La aventura sin fin: hace 10 años sufrió un infarto en el Himalaya y viene de completar un impactante itinerario

Ignacio Lucero (48) sufrió un infarto masivo y ACV en Nepal hace una década. Tras una intensa rehabilitación, regresó a sus expediciones y en los últimos 90 días escaló el monte más alto de Alaska y estuvo de expedición en Pakistán. Increíbles anécdotas, algunas de sus fotos y el recuerdo de su compañero Oro, el perro montañés más famoso del mundo y quien murió hace casi un año.

La aventura sin fin: hace 10 años sufrió un infarto en el Himalaya y viene de completar un impactante itinerario
Nacho Lucero, el andinista que hace 10 años sufrió un infarto masivo y un ACV en Nepal y sigue con sus interminables aventuras. Foto: Gentileza Ignacio Lucero.

El montañista y fotógrafo Ignacio Javier Lucero, Nacho para amigos y conocidos, cumplió 48 años este jueves. “Estoy saliendo de la adolescencia”, aclara y sonríe, como siempre. Sus palabras, en todo momento, son pausadas y parece pensarlas muy bien antes de elegirlas. En parte, porque es su estilo y forma de concebir la vida –desde siempre-. Pero, además, porque el 3 de octubre de 2011 Nacho vivió un episodio que lo marcó: sufrió un infarto masivo en Nepal, mientras se alistaba para intentar hacer cumbre en el Manaslu (en la cordillera del Himalaya). Y mientras lo operaban, tuvo un ACV.

A fines de mayo, Nacho Lucero partió rumbo a Alaska. Allí fue el líder de una expedición que hizo cumbre en el monte Denari junto a una persona ciega.
A fines de mayo, Nacho Lucero partió rumbo a Alaska. Allí fue el líder de una expedición que hizo cumbre en el monte Denari junto a una persona ciega.

Poco a poco, Nacho fue recuperando sus facultades, habla incluida; y –tras un alejamiento casi forzoso- también regresó a su vida de montaña, a sus expediciones y a su vida de aventura que pareciera no conocer de techos o límites (casi tanto como las cumbres que alcanza periódicamente y que tiene en mente seguir alcanzando). Hace unos días, casi una década después de este episodio del que aún hoy le quedan algunas secuelas, Ignacio Lucero regresó a Mendoza tras casi tres meses en el extranjero.

Durante esos más de 90 días, el itinerario de Nacho es digno de una película, de un libro o –por qué no- de un documental para Netflix. Primero, diagramó y encabezó una expedición en el Monte Denari (en Alaska) en la que hizo cumbre junto a un hombre ciego por primera vez en la historia. Luego siguió su ruta para el lado de Pakistán (vía Malasia –algo tan ilógico como conflictivo si de revisar distancias se trata-) donde siguió con sus expediciones de montaña (con tormentas, ascensos y descensos nocturnos incluidos) y finalmente regresó hace cinco días a Mendoza, vía Barajas (Madrid) y Ezeiza.

“Vengo de dar ‘la vuelta al mundo en 80 PCR’ que, dicho sea de paso, gasté otra fortuna en ellos”, piensa en voz alta y aporta algo de humor a un periplo que incluyó, en más de 90 días, 17 vuelos y de ellos, siete que fueron suspendidos. Todo esto en el contexto de pandemia de coronavirus. “Llego justo al nacimiento de mi hijo, Salvador Toribio. Nace el 13 de septiembre por medio de una cesárea programada. No hay dudas de que este es un año con mucho movimiento. Pero bueno, así soy yo, necesito moverme porque el movimiento es vida”, continúa en tono filosófico.

Nacho Lucero pasó los últimos tres meses en Alaska y Pakistán, disfrutando y viviendo su vida de la manera que más le gusta: escalando montañas.
Nacho Lucero pasó los últimos tres meses en Alaska y Pakistán, disfrutando y viviendo su vida de la manera que más le gusta: escalando montañas.

