En el oeste de San Carlos, este andar sigue el pulso del Arroyo El Yaucha. El agua nace en las proximidades de la Laguna del Diamante y, en su primer tramo, el río corre "encajonado", dando forma al imponente Cajón del Yaucha. Allí el cauce discurre entre altos paredones rocosos, risqueras coloradas y piedras filosas, para luego abrirse paso en la Bajada de los Pescadores, un entorno custodiado por espesas cortaderas y bosques de chacayes donde las precipitaciones invernales pueden acumular hasta 50 centímetros de nieve.
Arroyo Yaucha. Puesteros de San Carlos. Memorias de altura- UNCuyo-CONICET
Los pobladores del Yaucha
En medio de este paisaje imponente y desafiante, vive gente. Son los puesteros, hombres y mujeres que, guiados por los ciclos de la naturaleza, mantienen su casa en la base y suben o bajan la montaña según sea época de invernada o veranada.
Esta práctica de pastoreo de altura, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, es un documento vivo que preserva oficios, saberes, gastronomía y rituales tradicionales. Pero, además, permite que el ganado evite las temperaturas extremas de las cumbres y las planicies, al tiempo que favorece el descanso cíclico de los pastos y el abono natural del suelo. Transmitida de generación en generación, esta herencia convierte a los puesteros en los guardianes fundamentales del ecosistema andino.
Puestera. Yaucha. San Carlos. Proyecto Memorias de altura. UNCuyo-CONICET
Del latín trans (“de la otra parte”) y humus (“tierra”), trashumancia es un sustantivo femenino: aunque los hombres conduzcan el rebaño, las manos que sostienen y cuidan la vida en la montaña son de las mujeres.
Lucia Yebra
En este rincón de San Carlos, 11 familias habitan el territorio desde hace más de seis décadas, custodiando las riquezas de la montaña y desarrollando de manera sustentable su actividad productiva. Nacidos y criados en el Yaucha, sus miembros eligieron continuar con el legado heredado de sus antepasados, centrando su economía en la cría de chivos, vacas y caballos, junto a labores artesanales como el tejido al telar y el trenzado en cuero.
A través de este paisaje cordillerano se cruzan dos realidades: la cotidianidad más reciente de estas familias y una historia remota que sale a la luz gracias a la arqueología. El proyecto "Memorias en altura" nació precisamente de ahí, del diálogo constante con los puesteros y de escuchar sus necesidades reales, transformando sus inquietudes en preguntas de investigación.
Puestera del yaucha y estudiantes del equipo de investigación. Memorias de altura, UNCuyo-CONICET
Existe una creencia generalizada de que la vida rural está destinada a desaparecer porque los jóvenes emigran a las ciudades. Sin embargo, en el Campo Yaucha no es así. Aquí, las nuevas generaciones defienden su arraigo y esperan dar continuidad a la vida de montaña.
Un ejemplo de este compromiso es Maxi, cuyo puesto, La Independencia, se encuentra "dentro del Área Natural Protegida, pero mucho más metido en las montañas". Tras la pérdida de su padre, asumió junto a su madre la responsabilidad de sostener el lugar. Para las investigadoras, "es asombroso porque no debe tener más de 20 años y cómo él se ocupa de todo su puesto. Él es el encargado". En esa geografía exigente, el joven lidera las tareas cotidianas, guiando a los animales hacia las vegas para alimentarlos, gestionando los insumos y resguardando la hacienda de los depredadores que acechan en la altura.
Este deseo de permanencia se replica en los hijos de otros puesteros cuyo proyecto de vida es seguir habitando la tierra de sus mayores. "Que aquí haya personas jóvenes que quieren continuar es lo que más nos impulsa a seguir trabajando", señalan las investigadoras.
Sin embargo, el día a día de los puesteros se ha vuelto cada vez más complejo. La amenaza del cuatrerismo está siempre presente. El robo de ganado no implica solo una pérdida económica, sino que cuando se trata de caballos significa perder también el principal medio de movilidad cotidiana. En estos campos abiertos, la única protección real son las viviendas y los corrales tradicionales. Construidos con cercos vegetales y arbustos espinosos para evitar que las cabras se escapen, constituyen una muestra viva de tecnologías ancestrales que aún perduran.
