8 de abril de 2026 - 20:05

Cosechar en la incertidumbre: la preocupación en el Valle de Uco que obliga a repensar el modelo productivo

Uva sin precio, vino acumulado y costos en alza. Productores y bodegas enfrentan la urgencia del presente mientras buscan sostener la vitivinicultura en la región.

En Mendoza, el Valle de Uco se distingue por su geografía y clima, ideales para cultivar uvas de calidad que dan lugar a vinos con identidad propia y buen posicionamiento en el mercado. Sin embargo, esas fortalezas se ven tensionadas. Levantar la uva nunca fue tan urgente: los precios inciertos y la baja rentabilidad preocupan al sector.

Datos, análisis y experiencias muestran que, respecto de 2025, la situación no es la misma: la producción disminuyó, el consumo fluctúa y la industria enfrenta dificultades financieras. En el Valle de Uco, la crisis adquiere, además, matices propios.

Para reflejar este panorama, Los Andes habló con Mario Leiva, presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco; Diego Stortini, vicepresidente de la Federación Empresaria Mendocina; y Antonella Giuliani Pelegrina, enóloga y productora en Bodega Tupun, quienes aportan su mirada desde San Carlos, Tunuyán y Tupungato.

Las problemáticas del oasis centro de Mendoza

La crisis vitivinícola es un hecho, coinciden las voces del sector. Para Mario Leiva, dirigente del Valle de Uco, la situación es “sumamente crítica entre productores grandes y chicos”. “Estamos complicados porque se está entregando la uva, pero sin precio ni resultados, como siempre, sin saber cuándo la van a cobrar. Este año hay muy buena uva, eso hay que destacarlo. Hay muy buena calidad de fruta”, agrega.

Diego Stortini, empresario vitivinícola, coincide: “Hubo más cosecha, pero con precios reales mucho más bajos, al punto que los ingresos de los viñateros cayeron fuerte. Y, por otro lado, las bodegas vienen con ventas flojas, exportaciones bajas y un mercado interno con demanda débil”.

Antonella Giuliani Pelegrina
Desde la bodega y su experiencia directa, la enóloga Antonella Giuliani Pelegrina aporta otra perspectiva: la crisis no es solo local. “Es una situación mundial”, señala, en un contexto de menor consumo y cambios en los hábitos.

Desde la bodega y su experiencia directa, la enóloga Antonella Giuliani Pelegrina aporta otra perspectiva: la crisis no es solo local. “Es una situación mundial”, señala, en un contexto de menor consumo y cambios en los hábitos.

Antonella Giuliani Pelegrina, enóloga y tercera generación de una bodega de Tupungato, completa el panorama. “La industria está en una etapa difícil. No es solo en la Argentina, sino a nivel mundial”. Menciona que el arranque de cepas en California y Francia refleja un cambio más profundo, “hay una disminución del consumo y una mutación: se toma menos vino, pero de mejor calidad”.

Los costos elevados se suman a la presión sobre los productores. “Electricidad, insumos en dólares, impuestos…producimos con costos altos”. Para Giuliani, el eslabón más débil sigue siendo el productor, “es el que menos se lleva”.

Lo dice desde la experiencia. Creció en la bodega familiar Tupun y se involucró en la gestión. Aun así, no recuerda un escenario similar; incluso al hablarlo con su tío y su abuelo, encontró la misma lectura, "cada 10 o 15 años hay una crisis vitivinícola, pero no sé si tan agravada como la que se está viviendo hoy".

"Que la uva no quede en la planta", la consigna que hoy atraviesa a los productores

"Creo que hay responsables en esta crisis, pero eso habrá que analizarlo en otro momento; ahora tenemos que salir de la coyuntura”, plantea Mario Leiva, quien jerarquiza la problemática y anticipa que avanzan en la construcción de una alternativa vinculada a la ganadería, destinada a pequeños y medianos productores.

"Lo primero que tenemos que pensar es en que la uva no quede en la planta, en la vid; y, por otro lado, ver qué contingencia le ofrecemos a aquellos productores que no van a poder seguir, porque es muy grande el quebranto que va a haber en el Valle de Uco, que tiene una vitivinicultura especial", sostiene.

La situación en Tupungato refleja el panorama que atraviesa Mendoza. Este año, la merma de uva es significativa: “Estimamos que molimos casi un 35% menos que el año pasado, en kilos de uva, lo cual es muchísimo”, explica Antonella Giuliani Pelegrina.

