3 de septiembre de 2026 - 13:20

En 1948, Argentina trajo 225 ratas almizcleras de Canadá para aprovechar su piel en Tierra del Fuego; 6 años después ya habían sido declaradas una plaga

El Ministerio de Marina buscaba crear un recurso peletero en una región. Se liberaron 75 machos y 150 hembras en distintos puntos de la isla.

En 1948, el Estado argentino introdujo 225 ratas almizcleras en Tierra del Fuego con un objetivo económico concreto: aprovechar su piel y sumar una nueva especie de interés peletero. Los animales llegaron desde Canadá por decisión del Ministerio de Marina y fueron liberados en distintos sectores de la isla, en una época en la que las consecuencias ecológicas de introducir fauna exótica recibían mucha menos atención que en la actualidad.

La operación incluyó 75 machos y 150 hembras. Los registros reconstruidos por investigadores argentinos señalan sueltas en lugares como lago Yehuin, río Olivia, bahía Brown, bahía Aguirre y bahía Thetis, entre otros puntos.

La idea era que la especie se estableciera, se reprodujera y luego pudiera sostener una actividad económica vinculada con el trampeo y la venta de pieles.

Una introducción planificada para crear un recurso peletero

La población creció y los animales comenzaron a generar daños significativos en la isla.

La población creció y los animales comenzaron a generar daños significativos en la isla.

La rata almizclera, Ondatra zibethicus, es un roedor semiacuático originario de América del Norte. Vive asociado a ríos, lagunas, canales y otros ambientes con agua, donde construye cuevas y madrigueras en las orillas. Su piel había sido explotada comercialmente en otras regiones y eso ayudó a convertirla en candidata para los planes de introducción de fauna en el extremo sur argentino.

La decisión formó parte de una política más amplia que también incluyó al castor canadiense. En ambos casos, la apuesta era transformar especies norteamericanas en una fuente de recursos para Tierra del Fuego. Lo que no se anticipó fue la velocidad con la que estos animales podían adaptarse a un ambiente sin los mismos límites ecológicos que enfrentaban en su área de origen.

En solo seis años comenzaron los problemas

La población de ratas almizcleras creció rápidamente después de las liberaciones. Para 1954, los daños ya generaban preocupación entre pobladores de la isla. Los animales entraban en depósitos de forraje y alimentos y, además, excavaban las orillas de ríos y canales, abriendo galerías que debilitaban el terreno y podían afectar estructuras o zonas de paso.

Ese mismo año, el Ministerio de Agricultura y Ganadería las incluyó entre los mamíferos considerados dañinos o perjudiciales. La Resolución 1227, de septiembre de 1954, liberó su caza durante todo el año. El cambio fue llamativo: una especie introducida deliberadamente para generar valor económico había pasado, apenas seis años después, a ser tratada oficialmente como un problema.

La expansión no se detuvo con la declaración de plaga

La medida no logró revertir la colonización. Con el tiempo, la rata almizclera ocupó gran parte de la Isla Grande de Tierra del Fuego y alcanzó otros sectores del archipiélago. Su capacidad para vivir en ambientes acuáticos diversos, sumada a la disponibilidad de alimento y a la ausencia de varios de sus controles naturales, favoreció esa expansión.

Hoy está reconocida en la Argentina como una especie exótica invasora. Su historia forma parte de una serie de introducciones de fauna que modificaron ecosistemas fueguinos y que después obligaron a diseñar estrategias de manejo. El caso muestra cómo una decisión pensada para impulsar una actividad productiva puede generar consecuencias ambientales que permanecen durante décadas.

El contraste sigue siendo el dato más fuerte de aquella experiencia: 225 animales fueron llevados a Tierra del Fuego para que se multiplicaran y pudieran ser aprovechados comercialmente, pero la reproducción fue tan rápida que en 1954 el propio Estado ya había tenido que declarar perjudicial a la especie que había decidido introducir.

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