30 de agosto de 2025 - 00:57

Fito Páez en plan poeta: un fuerte vendaval

Con El hombre del torso desnudo, el autor de numerosos himnos del rock argentino se prueba en el terreno de la poesía, un escenario con sus propias reglas y donde su adn creador también aquí amerita atención.

Independientemente de cuál sea el canal que elija Fito Páez para expresarse, sea este la música, el cine o la escritura, su impronta es tan fuerte que el género elegido pasa a un segundo plano. Lo que sí campea en todos sus abordajes es la misma mirada poética y filosófica en plan pop. Por eso al poner la lupa sobre su reciente y primer libro de poemas, El hombre del torso desnudo, es imposible dejar de lado todo lo que trae consigo tamaña firma.

No se pueden "recortar" estas páginas del efecto Páez. Está tan omnipresente no sólo por su reconocible forma de escribir sino por su natural tendencia a lo autobiográfico; siempre su historia personal resuena en cada imagen, en cada referencia a su más que conocida vida pública y privada.

En esta oportunidad la curiosidad estaba puesta en ver hasta qué punto podía diferenciar al poema de la canción, sostener la palabra con otra arquitectura. Antecedentes como Guitarra negra (Luis Alberto Spinetta), Pruebas de fuego (Pedro Aznar), La estrella primera (Palo Pandolfo) u Oferta de sombras (Adrián Dargelos), son casos similares en que los autores son sometidos a la lógica comparación con sus muy buenas letras de canciones. Y sí, en esa antojadiza balanza, los poemas (su versión más personal y oculta) suelen perder frente a los versos musicalizados.

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Fito le reconoce a su amigo poeta Martín Rodríguez (gran responsable de esta publicación en su rol de lector influyente, editor ad hoc y autor del posfacio) haberlo "alumbrado" al hacerle entender que "la poesía es un misterio". Pero además de ser un misterio, el creador de clásicos del rock argentino no repara en otra clave de este género: la síntesis. En El hombre del torso desnudo, el vendaval Páez es todo lo contrario a la síntesis. Sin el reparo contenedor del formato canción, sus "poemas río" se llevan varias páginas. Fito arranca el poema y la sensación a la mitad es ya no saber de qué va la cosa, de haber perdido el hilo e igualmente seguir el viaje hasta el punto final. No obstante, frases sueltas con su sello quedan resonando: “Así fue que esta familia / Al fin se borró del mapa / Por los menos de las napas / De mi conciencia cansada..."; “Nadie nació con la capacidad de escuchar otra voz / Que no sea la propia”; “La lucidez es un arma que se dispara por la culata”; “Cada arruga al lado de los ojos es una batalla ganada”; “El amor es la exacta dimensión donde quiero vivir”; "No me gustan los intelectuales dando cátedra / Alertando los peligros de la derecha en motosierra".

Casi adoptando el innecesario síndrome del impostor, Páez se ataja: “Hay que desmitificar un poco la figura de lo poético; lo poético es también una madre dando la teta a su hijo. O un amanecer, como Juan L. Ortiz lo plasma En el aura del sauce”.

Fito confiesa que fueron "años rumiando y escribiendo" y que desechó más de la mitad de los poemas para darle forma a este libro dividido en tres partes. En total son 32 poemas que vuelven una y otra vez a sus obsesiones: las pérdidas familiares, la infancia como marca indeleble, las mujeres de su vida, el dolor físico y el de las ausencias, la sociedad con disonancias políticas y sociales, los hijos y el amor en todas sus formas, la literatura con sus fantasmas y sus presencias, la cultura como defensa y ataque. En cierta forma, todo el imaginario Páez está presente en El hombre del torso desnudo. Si bien no hay significativas sorpresas, aquí el interés está puesto en leerlo en lugar de escuchar al creador de gemas poéticas como Tumbas de la gloria, Pétalo de sal o Abre, entre tantísimas canciones ya inscriptas en el cancionero popular argentino. "Soy un artista construyendo su poética universal", escribe por ahí y quién podría desmentirlo a esta altura de su notable trayectoria.

Fito Páez tapa libro
La tapa del libro de poemas El hombre del torso desnudo, de Fito Páez (Emecé).

La tapa del libro de poemas El hombre del torso desnudo, de Fito Páez (Emecé).

En síntesis

El hombre del torso desnudo.

Autor: Fito Páez. Género: Poesía. Editorial: Emecé.

Páginas: 144.

Tres poemas del libro de Fito Páez

Música en libertad

A la memoria de J. L. Ortiz

Sombras chinas de agua en Paraná

Inquietante espíritu de paz

Pura luz de la felicidad

Música en libertad

Melodía azul en soledad

Preguntando todo sin tener

La necesidad de comprender

El humo del opio en el jardín

Que amplifica el sueño de vivir

Si al fin lo mismo da

En el néctar de los pétalos te resistes a morir

De tu boca caen gotas de rubí

Entre ríos, entre sábanas, te tirabas a dormir

Y hoy volvió un extraño viento...

