13 de marzo de 2026 - 10:34

César Litvin: "El contribuyente elige dónde quiere invertir y la carga tributaria es decisiva"

El tributarista habló sobre la baja de impuestos y explicó los beneficios del régimen de inocencia fiscal para los contribuyentes y la actividad económica.

El tributarista César Litvin tiene cada año una cita ineludible con Mendoza: su pasión por los autos clásicos lo trae a participar del Rally de las Bodegas. Pero también aprovecha cada visita para hablar de impuestos. En esta entrevista con Los Andes revisa qué avances ha habido y cómo el régimen de inocencia fiscal cambia la relación entre contribuyente y fisco.

“La Argentina tiene un problema de competitividad. Uno de los factores que afecta esa competitividad tiene que ver básicamente con el sistema tributario que está vigente en nuestro país”, lanza apenas comienza la charla. Analiza que, en las últimas décadas fue aumentando la carga impositiva de impuestos nacionales, provinciales y municipales, hasta convertirse en un “infierno fiscal”.

César Litvin 2

Ingresos Brutos

Advierte, además, que ese sistema tributario tiene impuestos que son muy distorsivos, con ingresos brutos a la cabeza. “Es un impuesto que no se usa en el mundo. Fue derogado cuando se creó el IVA en la Argentina y dos años después lo volvieron a incluir”, señala.

Litvin señala que representa el 4% del PBI y que las provincias “se acostumbraron a tener ese ingreso, aun con lo tóxico que es”. Particularmente, por el sistema de percepciones y retenciones -el Sircreb-, que hace que cobren por adelantado.

De esta manera, el contribuyente tiene un crédito a favor, que, muchas veces, cuando lo reclama “le tiran unas normativas de laberintos burocráticos para desmotivarlo a que reclame un crédito que le pertenece”, en un momento en el que todavía hay inflación y el monto no se actualiza. “Eso es una situación perversa. Quita capital de trabajo”, manifestó.

César Litvin

Impuestos nacionales

Litvin, fundador del estudio Lisicki Litvin & Abelovich, plantea que el Gobierno nacional se fijó como meta ir bajando la carga fiscal, en tanto no afecte el equilibrio fiscal. “Y ha cumplido. Desde que asumió, y antes de la modernización laboral, ha bajado doce tributos”, resaltó, aunque reconoció que no ha sido tan significativo el efecto.

Detalló que, a nivel nacional, hay dos impuestos muy distorsivos. Uno de ellos es el impuesto a las exportaciones (retenciones), que tiene un gran impacto en la competitividad y, si bien se bajó levemente, aún afecta, porque los países competidores en el mercado externo no lo tienen.

El otro impuesto “fue creado transitoriamente por un año y que ya cumplió un cuarto de siglo”: el que se aplica a los débitos y créditos bancarios. “Es muy distorsivo porque no afecta a capacidades económicas, sino solo transacciones. El impuesto a las exportaciones representa más o menos el 1% del PBI. El impuesto a los débitos y créditos representa el 1,65%”, detalló Litvin.

—Desde el sector empresario plantean que la reforma laboral no bajó de modo significativo las cargas impositivas…

—Con la modernización laboral, siguió la tendencia del Gobierno de ir bajando más impuestos. El proyecto original preveía más baja impositiva, pero después hubo una tensión con los gobernadores, que no querían perder recaudación porque son impuestos que se coparticipan.

En el régimen de reforma laboral hay un capítulo impositivo y es relevante desde el punto de vista de tratar de mejorar un poco la actividad económica.

Pero la gran reforma tributaria, para mejorar la competitividad, va a depender de hacer un gran acuerdo nacional con las provincias y los municipios. Porque, básicamente, los impuestos más distorsivos representan más del 7% del PBI. Y nosotros estamos con un superávit que ronda el 1,5% del PBI.

