La industria vitivinícola argentina se encuentra en una encrucijada. Con un panorama internacional marcado por el sobrestock de vino y la caída del consumo, el sector enfrenta desafíos significativos. Sin embargo, su rol como generador de empleo intensivo en provincias como Mendoza, San Juan y Salta, y en las emergentes como Río Negro, sigue siendo fundamental.
La vitivinicultura se caracteriza por una fuerte demanda de mano de obra estacional. Si bien los perfiles más buscados son operarios de finca y bodega, las empresas encuentran serias dificultades para cubrir puestos altamente especializados como los de poda, desbrote y técnicos en mecánica o electromecánica.
Esta falta de personal calificado se suma a la informalidad laboral, un problema persistente que afecta la calidad del empleo en el sector.
Para abordar esta problemática, iniciativas como la Escuela Adecco buscan capacitar a los trabajadores y atraer a las nuevas generaciones, que aún se muestran reticentes a ingresar en la industria.
Poda, viña, viñedos El señor Atilio, trabaja realizando la poda de sus viñedos en la finca ubicada en el departamento de San Martin- Foto: José Gutierrez / Los Andes (Imagen ilustrativa) trabajo rural, poda de vid
La industria vitivinícola es generadora de empleo, pero enfrenta obstáculos como la demanda de perfiles especializados, la estacionalidad y la informalidad.
Brechas y oportunidades de crecimiento
El sector vitivinícola arrastra dos brechas estructurales: la educativa, por la baja formación de gran parte de la fuerza laboral, y la salarial, ya que los salarios se encuentran entre los más bajos del rubro rural. Estos factores, a pesar de los beneficios no monetarios que ofrecen algunas bodegas (como vivienda o movilidad), dificultan la retención de talento.
En términos de inclusión, la industria ha avanzado en la incorporación de mujeres, que ganan terreno en diversas áreas de las bodegas. Sin embargo, la participación de los jóvenes sigue siendo baja y la percepción del sector como empleador aún arrastra estigmas.
A pesar de la paulatina adopción de tecnología, el trabajo manual continúa siendo predominante. En un futuro, el crecimiento dependerá de la capacidad de la industria para posicionar al vino argentino a nivel mundial.
“La vitivinicultura combina tradición, identidad regional y gran capacidad de generación de empleo. El desafío está en profesionalizar el sector, reducir la informalidad y crear condiciones más atractivas para los trabajadores, garantizando así su proyección sostenida en el tiempo”, señaló Alfredo Nicolás Spampinato, gerente de la División Vitivinícola de Adecco.