Marcelo Colombo: “Francisco ha conseguido llegar adonde la Iglesia no había llegado antes”

Balance. Justo a un día de que se cumpla la primera década del argentino como líder del mundo católico, el arzobispo de Mendoza ofrece una evaluación del papado de Bergoglio.

El actual arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo (primero de la izquierda), en un encuentro con el papa y otros obispos, en los tiempos en que el prelado era obispo de La Rioja.
El actual arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo (primero de la izquierda), en un encuentro con el papa y otros obispos, en los tiempos en que el prelado era obispo de La Rioja.

El 9 de julio de 2013, Marcelo Colombo recibió el cargo de Obispo de la Rioja de parte del papa Francisco. Fue uno de los primeros nombramientos que el papa argentino, en su recién inaugurado cargo, iba a realizar. La historia apenas estaba siendo escrita por Jorge Bergoglio: la tarde del 13 de marzo de ese año, la fumata blanca que daba cuenta de su elección y el nombramiento había sido un suceso que había sorprendido al mundo, en especial a esta parte del mundo.

Colombo venía de ser Obispo de Nueva Orán, en ese caso con el nombramiento de otro papa que se convertía en emérito, Benedicto XVI. Así que podía llevar con orgullo la gracia de haber resultado bendecido por dos papas diferentes, y uno de ellos, su compatriota. Apenas cinco años después, el destino lo trajo a Colombo a Mendoza, donde también por decisión del papa Francisco fue designado como Arzobispo de Mendoza.

Ahora, cuando se cumplen 10 años de este papado con sello argentino, Colombo es una de las voces autorizadas para ofrecer un balance, desde su perspectiva, de la labor de Francisco I.

Por eso es que, en la charla con Los Andes, este abogado, doctor en derecho canónico y prelado que rige los destinos de la diócesis en Mendoza, no demora mucho en ofrecer definiciones contundentes. Para él, Francisco es un papa, sin dudas, diferente, que ha cambiado la manera de afrontar las decisiones en un mundo en crisis que arrastra, por supuesto, también a la fe religiosa que profesa, la mayoritaria en el mundo y la que ha marcado los destinos de países como el nuestro: el catolicismo.

“Ha preferido viajar a lugares sin magnificencia a cambio de otros de exclusión”, dice, para ejemplificar. Y, para de paso, excusar a Francisco de su llamativa ausencia de visitas a su país.

–¿Qué balance hace de estos 10 años de Jorge Bergoglio al frente de la Iglesia Católica como Papa Francisco? Me refiero a cuáles han sido sus logros y sus cuentas pendientes.

–Se trata de un papado que ha puesto en el centro de la mirada de la Iglesia, en primer lugar, la necesidad de su propia conversión como institución, poniendo el acento en los pobres y visibilizando las tensiones, los rostros de la pobreza, las situaciones de injusticia e inclusión en las que la Iglesia puede aportar. Además, ha valorado una teología pastoral que atiende a los desafíos de la evangelización de estos tiempos. Pensamos en un pontificado de Pedro que quiere llegar a todos con la verdad y la alegría del evangelio. Todo esto se traduce en la atención a temas como la familia, con su carta Amoris Laetitia, el amor de los jóvenes con Christus Vivit, el cuidado de la Amazonia y la preservación de la creación. Últimamente, vemos el acento puesto en afrontar las cuestiones humanas, los vínculos y en cómo la Iglesia puede acercarse al hermano para predicar el evangelio. El samaritano de la Biblia nos pide réplicas, que seamos capaces de llevar a cabo gestos concretos. El Papa Francisco ha puesto en el centro los grandes temas pastorales.

–-Desde el principio se detectó en Francisco un afán por ser un papa más popular, cercano a la gente. Era, a la vez, la contracara de Benedicto XVI, más abocado a la teología, pero quizás más distante. ¿Sigue siendo ese el camino para un momento en que los fieles católicos han mermado o han sido captados por otras confesiones?

–El Papa Francisco es un hombre que viene de ser arzobispo de Buenos Aires, conoce de cerca el contexto de la calle, ha transitado las calles y ha sido testigo de las exclusiones y las circunstancias de la gran ciudad. Tras ser elegido como Papa, obispo de Roma y del mundo, trasladó la sencillez, la espontaneidad y la cercanía de las cosas más elementales de la calle a los escenarios internacionales. Sus gestos hablan de un modo de ser natural, descontracturado, comunicativo y empático. Hoy en día, Francisco es objeto de estudio y análisis en las universidades, una figura que introduce su pensamiento en las universidades nacionales argentinas, tradicionalmente excluyentes de lo eclesial, con su propuesta del evangelio de la creación y del cuidado del medio ambiente en su encíclica Laudato Si. Ha puesto en el tapete las relaciones humanas y la relación con otros credos. Francisco ha entrado en muchos otros espacios, ha ido más allá de la pertenencia eclesial, en lugares donde la iglesia no entraba antes. Él ha preferido viajar sin magnificencia de multitudes, en escenarios duros y de exclusión, en los lugares más alejados y olvidados del mundo.

