Para que esto suceda harán falta inversiones por más de 1,6 billones de dólares. Esto mientras en el mundo surge un nuevo competidor en cuanto a tecnologías que requieren fuertes aportes de capital: la IA y los centros de datos. Esto configura un mapa totalmente nuevo a nivel global.
William Husband, responsable global de Metales y Minería de Citi, analizó la oportunidad para Sudamérica y Argentina vinculada a los minerales críticos
La importancia del capital para aprovechar la oportunidad
El principal límite para aprovechar esta oportunidad puede no ser la geología, sino el capital. Algunas estimaciones, indicó Husband, mencionan que serían necesarios alrededor de US$ 1.65 billones en inversiones durante los próximos nueve años para satisfacer la demanda esperada de minerales críticos. De ese total, unos US$ 780.000 millones corresponderían al cobre y otros US$ 340.000 millones al litio.
La cifra adquiere relevancia porque la minería compite actualmente por capital con otras grandes transformaciones, especialmente la expansión de la inteligencia artificial y los centros de datos. La nueva economía digital, lejos de reducir la demanda de minerales, la incrementa. Un centro de datos necesita cobre para sus conexiones eléctricas, aluminio y acero para sus estructuras, y minerales específicos para semiconductores y sistemas de almacenamiento energético.
Por eso, la competencia por los recursos será también una competencia por financiar nuevos proyectos. En este escenario, Sudamérica tiene una ventaja difícil de replicar: posee parte de los recursos que el mundo necesitará y, en varios casos, puede producirlos a costos competitivos.
Argentina, particularmente, tiene la posibilidad de convertirse en uno de los principales beneficiarios de esa transformación si logra desarrollar proyectos productivos a partir de sus recursos de cobre y litio. Y conseguir que la inversión, la infraestructura y el financiamiento necesarios permitan convertir esa riqueza geológica en una posición estratégica dentro de las nuevas cadenas globales de suministro.
Sudamérica concentra buena parte del cobre y el litio
El cobre ocupa un lugar central en esta transformación. Es indispensable para las redes eléctricas, las energías renovables, los vehículos eléctricos, la infraestructura digital y la construcción de los centros de datos que sostienen la expansión de la inteligencia artificial.
Según los datos presentados, alrededor del 40% del cobre producido a nivel mundial proviene de América Latina. Chile y Perú son los principales protagonistas regionales y, junto con la República Democrática del Congo, concentran cerca de la mitad de la producción global.
La relevancia del recurso no se explica únicamente por su utilización actual. La demanda proyectada para las próximas décadas plantea un desafío considerable para la industria minera, ya que abrir nuevos yacimientos requiere largos períodos de exploración, construcción y puesta en producción.
Husband planteó que el volumen de cobre que el mundo podría necesitar durante los próximos 25 años se aproxima al total producido durante los últimos 125 años. Aunque la cifra depende de la evolución de tecnologías, electrificación y consumo, refleja la magnitud del desafío que enfrenta la oferta.
El precio también muestra parte de esta tensión. El cobre tiene un valor actual que ronda los US$ 14.000 por tonelada, lo que lo ubica en niveles históricamente elevados. La relación con el aluminio comienza, además, a adquirir importancia: cuando el precio del cobre alcanza es cuatro veces el del aluminio (hoy, US$ 3.500), este último puede empezar a funcionar como un sustituto por costo, pese a sus menores propiedades de conductividad.
El otro gran protagonista regional es el litio. Australia, Chile y China lideran actualmente la producción mundial, mientras Argentina ocupa una posición creciente gracias al desarrollo de proyectos de salares en el noroeste.
La diferencia con el cobre es que, según la visión de Husband, el problema del litio no es tanto la disponibilidad del recurso como la capacidad de procesarlo. El mineral es relativamente abundante en la corteza terrestre, pero hacen falta inversiones para transformar los recursos en productos aptos para las cadenas industriales. América Latina tiene la capacidad de procesarlo a bajo costo.