O sea que, si eliminamos todos los impuestos distorsivos, lo que va a generar es que volvamos a un desequilibrio fiscal y a la necesidad de emitir. Entonces, hace falta un gran acuerdo con las provincias y también con los municipios -que muchos han creado impuestos que los disfrazan de tasas-, porque son factores importantes a la hora de ganar competitividad.

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El régimen de inocencia fiscal

“La ley de inocencia fiscal, que ya está vigente, va a cambiar mucho el paradigma de la relación fisco-contribuyente”, resalta Livtin. Explicó que incluye diversos aspectos, pero el más relevante es la creación de un régimen simplificado de impuestos a las ganancias, que es optativo.

Precisó que uno de los beneficios para el contribuyente es que la declaración jurada es muy simple -al estilo de la que se presenta en Estados Unidos-, y se detallan ingresos menos gastos deducibles, pero ya no hay que suministrar una serie de datos al ARCA, como movimientos patrimoniales y justificación de consumo.

El cambio de paradigma de la relación físico-contribuyente viene porque, hasta ahora, si ARCA determinaba una diferencia de impuesto, el contribuyente tenía que demostrar lo contrario. Bueno, ahora se invierte esa carga probatoria y, de alguna manera, es el fisco el que tiene que probar que lo que declaró el contribuyente no se adecúa a derecho.

—¿Esto no abre posibilidades de una mayor evasión?

—El régimen simplificado de ganancias obliga, para gozar de los beneficios, a pagar bien hacia adelante. Y si paga de menos, con una discrepancia de más del 15% de lo que el contribuyente declaró, se pierden los beneficios. Con lo cual, aquellos que quieran quedarse en el régimen simplificado, usar los dólares del colchón, no tener ninguna consecuencia fiscal por no haber sido declarados, tienen que comprometerse a pagar.

Dólares bajo el colchón

Esta presunción de inocencia fiscal “se enlaza con los dólares del colchón. Circulan distintos números de cuánto dinero hay en el colchón, pero yo diría que entre 150 mil millones y 250 mil millones. Y aquellos que optan por entrar en el régimen simplificado de ganancias pueden usar esos dólares que no estaban declarados sin ninguna consecuencia fiscal. Es algo parecido a un blanqueo, pero sin costo”.

Destacó que, si bien en la Argentina la gente se cubría comprando dólares, la inflación mundial hace que ese dinero se vaya deteriorando y cada vez se pueda comprar menos cosas con el mismo importe. “La idea del Gobierno es que la gente saque esos dólares y los vuelque a la actividad económica”, indicó.

—Si hay más actividad económica y recaudación, ¿se podría agilizar la baja de impuestos provinciales?

—El camino de la baja también hay que empezar a transitarlo, como hizo la Nación, con una reducción del gasto público. El superávit fiscal se obtiene o por menos gasto o por más ingresos. El Gobierno nacional ha bajado mucho el gasto público y por el otro lado ha bajado impuestos, y mantuvo el equilibrio fiscal.

La apuesta es a que el mayor ingreso venga por más actividad económica y no por aumento de impuesto. Eso es clave.

—Y la gente que tiene dólares en el colchón, ¿está pensando dónde invertirlos o tiene todavía tiene desconfianza?

—Hay mucha cautela, porque el blanqueo más exitoso en Argentina fue el del gobierno de Macri, donde se exteriorizaron 116.700 millones de dólares. Fue un récord mundial. ¿Qué pasa? Cambió el gobierno y aumentaron los impuestos patrimoniales y crearon un nuevo impuesto a la riqueza. Entonces, la gente se sintió estafada porque confió, pero cambió la política y aumentaron los impuestos.

Ese es el punto que juega para la cautela, que es la historia argentina. Hay gobiernos populistas que tienen como política cobrar muchos impuestos. Pero hoy en el mundo hay que ser competitivo porque el contribuyente elige dónde quiere invertir y uno de los factores de la decisión es la carga tributaria.

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