–¿Qué puede decirme específicamente de un tema que Francisco ha encarado, al menos desde sus discursos, como una preocupación principal, que es el tema de los abusos de menores por parte del clero? ¿Ha surtido efecto su tarea?

–Estas definiciones son útiles para ayudar a todos los miembros a trabajar en la prevención y fomentar una cultura de cuidado que sea efectiva. Si bien estos procesos pueden ser largos, contar con propuestas y herramientas puede facilitar la tarea.

–Hay algo que debo preguntarle porque surge constantemente como un reproche a Francisco, y es que el primer papa argentino no ha visitado nunca su país como máximo pontífice. Otro papa, como Juan Pablo II, a los 10 años de su papado ya había visitado dos veces nuestro país. ¿Qué puede decirse de esa actitud que ha tomado el papa actual?

–Por supuesto, todos deseamos que cuando estén dadas las circunstancias, esté entre nosotros. Él no ha querido ser parte de una grieta ni ser utilizado, sino privilegiar su testimonio de la pasión. Lo esperamos con ansias. Mientras tanto, sabemos que su tiempo es valioso y no se demora en cosas superfluas, no dilata lo que hay que hacer. Todo ha sido un tiempo eficaz, especialmente al principio, cuando era el momento adecuado para venir. Él asumió la difícil situación de la Iglesia y se hizo cargo de esa problemática. Cuando tenga la oportunidad, se hará el espacio para visitar su país como máximo pontífice.

–Al Papa le tocó ver que justo en su magisterio se terminó legalizando el aborto en la Argentina, una de las principales banderas que enarboló la Iglesia. ¿Cree en este sentido que una visita del Papa pudo haber torcido el rumbo de las cosas?

–Es muy difícil hablar sobre temas contrafácticos. Como pastor de la Iglesia, Francisco ha sido claro en que no ve positiva esta normativa en nuestra sociedad. Sin embargo, él nunca ha puesto en el ojo de la crítica a las personas, sino a las políticas y a aquellos que toman las decisiones.

–¿Lo ve como un Papa resistido y admirado en partes por los fieles?

–No podría decir que todos los fieles lo hacen, pero sé que el presbiterio valora muchísimo el magisterio pastoral del papa Francisco. En nuestras pastorales, hay un seguimiento fiel de su propuesta pastoral, incluyendo Cáritas, la pastoral de la calle, la atención a los migrantes, la lucha contra la trata de personas, el tema socioambiental y el tema de las nulidades matrimoniales. Él ha sido enfático en promover una renovación novedosa en su propuesta, y la Iglesia, los sacerdotes y muchos fieles han apreciado esto.

–En lo personal, ¿cómo lo ha marcado el magisterio de Francisco?

–Yo compartí con Bergoglio como compañero en la conferencia episcopal. Como obispo me he sentido desafiado a ir al encuentro de la pastoral de Jesús, por eso no sólo me siento muy identificado, sino también urgido a mantener ese estilo de Iglesia que sale al encuentro, que afronta los desafíos para poner el hombro a la historia humana. Nos toca estar solidariamente en la historia de las personas.

–¿Qué sabe acerca de su salud?

–Estuve con él hace pocos meses en el Vaticano y estaba muy bien. Tiene un problema en la rodilla, pero lo está afrontando muy bien. Ahora estoy en Brasil, con gente que lo ha visto hace poco, y todos me han dicho que lo ven bien. La inmovilización lo afecta un poco en términos de agilidad, pero está en buen estado de ánimo e intelectualmente, y no tiene ninguna complicación urgente. Considerando que tiene 86 años, está muy bien.

CELEBRACIONES EN MENDOZA

–¿El Arzobispado de Mendoza hará alguna celebración especial a propósito de los 10 años del papado de Francisco?

–Providencialmente, este año el 19 de marzo cae en domingo. En la parroquia Nuestra Señora de los Dolores, tendremos una celebración a la que invitamos a todas las personas y confesiones, incluyendo el Consejo Interreligioso. Habrá un momento ecuménico y se presentará la propuesta y el envío de nuestros catequistas. Esta iglesia no se mira el ombligo, sino que sale a predicar, y queremos que nuestros catequistas sean enviados en misión para anunciar a Jesucristo. La celebración se llevará a cabo el domingo 19 a las 20 horas.

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