Preocupa el incremento de casos de salud mental en adolescentes mendocinos

Datos del Centro de Abordaje Integral de Problemáticas Adolescente (CIPAU) indican que los autoflagelos, intentos de suicido y suicidos consumados aumentaron en la provincia entre un 30 y un 40 por ciento respecto de 2019.

Imagen ilustrativa / Web
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El impacto que la pandemia y el consecuente encierro en la franja integrada por jóvenes y adolescentes continúan causando estupor en Mendoza y en todo el mundo. De acuerdo con datos brindados a Los Andes por el área de Salud Mental de la provincia y que resultan coincidentes con la información brindada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el incremento de intentos de suicidio y suicidios consumados ronda entre el 30 y 40 por ciento respecto de 2019.

Al menos así se observa en el Centro de Abordaje Integral de Problemáticas Adolescentes (CIPAU), institución que se ocupa de la internación de pacientes que sufren este tipo de problemática. Mientras que en 2019 -es decir, antes de la pandemia- un 40 por ciento de los casos que recibía el CIPAU pertenecía a la franja de autolesionados o con intentos de suicidio, ese índice se incrementó a un 70 por ciento en tiempos del post-Covid.

“El aumento es notable. Lo confirma el Centro de Abordaje Adolescente y también la OMS y esto demuestra que debemos actuar”, alertó la doctora Alina del Canto, coordinadora del área de Capacitación y Prevención de la Dirección de Salud Mental provincial e integrante de la mesa provincial intersectorial de la prevención del suicidio.

“Sabemos que todo esto es consecuencia de la pandemia, el aislamiento, aumento de situaciones de violencia intrafamiliar, la falta de contacto entre jóvenes con sus propios pares e instituciones cerradas por las restricciones. También los duelos, el desempleo y las problemáticas de consumo de sustancias”, enumeró la profesional, que también es miembro de CIPAU.

La consecuencia de lo señalado, repitió, es el incremento de autolesionados, intentos de suicidio y suicidios consumados, además de trastornos de ansiedad. “La OMS viene sosteniendo que en la franja de 15 a 29 años el suicidio es la segunda causa de muerte por causas externas, es decir, prevenibles. La pandemia ha influido notoriamente”, reiteró.

Los casos, dijo, se dan más entre la población masculina, “tal vez por el propio machismo o la dificultad de los hombres de mostrar sus emociones”.

Según indicó, trabajar en la prevención es tarea de todos. “Con datos estadísticos más certeros, que aún no están por las propias restricciones de 2020, tendremos más herramientas, aunque por lo pronto la mejor forma de ayudar es escuchando, acompañando, preguntando”, advirtió.

“Difícilmente un paciente se acerque a la consulta en soledad. Es importante la labor de los docentes, amilia y amigos”, puntualizó.

Asimismo, remarcó la importancia de crear espacios de prevención que trasciendan el ámbito de la salud y se prolonguen a otras instituciones, tales como deportivas o educativas.

“Hablar en familia es clave, siempre hay que dialogar, propiciar la escucha. Insisto en la necesidad de activar los centros de estudiantes y generar espacios de participación tan necesarios en la adolescencia. Otra cuestión, jamás desestimar el sufrimiento”, sugirió.

En ese sentido, opinó que siempre se debe estar alerta frente a comentarios extremistas y no pasarlos por alto.

“Escuchar sin juzgar y sin sermones, no estigmatizar y ofrecer ayuda, poner el oído y acompañar”, remarcó como consejos útiles

Frente a casos extremos de salud mental, desaconsejó frases como: “¡Mirá qué linda es la vida!” o “¡Con todo lo que hemos hecho por vos!”. “Esto no ayuda en nada porque el suicida no tomó una decisión sino que siente un profundo deseo de aliviar un sufrimiento, transita la ambivalencia entre la vida y la muerte”, diferenció.

Señaló que otro de los mitos indica que, quien da señales, finalmente no consuma el suicidio. “No es así. Está comprobado que la mayoría de quienes se quitan la vida, dieron señales en algún momento”, aclaró.

Enumeró, además, otras muestras de alarma a tener en cuenta entre adolescentes, tales como aislamiento, irritabilidad, impulsividad, ansiedad, insomnio, dolor de cabeza, de abdomen y diarrea. “También son manifestaciones, no las descuidemos”, dijo.

Añadió, por otro lado, la necesidad de trabajar fuertemente con un aspecto clave que también fue resultado de la pandemia: la deserción escolar y los ausentismos. “Estas cuestiones son consecuencia de alguna problemática que puede ser familiar o de otro tipo. Algo sucede en ese hogar”, manifestó.

Según la especialista, se debe tomar cartas en el asunto siendo sensible y quitando estigma a la problemática de salud mental. “Cuando nos duele la muela vamos al dentista y lo mismo sucede con cualquier parte del cuerpo, pero con las emociones es más difícil. Cuesta contar aspectos íntimos y pedir ayuda, por eso es clave leernos para saber cómo estamos y qué nos sucede”, amplió.

Desde Salud Mental, dijo, se promueven acciones capacitando a docentes, instructores deportivos y personal de salud para lograr una adecuada prevención. La dirección también se desempeña captando a quienes manifiestan riesgo suicida y toma cartas en el asunto.

“Pero nada es posible sin la ayuda de toda la comunidad”, reiteró.

Dónde y cómo pedir ayuda

El área de Salud Mental funciona de 8 a 20 de manera gratuita (0800-80026843 interno 3). Allí, un equipo de profesionales contiene, asiste y orienta a personas en situaciones difíciles. Para casos de emergencia --que pongan en riesgo la vida del paciente-- se debe llamar al 911.

Las internaciones por estas problemáticas las recibe el hospital Notti (hasta 14 años) y de allí en adelante se ocupa el Centro de Abordaje Integral del Adolescente, teléfono 261-3627786. Todos los días existen guardias permanentes las 24 horas.

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