Con cerca de un millón de asistentes, el velatorio del Carlos Alberto "Indio" Solari ratificó la larga tradición de Argentina en cuanto a despedidas multitudinarias de grandes figuras de la sociedad.
Grandes figuras de la política y la cultura convocaron a millones de personas en distintas épocas. Un repaso en cifras, fotos y datos de interés.
Con cerca de un millón de asistentes, el velatorio del Carlos Alberto "Indio" Solari ratificó la larga tradición de Argentina en cuanto a despedidas multitudinarias de grandes figuras de la sociedad.
Se trata de momentos en los que la muerte de una persona popular trasciende lo individual y se transforma en un fenómeno social capaz de movilizar a millones.
La muerte del fundador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota fue comunicada el viernes 5 de junio. Tenía 77 años cuando fue hallado sin vida en la pileta de su vivienda de Parque Leloir, en Ituzaingó, y la autopsia determinó que la causa del fallecimiento fue un accidente cerebrovascular.
Desde entonces comenzó un fenómeno difícil de explicar únicamente desde la música. Cientos de miles de personas emprendieron viaje desde distintos puntos del país para participar de una despedida que rápidamente desbordó cualquier previsión.
El velatorio, realizado en el Polideportivo Gatica de Avellaneda, abrió sus puertas una hora antes de lo previsto debido a la llegada constante de fanáticos.
Las filas llegaron a extenderse por más de 70 cuadras y alcanzaron los límites con la Ciudad de Buenos Aires.
Familias enteras, grupos de amigos, motociclistas, trabajadores, jubilados y jóvenes que nunca llegaron a verlo en vivo compartieron una misma espera y la última "misa ricotera".
El fenómeno visto con el Indio Solari recordó a otros grandes duelos populares argentinos, donde la figura homenajeada funcionó como un símbolo capaz de unir generaciones y sectores sociales muy diversos.
La magnitud de la convocatoria ubica al funeral de Solari entre los más importantes de la historia argentina.
El antecedente más impactante continúa siendo el de María Eva Duarte de Perón.
Tras su muerte en 1952, se estima que más de dos millones de personas participaron de un velatorio que se extendió durante dos semanas y que marcó para siempre la relación entre política, emoción popular y ritual colectivo: los restos pasaron por el Ministerio de Trabajo y Previsión, el Congreso de la Nación y, finalmente, la sede de la CGT.
También permanece en la memoria nacional la despedida de Juan Domingo Perón en 1974. En medio de un clima político extremadamente tenso, cerca de un millón de personas acudieron al Congreso y otro millón acompañó el cortejo fúnebre hacia la Quinta de Olivos.
Aunque las restricciones sanitarias y el cierre anticipado del velatorio impidieron una convocatoria aún mayor, cientos de miles de personas se acercaron a la Casa Rosada para despedir al ídolo futbolístico. Recordada es la postal del entonces presidente Alberto Fernández con un megáfono en la mano, intentando ordenar a los fanáticos.
Antes, en 2010, el fallecimiento de Néstor Kirchner también movilizó a Casa Rosada a más de medio millón de personas, especialmente jóvenes militantes que encontraron en su figura una referencia política y generacional.
Uno de los primeros casos de la historia, aunque por debajo de las convocatorias ya mencionadas, fue el de Jorge Newbery, considerado pionero de la aviación nacional y una de las figuras más admiradas de comienzos del siglo XX.
Tras su muerte en marzo de 1914, el país quedó conmocionado. Su funeral se extendió durante tres días y convocó a más de 200.000 personas, una cifra extraordinaria para la época. Más de un siglo después, sus restos continúan descansando en un imponente mausoleo de granito negro y bronce, coronado por cóndores, en el Cementerio de la Chacarita.
Entre las figuras de la cultura popular, pocas despedidas alcanzaron la dimensión de Carlos Gardel. Tras el accidente aéreo que le costó la vida en Medellín en 1935, sus restos fueron trasladados a Buenos Aires meses más tarde.
El velatorio realizado en el Luna Park reunió a unas 40.000 personas dentro del estadio, mientras que más de 100.000 acompañaron a pie el cortejo fúnebre hasta el Cementerio de la Chacarita.
Cuando murió Sandro, cerca de 50.000 personas desfilaron en los primeros días de enero de 2010 por la capilla ardiente instalada en el Congreso, luego del traslado desde Mendoza, donde había sido trasplantado. A ellas se sumaron miles de seguidores apostados a lo largo del recorrido hacia el cementerio de Longchamps para darle el último adiós al "Gitano".
La música volvió a generar una conmoción similar con la muerte de Mercedes Sosa en 2009. El Congreso de la Nación recibió a unas 25.000 personas que pasaron frente al féretro para dejar flores, cantar sus canciones y agradecerle a una de las voces más influyentes de América Latina.
En 2014, la despedida de Gustavo Cerati reunió a cerca de 30.000 personas en la Legislatura porteña. Durante toda la noche y el día siguiente, una fila constante de admiradores avanzó bajo la lluvia para rendir homenaje al exlíder de Soda Stereo.
Luego, una extensa caravana acompañó sus restos hasta la Chacarita.