de vez en cuando, sin urgencia. Hasta que en 2024 firmó contrato con Sony Music España, pidió todo lo que necesitaba —un estudio, un técnico, un asistente—, y en un mes y medio terminó de armar el rompecabezas: rescató ocho canciones originales, compuso diecisiete nuevas, grabó en Madrid y una semana en los estudios Abbey Road de Londres.
"La grabación en Abbey Road fue muy salvaje: veinticinco canciones en cinco días, dieciséis de ellas orquestadas, y grabando siempre en vivo", contó en otra entrevista. La canción que cierra y titula el tour, "Sale el sol", la grabó con el mismo piano que The Beatles usaron para "Martha My Dear" y "Ob-La-Di, Ob-La-Da". "Terminó transformándose en una canción central en el álbum porque es el mensaje: 'Si algo aprendimos en el viaje es que nadie tiene razón / Todos esperamos que la vida nos regale ese beso que ilumine y nos abra el corazón'."
El resultado es un doble álbum de veinticinco canciones —su vigésimo noveno disco— que navega entre la psicodelia de Sgt. Pepper's, la grandiosidad narrativa de Quadrophenia de The Who, algo del primer Almodovar y el espíritu del cabaret berlinés, sin renunciar nunca al pop inmediato ni a la épica orquestal. La crítica lo recibió con elogios. Los Latin Grammy le dieron la razón: Novela ganó Mejor Álbum de Rock y "Sale el sol" se llevó Mejor Canción de Rock en la edición de 2025, sumando dos estatuillas más a su colección. El total asciende a trece Latin Grammys, además de un Grammy.
Circo Páez
Fito Páez no es solo músico. Se ha probado en el cine como director en Vidas privadas, 2001, ¿De quién es el portaligas?, 2007 y el mediometraje La balada de Donna Helena, de 1994. También actuó en varias películas: en Sur (1988) y El Viaje (1992), de Pino Solanas, en Ciudad de pobres corazones (1987), de Fernando Spiner, inspirada en su propio álbum homónimo, y, más recientemente, en No me rompan (2023), película que actualmente se puede ver en Netflix. Es escritor —publicó el libro de memorias Infancia y Juventud— y en 2025 su poemario El hombre del torso desnudo. También Diario de Viaje (2016) y las novelas Los días de Kirchner (2018) y La puta diabla (2013). Prepara también un ensayo titulado La música en tiempos de demencia masiva, donde despliega sus ideas sobre los cambios tecnológicos y culturales que transformaron el lenguaje musical. "Estoy en la marginalidad del mainstream. Hasta soy medio incómodo", reconoció con cierta satisfacción en Vanity Fair España.
Sobre la inteligencia artificial fijó una posición que mezcla pragmatismo y convicción: "Lo insólito de la música nunca va a poder ser abordado por la IA. Aunque sea algorítmicamente, nunca va a tener el desplante, el error, la caída, la desafinación. Eso, aunque lo programes, nunca va a ser humano." Y sobre la reducción del lenguaje musical a puro ritmo —en clara referencia al reggaetón y géneros afines—, va más lejos: "Hay muchos elementos que están confluyendo para eliminar casi por completo la melodía y la armonía del lenguaje musical, que son dos de las tres patas centrales: armonía, melodía y ritmo."
Su relación con el silencio también dice mucho. Trabaja en soledad, con música de fondo baja que funciona como "una máquina que está dando vueltas sola afuera de tu obsesión". Camina mucho. Observa. Le gusta mirar cómo cambia la luz en una pared durante una tarde. "He vivido en el ocio", dice, y lo dice con la satisfacción de quien sabe que esa lentitud era parte del método, no su negación.
Padre, hincha y ciudadano
En los últimos diez años, algo se aceleró en Páez de un modo que él mismo describe con asombro. Después de los 50 empezó a producir sin parar: discos, giras, libros, proyectos cinematográficos. Pero hay algo que no negocia, que pone por delante de cualquier gira o estudio: la crianza de sus hijos Martín y Margarita. "Lo demás me encanta, la música, escribir, el cine me apasiona, soy obsesivo, hinchapelotas, pero me importa más la salud de mis hijos."
Es hincha de Rosario Central —no de cuna, sino por elección propia, en uno de esos actos de pequeña rebeldía que construyen la identidad—, y en su libro cuenta con humor cómo el insulto perfecto de un hincha en el estadio lo convenció de que ese era su equipo.
El sol sale en Mendoza
El "Sale el Sol Tour 2026" ya agotó dos fechas en el Movistar Arena de Buenos Aires antes de anunciar una tercera. También pasó por Neuquén. El 17 de abril llega a Mendoza, al Arena Maipú Stadium —en Maza y Emilio Civit—, a las 22 horas. Será la primera visita de Páez a la provincia en tres años y promete un show de alto impacto visual y emocional: sus grandes himnos resignificados con arreglos nuevos, canciones de álbumes que casi nunca suenan en vivo —de Rey Sol, de Giros, de La conquista del espacio— y los temas de Novela, esa obra que tardó casi cuatro décadas en nacer y que llegó con toda la urgencia de lo que ya no puede esperar más.
"Cuando Paul (McCartney) hace una gira, tocaba un tema del nuevo disco", dice Páez con su humor de siempre. "Yo hago cuatro." Y toca también lo que él llama "pócimas": las canciones que se cantan todas juntas, las que encienden el fuego tribal, las que hacen que la gente entre de una manera y salga de otra.