26 de julio de 2026 - 11:35

Argos, el perro de Odiseo que reconoció a su amo tras 20 años: la historia que inspiró a Christopher Nolan

En la antigua Grecia, "perro" era un insulto degradante para hombres y mujeres, un dato que contrasta con la devoción extrema de Argos hacia su amo Odiseo.

Christopher Nolan traslada el mundo de la Odisea al cine con Matt Damon como protagonista. En medio de los monstruos y las divinidades, la figura de Argos destaca por su realismo crudo. El perro, infestado de parásitos y abandonado en un estercolero, reconoce a su amo tras veinte años de ausencia antes de morir.

La narrativa de la Odisea sobre Argos utiliza un equilibrio entre la ironía y la emotividad. A diferencia de los propios perros guardianes de Odiseo en la granja de Eumeo, que intentan atacarlo al no reconocerlo inicialmente, Argos permanece fiel. Esta lealtad funciona como una validación psicológica para el héroe en un momento donde su sociedad se ha desintegrado.

¿Cómo veían los griegos antiguos a los perros y otros animales?

La cultura griega antigua muestra una relación dual con los animales. La base de datos del Archivo Beazley en Oxford recoge más de 1400 ejemplos de perros representados en pinturas de jarrones entre los años 700 y 200 a. C. Estas imágenes abarcan desde perros de trabajo hasta ejemplares falderos que se ubicaban debajo de los divanes durante los banquetes de los hombres.

En el arte funerario, los animales aparecen como símbolos de estatus o de afecto estrecho. El relieve de una niña llamada Euchalia muestra a un perro pequeño, probablemente de raza melitiana, rascando sus rodillas. Incluso en la Ilíada, Homero dota a los animales de emociones; los caballos de Aquiles lloran la muerte de Patroclo y los de Héctor recibían puré dulce de manos de la esposa del guerrero antes que su propio marido.

La ternura del Cíclope y los gansos de Penélope

La épica no limita los vínculos afectivos únicamente a los canes. Penélope describe a sus gansos como seres que le alegran el corazón y llora por ellos en sus sueños cuando un águila los mata. Incluso Polifemo, el Cíclope devorador de hombres, muestra un momento de ternura al dirigirse a su carnero favorito como "Pepón", un término de cariño reservado para familiares cercanos.

La historia de Argos concluye con una sensación de satisfacción frustrada. Odiseo se conmueve por el reconocimiento del animal, pero no se atreve a acariciarlo por temor a revelar su identidad ante los pretendientes de Penélope. El perro muere tras ver a su amo por última vez. Este vínculo demuestra la capacidad de Homero para fundamentar el mundo heroico en la experiencia común de humanos y criaturas.

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