Los libros sobre Malvinas: cicatrices de guerra y otras miradas sobre el ideal heroico

Ilustración de Carolina Romano
Ilustración de Carolina Romano

En 1983, Fogwill inauguró con “Los pichiciegos” una extensa serie literaria sobre la guerra y sus secuelas que llega hasta “Ovejas”, la novela de Sebastián Ávila premiada en 2021. Una tradición que revisa el ideal heroico y construye una memoria disidente.

La literatura sobre la Guerra de Malvinas tiene un origen preciso con Los pichiciegos (1983). Fogwill tiró la primera piedra, o, para usar un símil bélico, estableció la cabecera de playa de una extensa serie de ficciones que abordan diversos aspectos del conflicto del Atlántico Sur, iniciado el 2 de abril de 1982, con el desembarco de las tropas argentinas en Puerto Stanley, y concluido el 14 de junio, tras 10 semanas de enfrentamientos, con la rendición ante las fuerzas del Reino Unido.

Terminada en siete días, al cabo de una maratón de escritura (y de cocaína, según muchas versiones), la novela narra las penurias de un grupo de soldados que desertan y se refugian bajo tierra. Hacen durar los víveres, saquean lo que pueden en los uniformes que visten los cadáveres de otros combatientes, tienen sexo con ovejas y esperan el momento de ser llevados a casa.

Fogwill había concluido la novela unos días antes del final de la guerra. Al escritor se lo considera una especie de visionario por su capacidad para detectar circunstancias del “teatro de operaciones”, y por su poder para sacudir el imaginario triunfalista que había construido la propaganda de la dictadura.

Con Los pichiciegos se estableció además una línea que ha sido muy fértil en la narrativa sobre Malvinas: distancia con el ideal heroico y un retrato nada favorable de los militares argentinos que se podría extender al resto de la sociedad, que apoyó masivamente la guerra.

Memoria disidente

Las bombas que daban en los blancos ingleses pero no explotaban porque estaban arruinadas. El tedio de los colimbas sumergidos en las trincheras. Agujeros en los borceguíes y uniformes demasiado grandes o extremadamente chicos. Chocolates robados. Comida en lata. Hambre. Un frío de muerte. Llanto y horror. Buena parte de la literatura sobre Malvinas cava un pozo de desolación y desobedece el imperativo patriótico.

Una ficción de enorme impacto fue Las islas (1992), de Carlos Gamerro, un thriller protagonizado por un hacker con pasado de combatiente en Malvinas y un presente bastante misántropo, 10 años después del fin de la guerra.

El desertor (1992), de Marcelo Eckhardt, es la historia de Yo Perro García, un descendiente de aborígenes americanos que no encuentra motivos para pelear la guerra de un país que no lo reconoce, logra huir junto a un gurka y se desacomoda completamente del perfil de “héroe de Malvinas” construido en los estertores de la última dictadura. Esa novela juvenil, señala Flavia Lorena Martínez, establece una comparación entre la figura del desaparecido con la del conscripto sentenciado a morir en las islas, y es una de las numerosas obras que responden críticamente al proceso de “desmalvinización” que caracterizó a las décadas de 1980 y 1990.

La literatura, en cambio, hizo el relevo en la construcción de una memoria disidente, con una ráfaga de ficciones como Una puta mierda (2007), de Patricio Pron; Cuando te vi caer (2008), de Sebastián Basualdo; Sobrevivientes (2012), de Fernando Monacelli y la opresiva Trasfondo (2012), de Patricia Ratto, una novela de “guerra y espera” –como la describe Martín Kohan– que transcurre íntegramente en un submarino (el Ara San Luis).

La toma de distancia del escenario bélico y la perspectiva de (cuasi) melodrama se encuentran en “El aprendiz de brujo”, un cuento de Rodrigo Fresán incluido en Historia argentina (1991). En el relato, un joven porteño que ha recalado en Londres y que trabaja en el escalafón más castigado de una hell kitchen, bajo las órdenes de un chef de origen indio, ejecuta una venganza y hace justicia poética por mano propia. Una especie de guerra de un hombre solo ejecutada con un perfecto tiro por elevación.

En Las otras islas, una antología publicada en 2012, a treinta años del conflicto, se incluyeron cuentos de Juan Forn, Pablo De Santis, Inés Garland, Patricia Suárez y Eduardo Sacheri, entre otros y otras que se acercaron a la guerra por la vía literaria, con suerte dispar.

“El puente de arena”, el cuento de Liliana Bodoc incluido en ese volumen, es una historia de un argentino y un inglés que recuerda al famoso poema “Juan López y John Ward”, de Borges, aunque en el relato los personajes evitan jugar a intercambiarse los roles de Caín y Abel y se encuentran en una especie de tiempo mítico construyendo castillos en la playa.

Un dato que habla de la persistencia del tema en la producción literaria argentina es Ovejas, ficción de Sebastián Ávila sobre las vivencias de una patrulla argentina que resguarda una posición absurda, con la que el historiador ganó en 2021 el Premio de Novela Futurock.