Rebaño.Corral ancestral.Puesteros del yaucha, San Carlos. Memorias de altura. UNCuyo-CONICET
El gran anhelo del equipo científico y de los pobladores es lograr, en un futuro cercano, la puesta en valor oficial de las rutas antiguas de pastoreo. Señalizarlas y protegerlas no solo resguardaría la vida de los puesteros, sino todo el paisaje cultural de la región. Mientras ese camino institucional comienza a andarse, la ciencia busca demostrar que el presente de estas familias guarda relación con los primeros habitantes de los Andes.
La cordillera viva: dos mil años de historia y arraigo en el Campo Yaucha
El proyecto "Memorias en altura: revalorizando el patrimonio cultural de las familias puesteras del Yaucha" nació al ritmo de la trashumancia, en el ir y venir de los rebaños, y en el diálogo cotidiano entre la comunidad y el equipo científico. Las arqueólogas Lucía Yebra y Cecilia Frigolé sostienen que la importancia de esta labor radica en caminar el suelo, escuchar las necesidades reales de la gente y construir una confianza mutua que sostenga el trabajo en el tiempo.
Fue durante el relevamiento de sitios arqueológicos en el Campo Yaucha cuando los caminos de la ciencia y la comunidad se cruzaron. Mientras las investigadoras buscaban rastros antiguos, las guardaparques del Área Natural Protegida hacían relevamiento de puestos, los asistían y facilitaban la comunicación por radio. A partir de ese primer contacto se tejió un vínculo recíproco donde el saber tradicional de los puesteros y la investigación arqueológica se encuentran.
La arqueología tiene una manera particular de escribir la historia: allí donde los historiadores buscan textos escritos, esta ciencia interroga a los objetos. Por eso, el trabajo de campo en San Carlos cobra un sentido tan profundo. Frigolé y Yebra sostienen que el patrimonio inmaterial de los puesteros es el reflejo directo de cómo se usaban esos objetos en el pasado. Ver cómo habitan la cordillera hoy les permite entender la interacción de esos materiales que, de otro modo, quedarían "estáticos en el tiempo".
Al recorrer la zona, el equipo constató que esa herencia permanece activa. "Los puesteros viven prácticamente en sitios arqueológicos; eligen los mismos lugares que eligieron hace 1.000 años para poner sus casas por el reparo y la cercanía al agua", señalan las científicas, explicando así que muchos puestos no fueron levantados desde cero. Al aprovechar los mismos asentamientos que se utilizaban hace un milenio, la comunidad ha sabido mantener y "reciclar en el tiempo" corrales y espacios ancestrales.
De esta manera, las prácticas tradicionales de los puesteros salvan la distancia temporal y demuestran cómo el pasado andino se adapta y resiste en plena modernidad, generando una línea de tiempo continua en el uso del territorio.
Las excavaciones arqueológicas en la Laguna del Diamante demuestran que desde hace dos milenios la ocupación humana ha sido estacional: en invierno la nieve obliga a bajar, y en los meses cálidos se ascendía a la cordillera para cazar guanacos, buscar materias primas para puntas de proyectil o confeccionar vasijas. Esa misma movilidad estacional entre las tierras bajas y las altas es la trashumancia.
Habitar la montaña sin explotarla: el patrimonio inmaterial
El patrimonio no es solo lo tangible que se desentierra; es también la herencia viva que se transmite de generación en generación. Una técnica de construcción, la receta de una comida, el modo de habitar un territorio: todo eso constituye patrimonio inmaterial.
Horno de barro. Puesteros del Yaucha. Memorias de altura-UNCuyo-CONICET
La investigadora Lucía Yebra explica: «en el caso de los puesteros del Yaucha, ese patrimonio se expresa en cómo usan el agua, cómo la distribuyen, cómo manejan el ganado caprino y cómo conviven con los recursos cordilleranos». Una forma de relacionarse con el entorno que es sustentable.
Ese patrimonio inmaterial también se percibe en lo cotidiano. Se ve en las artesanías en cuero, los bordados, los tejidos, y en esas cocinas antiguas a leña donde las pavas hierven sobre las hornallas.
Manos artesanas. Puesteros del yaucha. Memorias de altura. UNCuyo-CONICET
Para consolidar su arraigo y defender sus condiciones de vida, los puesteros se han nucleado en la organización "Crece desde el Pie", un espacio que agrupa a agricultores, trabajadores rurales y autogestivos bajo la lógica del trabajo digno y la economía social. Desde una perspectiva agroecológica, la organización apuesta a la producción y comercialización de alimentos sanos y a la defensa de los bienes comunes.