Cuando el sol se mueve solo en la pared

Y transmuta todo sin querer

Cuando el mundo se detiene y rompemos a llorar

Cuando la palabra es un volcán

Lava de todo mal

En el pico de mis pájaros te resistes a morir

De tu boca brotan diablos de jazmín

Entre ríos, entre sábanas, te tirabas a reír

Y hoy volvió un extraño viento

Algo que jamás entiendo

Algo que nos hace ser feliz

Los duelistas

Para él era una forma de vida

Llevaba agua para su redil sin medir consecuencias

Tenía que ganar, viajaba solo

«Solo quiero la parte más grande del pastel», pensaba

Ser así fue su fortaleza

Para mí también era una forma de vida

Ofrecía mi corazón sin medir consecuencias

Nadie ganaba, viajaba acompañado

«Solo quiero vivir el universo, sentir el amor», pensaba

Ser así fue mi fortaleza

Llegó la mañana del duelo

No había padrinos ni testigos

La bruma

La montaña

El amanecer

Él empuñó el arma, levantó su brazo y disparó

Sonreí

El plomo atravesó mi pecho

Un hilo de sangre

Seguí de pie

El mismo proyectil

Se hundió en el medio de la frente del duelista

Aquel hombre desconocido me devolvió una sonrisa

Un rulo le tapó los anteojos manchados de sangre

Igual que dos gotas de agua del mismo rocío

Entre la bruma montañosa del amanecer

Caímos muertos en el campo de honor.

Fito Páez con libro1
Fito Páez en la presentación de su libro de poemas El hombre del torso desnudo.

Fito Páez en la presentación de su libro de poemas El hombre del torso desnudo.

Carta argentina

No me gusta la barbarie política dislocada

Para eso tenemos a los artistas

Para dislocar (¿los tenemos?)

Así proponer nuevas perspectivas de pensamiento

Que forjen sentimientos comunitarios

Que unan

Que arrimen sentido de pertenencia y disparate

Macro- y microcosmos

¿Qué significa el progresismo evangelizador argentino

Asustado, queriendo reparar lo irreparable

A último momento con tandas publicitarias?

No me gustan los especuladores

El empresariado en su orgía de codicia

Ante la posibilidad de llevárselo todo nuevamente

No me gustan las mafias empresariales ni sindicales

No me gusta su complicidad en bambalinas

Nunca cediendo nada en una mesa de negociación

Los hace sentirse débiles, impotentes

Lo son

¿Por qué la vida política argentina

No generó una brutal autocrítica

Y no creó una descendencia erudita y canchera?

No me gustan los intelectuales dando cátedra

Alertando los peligros de la derecha en motosierra

Un minuto antes de que termine el partido

No me gusta el fascismo

Crío hijos, pago mis impuestos

Soy un artista construyendo una poética universal

Desde la República Argentina

Confío en una parte de la tribu inteligente

Sensible a la solidaridad y al amor

No existe el voto calificado

El voto es el voto

La renovación cada cuatro años

Basta de seguir engañándose

La democracia es un bien muy preciado

Conseguido después de mucho dolor, que se pelea día a día

En cada canción, cante quien cante

¿Que las democracias también se disfrazan de dictaduras?

¡Por supuesto!

Nadie se chupa el dedo en este cambalache

Harto de los salvadores de la patria

De mesianismos huecos

De corsarios disfrazados de economistas

Nosotros, las personas de a pie

Estamos obligadas a construir un espacio noble

Poniendo en su lugar a los obsesionados

Por la acumulación de riquezas

Víctimas de sus traumas personales

¿Qué culpa tenemos si tu papá y tu mamá no te quisieron?

Meterle palo duro a todo el mundo

Que no piensa como vos te transforma en un monstruo

Si lo único que te interesa es el dinero

Hay algo que anda mal en tu vida

Tenemos más intereses

No somos todos cooptables ni idiotas

El piano tiene muchas notas

Ustedes tocan solo una, el dinero

Necesitamos políticos, empresarios y sindicalistas honestos

Con sensibilidad social

Atentos a los ruidos del hambre

De la economía, de la flora y de la fauna

Que anhelen el bien común con sana obsesión

Dispuestos a negociar, no a tener razón

La libertad, la de verdad, es silenciosa

No hace espamento

Se llama Ortiz de Borges García Lamborghini

Favio Urdapilleta Walsh Spinetta Forero Fogwill

Rodríguez González Lugones Sosa

Ayala Mora López Berkins

Todo tiene muchos apellidos en nuestras tierras

Los otros conceptos de libertad son recienvenidos

No se puede refundar todos los días una nación

Menos el concepto de libertad

Sueño vano de delirantes trasnochados

¡Basta de borracheras de poder!

¡Iluminémonos!

Será solo desatormentándonos

Sin líderes brutos ni logias endemoniadas

Que logremos, tal vez, una vida más plena y digna

La acción debe ser inteligente

Crear nuevas estructuras

Con estas que conocemos vamos a vivir detenidos

En un limbo conservador, aburrido

Tristemente tolerante

Polémicamente inclusivo y asesino

No puede ser que la Argentina sea la máquina más perfecta

De producir pobres en el mundo

Vi pasar a muchos

Con botas, Ferraris, Rivotril y mocasines

Aquí de pie, a mis sesenta y dos

El amor por delante

La curiosidad de un futuro mejor a su lado

Nunca me gustó que me den consejos

No voy a darlos ahora ni nunca

Cualquier duda, escuchen los discos

Vean las películas y lean los libros, son un montón

Ahorren tiempo, trolls:

«Yo ya no pertenezco a ningún ismo»

Abre, 1999

Muchos de ustedes ni siquiera habían nacido

Háganme caso

Búsquense un trabajo honesto

Entren al juego de la oferta y la demanda

A la necedad general, esta última línea:

No se consideren enemigos

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