"Ovejas", de Sebastián Ávila
"Ovejas", de Sebastián Ávila

Sin épica

Hay una matriz antiépica fundacional en la literatura de Malvinas, señala Silvina Barroso, crítica literaria, docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto y compiladora, junto a Pablo Dema, del libro Malvinas en la trama identitaria nacional, que suma aportes y perspectivas críticas para trabajar el tema en los ámbitos educativos.

Los pichiciegos inaugura la narrativa de Malvinas y propone un relato que desarticula cualquier tópico vinculado al heroísmo, a la gesta, al orgullo nacional y soberano –sostiene Barroso–. La retórica que definió el Estado argentino para construir la explicación y el justificativo de la guerra de Malvinas intentó fundarse en el paradigma retórico y poético de la guerra independentista: el destino heroico, la inquebrantable voluntad de soberanía, recuperación de derechos sobre el territorio, unidad nacional, construcción de un enemigo para la nación. El gesto discursivo fue efectivo para una enorme porción de la ciudadanía que adhirió a las arengas públicas del entonces presidente del Estado golpista. Sin embargo, ese gesto resultó burdo, sobre todo tras la derrota, ya que la distancia entre el discurso bélico nacionalista estatal y la contundencia de los acontecimientos se volvió infranqueable”.

Según la especialista, “es en esta grieta en el campo discursivo donde se va inscribir la literatura de Malvinas, de allí que resuelve su forma narrativa más proteica en clave de farsa, de parodia, de tragedia, de inversión”.

Ilustración de Carolina Romano
Ilustración de Carolina Romano

A sus plantas rendido un león, de Osvaldo Soriano, es una novela que no puede obviarse en la serie que lleva el escenario de la guerra a otro fin del mundo, a África y una desopilante revolución de monos y un falso cónsul argentino haciendo sólo la guerra a la Embajada inglesa”, detalla Barroso.

Eso no quiere decir que no haya otra línea como la que inaugura Cuerpo a tierra, de Norberto Firpo, “en la que la clave de lectura articula necesariamente a Malvinas con la dictadura y el Estado terrorista”.

“Por otro lado –añade–, la guerra es narrada desde el testimonial en una clave a la que podríamos llamar moralmente épica, es decir que restituye la heroicidad legítima al soldado excombatiente –y remarco el sujeto soldado conscripto, es decir el civil que va a la guerra–. Y en esa serie es inaugural Iluminados por el fuego (1993), de Edgardo Esteban”.

Iluminados por el fuego inspiró una versión cinematográfica homónima, en clave de drama bélico, dirigida en 2005 por Tristán Bauer.

Uno de los temas que el libro y el filme ponen sobre la mesa es el trauma y las secuelas de la guerra. Según Esteban, actual director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, quien fue movilizado a las islas como soldado conscripto tras haber hecho el servicio militar en Córdoba, más de 500 veteranos se quitaron la vida, una cifra que podría ser similar o superar a la de los muertos en combate.

Más de Malvinas

La constelación malvinera es amplia y abigarrada. Describe Barroso: “Sobrevivientes, de Fernando Manacelli, aborda desde un presente más cercano las peripecias de una periodista y una madre en busca del cuerpo de su hijo que muere en el ARA General Belgrano. Guerra conyugal, de Edgardo Russo, entre cierto patetismo de un intelectual a sueldo hace emerger la imposibilidad de escribir una épica de Malvinas. La novela de Martín Kohan, Ciencias morales, explora en lo no decible, en lo silenciado/silenciable pero con una presencia contundente en el continuum de terror y silencio de la dictadura. La novela del cordobés Fernando López, Arde aun sobre los años, explora también en el interior provinciano ese continuum entre los años del terror y Malvinas”.

Esta última novela, Arde aun sobre los años, de Fernando López, que ganó el Premio Casa de las Américas en 1985, ha sido reeditada por La Voz, y se lanzará con el diario desde el viernes 1 de abril.

"Arde aún sobre los años", de Fernando López
"Arde aún sobre los años", de Fernando López

En el campo de la poesía se encuentra el libro Soldados, del escritor y excombatiente Gustavo Caso Rosendi, una obra donde “la verdad del testimonio y la verdad poética se funden y confunden en una propuesta muy potente, justamente desde una verdad propuesta desde el mundo de los afectos y los sentimientos”.

Uno de los roles de la literatura ha sido socavar los clichés, abrir perspectivas inéditas y disputar con los significados cerrados: “Hay una novela de Juan Simeran, Argentinos… a vencer!, que tiene un subtítulo a modo de pregunta: ¿Qué hubiera pasado si Argentina ganaba la Guerra de Malvinas? Ficcionaliza ese escenario y construye la distopía. Y en algún punto nos enfrenta a la pregunta dificilísima de responder para los argentinos, porque esta guerra tiene como sus actores principales a los soldados conscriptos excombatientes. Es contrafáctico, pero si los combatientes hubieran sido militares quizá otras serían las posibilidades del relato, y no sólo de la literatura, de la historia y, fundamentalmente, de la historia escolar. Ese, para mí, es el relato ausente”.

