Por la ola de calor, el cansancio, la irritabilidad y la ansiedad se mantienen en marzo

Las altas temperaturas seguirán estos días, pese a la cercanía del otoño. Psicólogos detallan los efectos físicos y mentales en grandes y chicos.

Por la ola de calor, el cansancio, la irritabilidad y la ansiedad se mantienen en marzo
La marcada presencia de humedad acrecienta la sensación de agobio. | Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Lo dicen los especialistas y lo ratifican los comentarios de las mendocinos en la calle: vivir con más de 30 grados por varios días impacta en forma negativa en el organismo, en general, y en la salud mental en particular.

Mendoza, al igual que gran parte del país, ha venido soportando un verano riguroso y agobiante que se prolonga en este mes de marzo, cuando la vida cotidiana retomó su ritmo tras las vacaciones. Sin embargo, en materia meteorológica, para que el calor se despida aún habrá que esperar.

Si bien la temperatura permitió respirar el último viernes, el fin de semana fue agobiante y la semana comenzará con altas máximas.

“Lo más anormal de marzo es la elevadísima humedad. Todavía tendremos que esperar para que el clima se normalice”, adelantó el meteorólogo Carlos Bustos, de la Dirección de Contingencias Climáticas.

Lo cierto es que, si bien la estación cambia en muy pocos días, con la llegada del otoño las temperaturas de hoy resultan muy difíciles para encarar la vida tras las vacaciones.

Martín Etchevers, doctor en psicología y secretario de investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se refirió, en declaraciones al diario Clarín, a un trabajo de la Organización Mundial de la Salud de 2016 en el que detallan los efectos de las temperaturas elevadas. “Se trata de una guía de cuidados asociados a la salud en relación al cambio climático en la que aseguran que el calor, durante tantos días, impacta negativamente y puede generar irritabilidad, ansiedad, que la persona se sienta deprimida y agotada”, señaló.

Agregó que la exposición prolongada al calor afecta, además, la calidad del sueño. Y dormir mal también tiene consecuencias, como falta de concentración, cansancio, mayor predisposición para discutir y tener conflictos en situaciones cotidianas.

Refrescarse, el pedido en las escuelas

“Seño ¿puedo salir a refrescarme?”. Alrededor de las 3 de la tarde en la escuela 1-667 Tierra de Huarpes, de Guaymallén, la pregunta se repite en casi todos los chicos de sexto grado del turno tarde. El calor agobia, ya no hay más botellas de agua fría y se cortó la electricidad. Los ventiladores, que despedían aire caliente, ahora están estáticos. Silvana Izaguirre, maestra del establecimiento situado en Buena Nueva, asegura que el calor de marzo se vuelve una “tortura”.

“El calor, el resplandor en los días más complicados, justamente cuando suele cortarse la luz, hacen que la clase sea una tortura”, repite esta docente que cumple doble turno: séptimo a la mañana y sexto a la tarde, es decir que convive con niños de entre 11 y 12 años.

“El levantar la mano y pedir salir al baño a refrescarse es moneda corriente. No les puedo decir que no porque hay días que son inhumanos. Nuestra escuela es humilde, no tenemos aire acondicionado ni los chicos capacidad económica de llevarse su vianda en lancheras”, describe.

Izaguirre cuenta que el colegio tiene algo de sombra en la vereda de enfrente, de manera que está situado en medio del desierto y que el presupuesto es acotado. Por eso existe una sola heladera “pequeñísima” que sólo utilizan las maestras cuando cambian el turno y deben almorzar. “Pero no tenemos heladeras para que los chicos conserven sus botellas ni viandas y tampoco la posibilidad de organizar rifas para conseguirlas, como sucede en otras escuelas que se encuentran en mejor situación”, puntualiza.

En ese punto, la docente hace un llamado a las autoridades educativas, que determinaron el inicio de clases en febrero. “Debe ser así cuando las condiciones están dadas, cuando son adecuadas. No hablo de lujos ni comodidades, hablo de dignidad. Insisto, se corta la luz tres veces por semana, se corta el agua y la humedad hace estragos”, se queja Izaguirre.

Y cierra:#”Muchas veces pienso que deberíamos cambiar los roles para que vean de qué se trata: nosotras, las docentes, decidir detrás de un escritorio con aire acondicionado y ellos que vengan a dar clases”.

“Se activa el malestar”

La licenciada en psicología Soledad Bermejo recordó conceptos de Freud, quien sostiene que existen tres fuentes de malestar para el ser humano: el propio cuerpo, la relación con los otros y el medio circundante.

“Frente a la ola de calor en una fecha donde es esperable que las temperaturas bajen, se activa el malestar en las personas. Particularmente en niños el calor agobiante afecta no sólo el rendimiento físico sino también la respuesta intelectual y emocional”, sostuvo.

La psicoanalista remarcó que es esperable que los alumnos se muestren más irritables, con desgano y falta de tolerancia, como así también sin ánimo de realizar actividad física.

Apuntó a la importancia de que padres y docentes escuchen la legítima queja y sean receptivos a la demanda, tanto en la casa como en la escuela, para ofrecer una respuesta de contención adecuada.

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