El objetivo es que sean los propios pobladores quienes comercialicen sus productos y vivan de su cultura, convencidos de que la organización comunitaria es el camino hacia un modelo rural más justo.
Artesanías puesteros del yaucha. San Carlos. Memorias de altura, UNCuyo-CONICET
Sin embargo, el sistema de pastoreo que los puesteros sostienen desde hace un milenio está en riesgo, y con él, el equilibrio que abastece a la comunidad urbana. La advertencia es clara: "si el agua, la vegetación y las nacientes de la cordillera no se cuidan, los que estamos abajo nos vamos a ver muy perjudicados". Entender la realidad de la montaña y proteger a quienes la habitan es indispensable para la supervivencia de la ciudad; todos somos parte del mismo ciclo. A raíz de esta profunda trama de historia, necesidades y saberes compartidos, surge la iniciativa de ciencia abierta.
La ciencia al servicio de la comunidad
El Laboratorio de Paleoecología Humana estudia la relación entre las sociedades humanas y su entorno a lo largo del tiempo. Desde ese espacio trabajan para que la ciencia sea una herramienta útil para las comunidades locales. Con ese objetivo, el proyecto se propone visibilizar y poner en valor la cultura material e inmaterial de las familias puesteras del Yaucha.
Llevar adelante la investigación implica una logística compleja. Aunque gran parte del trabajo se ha hecho "a pulmón" y con "financiamiento casi propio", el proyecto logró el respaldo de la Secretaría de Investigación de la UNCuyo y del CONICET. En este camino, la presentación de un plan de desarrollo turístico integral por parte del Municipio de San Carlos ante la Justicia Federal -que busca combinar la producción local con actividades sustentables y garantizar la permanencia de los pobladores- significó "un antes y un después".
Apoyado en el antecedente de que en Malargüe la vida puestera ya había sido declarada patrimonio inmaterial mediante una ordenanza municipal y los marcos de la UNESCO, este hito legal dio continuidad a las tareas y abrió nuevas posibilidades de financiamiento.
Sin embargo, el escenario presupuestario actual es crítico. Las investigadoras señalan que "la universidad se está desangrando para financiar investigación porque apenas puede pagar los sueldos". Ante esta realidad, las redes de apoyo local se vuelven vitales: la Facultad de Filosofía y Letras facilita la movilidad para viajar al campo, mientras que el municipio y los guardaparques de Recursos Naturales aseguran el alojamiento en el refugio Alvarado cuando es necesario.
Un equipo interdisciplinario y un proyecto como puente pedagógico
El proyecto está liderado por científicas y docentes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo: María Inés Zonana (directora), Cecilia Frigolé (co-directora), Valeria Cortegoso, Gabriela Da Peña, Silvina Castro, Lucía Yebra y Carina Llano.
A este equipo se suman estudiantes avanzados de la carrera de Arqueología: Victoria Benítez, Dulce Basilotta, Juan Embrioni, Sofía Calderón y Facundo Gil, y estudiantes de la Tecnicatura en Producción Audiovisual que realizarán sus prácticas profesionales registrando el proceso.
Equipo de investigación junto a puestero del yaucha. Proyecto Memorias de altura. UNCuyo-CONICET
Dado que las coordinadoras ejercen también la docencia, el proyecto tiene una impronta pedagógica orientada a llevar esta experiencia a las aulas como recurso didáctico. Pero la propuesta trasciende lo académico y se abre al arte: Nahuel Jofré y Diego "Gucho" Guiñazú están a cargo de la composición de canciones originales inspiradas en el paisaje sancarlino del Yaucha.
Como propuesta de ciencia abierta y divulgación, el objetivo final de "Memorias en Altura" es acercar la vida de la montaña al día a día de las ciudades. Este puente busca también un beneficio concreto para las familias puesteras, facilitando que sus productos artesanales y regionales encuentren nuevos mercados.
Durante los próximos meses, el proyecto continuará compartiendo entrevistas, relatos y registros audiovisuales a través de Instagram y los canales de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo. Una muestra fotográfica itinerante en Mendoza y San Carlos marcará el cierre de este camino. El objetivo es devolver a la comunidad la memoria viva de los Andes, contribuyendo a preservar la cultura puestera y su modo de habitar la cordillera.