“Hay buenos museos sobre Malvinas y hay muy buenos historiadores, sociólogos, grupos que investigan –cierra la investigadora–. Lo que no sé, es cuánto de esas investigaciones ha permeado los espacios de la docencia y en el sentir y el sentido común del argentino para no repetir acríticamente ‘las Malvinas son argentinas’, y encarar un posicionamiento claro en el presente y en el futuro por el reclamo de la soberanía sobre las islas”.

Nuevos y reeditados

Abril será un mes de novedades y reediciones de títulos sobre Malvinas, a 40 años del final de la guerra.

En febrero salió, por Paidos, Desembarco en las Georgias, de Felipe Celesia. En marzo de 1982, una serie de hechos generados por un negocio millonario se mezcló con el recalentamiento de la disputa histórica entre Gran Bretaña y la Argentina por las islas Malvinas. Pudo haber sido una película algo absurda, una aventura imaginaria repleta de misterio. Pero fue real. Y quedó inscripta en los libros como una de las causas de la guerra que se desató pocos días después. El libro relata el viaje de un grupo de obreros y técnicos metalúrgicos a las islas Georgias, a mil quinientos kilómetros de Malvinas, para desguazar instalaciones balleneras abandonadas, y el izamiento de una bandera que precipita el conflicto bélico.

La editorial Edhasa lanzará una nueva edición de Las guerras por Malvinas, del historiador Federico Lorenz, un especialista en el tema. Publicado por primera vez en 2006, el libro es una referencia para pensar la historia contemporánea de la Argentina. La nueva edición, que suma un prólogo y el análisis de “la causa Malvinas” durante el kirchnerismo, es la versión definitiva del texto y una invitación al debate sobre un tema que aún resulta incómodo.

También saldrá una reedición de Partes de guerra, de Graciela Speranza y Fernando Cittadini, construido con los relatos de un grupo de soldados, oficiales y suboficiales que estuvieron en la primera línea del frente.

Edhasa publicará además Volver a las islas, compilado por Rolando J. Bompadre. El volumen reúne varias de las más representativas lecturas que se hicieron sobre Las islas, de Carlos Gamerro, una novela que no ha dejado de gravitar. El libro incluye textos que aparecieron en suplementos y en revistas culturales y del ámbito académico, la recepción de la traducción al inglés y la génesis de la adaptación teatral realizada en 2012, así como estudios y testimonios escritos especialmente para este libro. Se suma un ensayo de Gamerro sobre la escritura de la novela, más la presentación de sus documentos de trabajo.

Siglo XXI pondrá en librerías Lo que no sabemos de Malvinas. Las islas, su gente y nosotros antes de la guerra, de Sebastián Carassai. Para varias generaciones de argentinos, las Malvinas están ligadas exclusivamente a la histórica reivindicación de su soberanía y, desde 1982, al conflicto armado con Gran Bretaña. Pero mucho de lo que hace a su historia anterior y posterior, y en especial al vínculo entre isleños y argentinos, ha quedado eclipsado.

Penguin Random House prepara una batería de lanzamientos y reediciones, comenzando por La trampa. Cronología documentada de un fracaso, de Tata Yofre, quien revela fuentes y documentos inéditos para intentar explicar cómo la dictadura que estaba en el poder desde 1976 tomó la decisión de invadir las islas para revertir el creciente descrédito popular que amenazaba acabar con ella y en ese mismo gesto firmó su propia condena llevando al país a una aventura suicida.

En Malvinas. Identidad de héroes, Daniel Santa Cruz narra la historia de los 237 soldados y oficiales argentinos que murieron en combate y fueron sepultados en el cementerio Darwin, en la Isla Soledad. Entre ellos hubo 123 que fueron enterrados sin identificar con una lápida que dice “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

La guerra menos pensada. Relatos y memorias de Malvinas es un volumen con textos de 17 escritores y escritoras de diferentes generaciones que abordan un tema que se mantiene vigente. Por su parte, en La guerra invisible. El último secreto de Malvinas, Marcelo Larraquy narra con ritmo de thriller la trama de inteligencia, espionaje y tráfico de armas de la Guerra de las Malvinas, celosamente guardada por ambos estados durante casi cuatro décadas.

También llegarán a librerías Experiencia de Halcón. Ni héroes ni kamikazes: pilotos de A4B, de Rosana Guber, una investigación etnográfica sobre la experiencia bélica de los pilotos del Grupo 5 de Caza de la V Brigada de la Fuerza Aérea Argentina que pusieron en jaque a la flota británica, y Malvinas. La trama secreta de Ricardo Kirschbaum, la reedición ampliada de un hito de la investigación periodística publicado originalmente en 1983, convirtiéndose en el primer best seller de la primavera democrática.

En plan de reediciones volverán además la novela 1982, de Sergio Olguín, la historia de amor prohibido entre un joven de 19 años y su madrastra en el contexto de la guerra, y Los pichiciegos, de Fogwill, la obra que inauguró la saga literaria malvinera.

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