11 de marzo de 2026 - 12:53

Alimentación: una dieta sin TACC cuesta 12% más y una vegana hasta 55% más

Un informe detecta diferencias marcadas en el gasto mensual entre una canasta alimentaria tradicional y otras con opciones sin TACC, vegetarianas y veganas.

La alimentación es uno de los rubros más importantes dentro del presupuesto de los hogares. En un contexto de inflación persistente y cambios en los hábitos de consumo, elegir una dieta específica —por motivos médicos, éticos o de estilo de vida— también tiene un impacto directo en el bolsillo.

Un relevamiento difundido por el blog de educación financiera Hablemos de plata, de Naranja X, elaborado por la consultora Focus Market, comparó el costo mensual de una canasta básica alimentaria tradicional con tres esquemas alternativos: sin TACC, vegetariano y vegano. El estudio detectó que sostener estos modelos alimentarios puede implicar gastos entre un 12% y un 55% superiores.

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Cuánto cuesta cada tipo de alimentación

Según el informe, el valor mensual de una canasta omnívora tradicional asciende a $206.137,28 por persona, calculado en base a los requerimientos energéticos promedio de un adulto establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

CANASTA BÁSICA

En el caso de una dieta sin TACC —es decir, libre de trigo, avena, cebada y centeno— el gasto mensual alcanza los $231.479,27 por persona, lo que representa un incremento del 12%.

CANASTA SIN TACC

Para quienes siguen una alimentación vegetariana, que excluye carnes pero incluye derivados animales como huevos o lácteos, el costo estimado es de $234.129,09 por mes, un 14% por encima de la canasta tradicional.

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La mayor diferencia se registra en la dieta vegana, basada exclusivamente en alimentos de origen vegetal. En este caso, el gasto mensual asciende a $320.095,85 por persona, lo que implica un aumento del 55% respecto del esquema alimentario omnívoro.

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Dónde se concentran las mayores diferencias de precios

El relevamiento muestra que, en las dietas sin TACC y vegetarianas, la brecha de precios se concentra en algunas categorías específicas de productos.

En la canasta sin TACC, el mayor impacto se observa en los cereales sin gluten, que cuestan 42% más que sus equivalentes tradicionales. La diferencia es aún mayor en los snacks certificados, donde la brecha llega al 230%.

En el caso de la dieta vegetariana, las mayores variaciones se registran en los cereales sin grasa animal, con precios 30% más altos, y en las proteínas sin carne, con un incremento del 21%.

Para quienes siguen una dieta vegana, el aumento de costos se explica por varias categorías: cereales sin derivados animales (+75%), proteínas vegetales (+55%), lácteos de origen vegetal (+68%) y snacks específicos, donde la diferencia también alcanza el 230%.

Además, el estudio contempla el gasto en suplementación de vitamina B12, un nutriente que no se encuentra de forma biodisponible en alimentos exclusivamente vegetales. El costo estimado de esta suplementación ronda los $17.250 mensuales.

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Accesibilidad y disponibilidad, otro desafío

El informe también advierte que las dietas con requerimientos específicos suelen enfrentar mayores costos por factores estructurales del mercado.

“Las canastas con requerimientos específicos —como la sin TACC, vegetariana y vegana— presentan, en promedio, un precio superior respecto de la canasta básica alimentaria tradicional. Esta brecha responde principalmente a la menor escala de producción, mayores costos de industrialización y certificación, y a una oferta todavía limitada en algunos segmentos. El resultado es un sobrecosto que impacta directamente en el poder adquisitivo de los hogares que deben o eligen adoptar estos esquemas alimentarios, planteando un desafío en términos de accesibilidad y equidad”, señala Damián Di Pace, director de la Consultora Focus Market.

A esto se suma la disponibilidad de productos en las góndolas. “En muchos casos, estos productos no se encuentran en supermercados de cercanía y deben adquirirse en tiendas especializadas con escasos puntos de venta. Esto implica mayores traslados, menor competencia y, por lo tanto, precios más altos. En términos económicos, estamos frente a una doble barrera que supone tanto un sobrecosto monetario como un sobrecosto en términos de tiempo, lo que termina afectando especialmente a los hogares de ingresos medios y bajos que requieren o eligen este tipo de alimentación”, explica Di Pace.

Los resultados muestran que, aunque muchas elecciones alimentarias responden a motivos médicos, convicciones personales o cambios culturales, su impacto económico no es uniforme. En ese contexto, herramientas digitales que permiten organizar el presupuesto, monitorear consumos o aprovechar reintegros pueden contribuir a ordenar las finanzas domésticas y sostener hábitos de alimentación más saludables.

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