Las causas, detalla, son varias: heladas, tormentas y granizo que han liquidado fincas. A esto se suma otra dificultad que preocupa al sector. “Hay productores que dicen ‘todavía no puedo vender el vino del año pasado; este año no me dan los números para levantar la uva’, y la dejan en la planta”, advierte, mostrando la preocupación que enfrenta cada productor frente a un ciclo crítico.

Una escena que, asegura, también se repite en otras zonas, como el Este. Además, agrega "hay productores que envían uva fina para vino a elaboración de mosto, prácticamente sin margen, a precios muy bajos. La situación para los productores está realmente complicada. La realidad es que todos estamos en un cuello de botella".

En términos de precios, describe una dinámica que agrava el escenario. "El año pasado, un kilo de uva Malbec acá en Tupungato valía entre 600 y 680 pesos, y hubo productores que terminaron vendiendo el vino a 450 por necesidad. Hoy, el litro de vino varietal Malbec está alrededor de 700 pesos, con suerte, y hay quienes pagan menos. Hay que afrontar ese precio; es difícil con los costos que tenemos". Y agrega que la situación se complica con la lógica del mercado: "Si querés vendérmelo, vendémelo; si no, hay 200 atrás".

Por su parte, Diego Stortini señala otra dificultad: "El problema no parece ser tanto ‘si hay o no hay vino’, sino cómo sostener valor. Es una región de baja productividad, pero de alta calidad, donde la producción se compensa con precios más altos. Esto pega de lleno en el Valle de Uco, que está más asociado a vinos con posicionamiento, identidad y precio, no al volumen masivo".

En cuanto al consumo, aclara que es un factor importante, pero no el único ni necesariamente el principal para explicar la situación actual: "Argentina bajó de cerca de 20 a 15 litros per cápita, pero sigue teniendo un mercado interno fuerte. Durante años, más que el consumo real, lo que empujó muchos despachos fue la macro: inflación, restricción al dólar y necesidad de stockearse. El consumidor compraba para anticiparse, la vinoteca transformaba caja en vino, el distribuidor llenaba depósitos y las bodegas despachábamos. Pero una parte de ese vino no se consumía, simplemente se acumulaba dentro de la cadena".

Asegura que la situación no responde a una sola cuestión: hay bodegas que están en crisis, otras en procesos de venta, reestructuración o adquisiciones inesperadas, y también algunas que aprovechan este contexto para tomar posición en el mercado.

La crisis también interpela al Estado

El vicepresidente de la Federación Empresaria Mendocina advierte que la cultura de desorden macro muchas veces se trasladaba a la gestión interna, con líderes más pendientes del dólar que de la operación. Sobre el presente, subraya "Mendoza necesita pensar su matriz productiva y reequilibrarla a este nuevo modelo económico, pero también está el día a día: la realidad hay que gestionarla, no solo explicarla. En ese proceso, la política pública no puede desentenderse".

El presidente de la Sociedad Rural del Valle de Uco, Mario Leiva, asegura que es urgente sostener la actividad y salir a buscar nuevos mercados. “Podemos hablar de vinos con menos alcohol o de la caída global en el consumo, pero los datos muestran que el Valle de Uco se amesetó en ventas y precios; no se destruyó la salida. Hay que reconvertir lo que se pueda y buscar nuevos mercados: el Valle de Uco también produce muy buenas pasas de uva y moscatel para vender en fresco”.

Mario Leiva - Sociedad Rural del Valle de Uco
Para el dirigente Mario Leiva, el problema es la falta de previsibilidad: “Se está entregando la uva sin precio ni certezas de cobro”

Para el dirigente Mario Leiva, el problema es la falta de previsibilidad: “Se está entregando la uva sin precio ni certezas de cobro”

Leiva advierte: “Un productor de cinco hectáreas con viñedos centenarios no puede cambiar de actividad de un día para el otro. Hay que darle una alternativa, si no va a vender la finca y se perderá una cultura vitícola de años. Es el sector político el que tiene que bajar al territorio y ver qué está pasando”.

Antonella Giuliani Pelegrina señala que, aunque la calidad de la uva es muy buena, el mercado presenta dificultades y el principal problema sigue siendo el stock. “La verdad es que no ha hecho tanto calor, ha estado más templado, entonces creo que los vinos van a tener muy buena calidad. Esperamos vender lo del año pasado, porque eso limita cuánto se compra de uva y cuántos terceros se pueden recibir para elaborarles el vino”, explica. Sobre la salida del stock acumulado, agrega: “Esto se va a reacomodar, pero hay que darle tiempo”.