El desafío está también en quién procesa los minerales
La producción minera es apenas una parte de la ecuación. Uno de los principales riesgos estratégicos para los países consumidores es la enorme concentración geográfica de las etapas de procesamiento. China ocupa una posición dominante en varias de las cadenas consideradas críticas. En el caso de las tierras raras alrededor del 90% de su procesamiento mundial se concentra en ese país.
La situación quedó expuesta con fuerza en 2025, cuando China restringió las exportaciones de siete elementos de tierras raras de alto valor estratégico (por los aranceles aplicados por Donald Trump). Las medidas tuvieron impacto sobre sectores estadounidenses vinculados con la industria militar, los drones, los radares, los vehículos eléctricos y otras tecnologías.
Las tierras raras son especialmente relevantes para los motores eléctricos y determinados componentes tecnológicos. Aunque su nombre pueda sugerir que son elementos escasos, en realidad el problema está en encontrar concentraciones suficientemente altas para que su explotación sea económicamente viable.
El dominio chino no se limita a las tierras raras. También existe una fuerte concentración en minerales y componentes vinculados con semiconductores, como el galio y el germanio. Esto está generando una nueva discusión en las principales economías del mundo: ya no alcanza con garantizar el acceso a los recursos. También es necesario desarrollar cadenas de procesamiento alternativas y reducir la dependencia de un reducido número de proveedores.
Argentina, ante una oportunidad inédita
En ese mapa global, Argentina aparece como uno de los países con mayor potencial para capturar parte de la nueva inversión minera. El país cuenta con recursos de litio de clase mundial y un potencial de cobre que todavía se encuentra en gran medida sin desarrollar.
A esto se suma la presencia de oro, plata y otros minerales que forman parte de las nuevas estrategias de abastecimiento. Durante la presentación, Husband señaló que Argentina atraviesa uno de los momentos de mayor actividad inversora minera de su historia y que también se encuentra entre los mercados que despiertan mayor interés internacional.
La explicación está, en primer lugar, en la geología. El país cuenta con condiciones especialmente favorables para proyectos de cobre, litio y oro, y forma parte del cinturón andino, una de las principales regiones mineras del planeta.
Pero el atractivo argentino también está relacionado con los cambios en las condiciones para la inversión. Según el ejecutivo, buena parte de las dificultades vinculadas con el régimen fiscal y la previsibilidad para poder girar divisas al exterior y recuperar el capital invertido fueron modificadas o mejoradas, lo que contribuyó a incrementar el interés de las grandes compañías.
El resultado es una mayor presencia de empresas mineras internacionales y locales, junto con una cartera creciente de proyectos que busca avanzar hacia etapas de construcción y producción. El financiamiento del proyecto Rincón, de Rio Tinto, fue presentado como un ejemplo de esta nueva dinámica.
La operación superó los U$D 1.000 millones y contó con la participación de diferentes fuentes de capital, entre ellas organismos de crédito a la exportación de Australia, una agencia japonesa, la Corporación Financiera Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo.
Esta, consideró, es una tendencia que podría repetirse en los grandes proyectos argentinos: la combinación de capital privado, bancos, organismos multilaterales y agencias estatales para reducir los riesgos y favorecer inversiones de gran escala.
El cobre argentino, en el centro de la próxima ola
Más allá del litio, el cobre en Argentina tiene el potencial de transformar el perfil exportador del país y, al mismo tiempo, aportar una fuente de abastecimiento adicional a un mercado mundial que enfrenta crecientes dificultades para aumentar la oferta.
Durante la exposición se mencionó que existen numerosos grandes proyectos de cobre argentinos que actualmente se encuentran en distintas etapas de búsqueda de financiamiento. Entre las alternativas aparecen inversiones estratégicas de otras compañías, financiamiento de proyectos y créditos de organismos de exportación.
Para Argentina, el desafío es pasar de la enorme potencialidad geológica a la producción efectiva. Los proyectos de cobre requieren inversiones de miles de millones de dólares, infraestructura, energía, logística y estabilidad de largo plazo.