La enóloga habla sin pesimismo, pero con la claridad de quien conoce el tema desde todos los ángulos. "Creo que se vienen cambios coyunturales y no todos van a salir de esta: se van a abandonar fincas, se van a abandonar bodegas. La solución es seguir produciendo vinos de calidad, en menor cantidad y esperar a que se reactive el país".

En cuanto a las perspectivas, señala la extensión del territorio como una oportunidad y la competitividad como el principal desafío: "Tenemos vinos de muy buena calidad y reconocimiento a nivel mundial. Hoy se pueden conseguir buenos vinos en un supermercado sin gastar demasiado. Además, hay mucho espacio para plantar a lo largo del país, lo que podría posicionarnos como grandes productores a nivel global".

Al comparar con otros mercados, explica que "países como Chile, más pequeño y con regiones vitivinícolas más limitadas, exportan y venden graneles al mundo en mucha más cantidad que nosotros, porque tienen costos más bajos y pueden vender más. Nosotros tenemos que volvernos competitivos".

Y aclara que "no es solo responsabilidad de las bodegas, sino de toda la industria y del gobierno".

El diferencial de la región está en su identidad varietal

La idea de que el Malbec, la uva más producida en el Valle de Uco, está perdiendo demanda resulta engañosa, advierte Mario Leiva. Según explica, el varietal "no ha pasado de moda; lo que ocurre es que existe un lobby que busca reducir toda la oferta a dos categorías, tinto y blanco, y así le baja la categoría, aunque el Malbec sigue consumiéndose a nivel mundial".

En ese marco, el vicepresidente de la FEM, Diego Stortini —también productor vitivinícola con historia familiar en el sector— destaca las oportunidades de la región, tanto en consumo como en producción. Señala la calidad enológica, el prestigio de origen, la capacidad para producir vinos varietales diferenciados, un paisaje apto para turismo de alto valor y un ecosistema de bodegas que no depende solo de vender vino a granel, sino también de marca, experiencia y venta directa.

Stortini agrega que el ecosistema productivo está más tecnificado que en otras zonas, lo que permite al sector mantenerse competitivo. También resalta la identidad varietal del Malbec, que sigue siendo, por lejos, el varietal más vendido: "nueve de cada diez personas que ingresan a una vinoteca piden Malbec; y quien no sabe qué elegir, elige Malbec: es una marca instalada".

Diego Stortini - Federación Económica de Mendoza
“El problema no es si hay vino, sino cómo sostener valor”, sostiene Diego Stortini, vicepresidente de la Federación Económica de Mendoza

“El problema no es si hay vino, sino cómo sostener valor”, sostiene Diego Stortini, vicepresidente de la Federación Económica de Mendoza

Concentración, reconversión y minería, en el centro del debate productivo

Leiva sostiene que la crisis no es transitoria, sino un proceso más profundo, y advierte sobre la urgencia de sostener la actividad en el Valle de Uco. "Desde lo comercial, es una concentración perversa. Desde lo cultural, es un desastre que mucha gente que ha vivido del viñedo y tiene una cultura vitivinícola enorme deje de hacerlo. Y, desde lo económico, toda reconversión hay que apoyarla".

"Estamos hablando mucho de minería y de otras actividades transitorias, y no de aquello que dio origen a este Valle, que es turístico, agrícola y ganadero", concluye.

Stortini plantea que la reconversión es hoy un tema de debate. Recuerda que, en años anteriores, los productores podían adaptarse a su escala con actividades como el ajo, el tomate o la fruta seca. Sin embargo, aclara: "En los últimos 18 meses la reconversión no ha sido una opción, porque la tasa de retorno de las actividades sustitutas está igual o peor. Hoy la demanda es nítida, y las bodegas ajustan stock, producción y despacho a ese nivel. Si me preguntás si la solución es hacer otra cosa, no está claro qué, porque la política pública puso el foco en la minería, y el productor primario no va a ir a hacer minería. Ahí aparece un vacío: no hay una propuesta concreta para reconvertir Mendoza hacia otra actividad". Y cierra:

No hay otra actividad con la potencia, la diversidad, la cantidad de actores, el dinamismo y la proyección internacional que tiene la vitivinicultura.

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