¿Algún otro condimento para que no quepan dudas de que la vida de Nacho Lucero es 100% cinematográfica? Sí, la historia de su incondicional y eterno compañero, el perro Oro. Fundamental en la recuperación del andinista luego del infarto masivo y ACV que llevaron a poner en duda la continuidad de las aventuras del mendocino en 2011, Oro falleció en septiembre del año pasado. Y su protagonismo amerita un capítulo o un episodio aparte. “Oro no tenía alas, pero me enseñó a volar”, sintetiza con simpleza el humilde mendocino sobre su inseparable compañero y con quien compartió expediciones y recorrió 15 países. Todo esto a días de que se cumpla el primer aniversario del fallecimiento del perro montañista más famoso del mundo (falleció en septiembre de 2020).

Nacho Lucero y su fil compañero, el perro Oro (quien falleció en septiembre del año pasado).
Nacho Lucero y su fil compañero, el perro Oro (quien falleció en septiembre del año pasado).

Temporada 2: La vuelta al mundo en 80 PCR.

E1: Lo esencial es invisible a los ojos, edición Alaska

Si la vida de Nacho Lucero es digna de una docuserie de Netflix, las aventuras del último trimestre deberían cuadrar en la segunda temporada de su vida. Porque, sin dudas, la primera debería incluir su expedición al Himalaya hace 10 años y aquel infarto masivo que, por momentos, llevaron a pensar en el peor de los desenlaces. Y, en el medio, regresó un par de veces al Aconcagua y protagonizó otras tantas e incontables expediciones.

A fines de mayo de este año, Lucero emprendió su viaje con primer destino a Alaska para ser uno de los responsables de la expedición que tenía como objetivo llevar a Rafa (un aventurero mexicano que quedó ciego en su adolescencia) y a su lazarillo, Omar al pico del Denari, una montaña de 6.200 metros ubicada en ese remoto punto de la región más boreal del continente americano.

Una de las impactantes postales capturadas por Ignacio Lucero en sus últimas aventuras.
Una de las impactantes postales capturadas por Ignacio Lucero en sus últimas aventuras.

“Organizar la expedición fue todo un trabajo de mucho tiempo, que empezó hace más de un año. Cuando nos contactaron para empezar a darle forma, me contaron que una de las personas era ciega. Y si bien yo me dedico desde hace años a esto, nunca había organizado una expedición para personas con discapacidad. Por lo que encontrarle la vuelta para armar la estrategia fue todo un desafío”, recapitula telefónicamente Ignacio Lucero a Los Andes. Lo hace desde su casa, donde está cumpliendo con el aislamiento reglamentario tras haber regresado al país en el contexto de pandemia.

Si bien en un principio Nacho había pensado la estrategia de la expedición para un grupo de tres personas (él, Rafa y Omar), en la medida en que fue tomando forma se sumaron cuatro personas más. “El Denari es una montaña salvaje, tenés que llegar en avioneta ya al campo base, que está a unos 2.000 metros). Una de las grandes dificultades son las tormentas, que muchas veces pueden abarcar toda la expedición. Nosotros tuvimos una tormenta que duró seis días, por lo que debimos extender la expedición. Nos tocó a los 4.500 metros, en el campo 4, y tuvimos que resguardarnos y dormir en una cueva de nieve. Incluso, diagramamos una estrategia de porteos que incluyó que algunos de los expedicionarios subiéramos anticipadamente campo 5 para dejar armados los campamento y volver a bajar”, sigue el mendocino.

Dada la locación del Denari, sus 6.200 metros son relativos y, si se tiene en cuenta que está en la zona del Polo Norte y la capa atmosférica está más “achatada” allí, la sensación es la de estar intentando hacer cumbre en un monte de 8.000 metros (“uno de los ‘ocho miles’”, como les llama Nacho y como se los identifica en la jerga especializada).

El monte Denari en Alaska, los glaciares del Baltoro y el Broad Peak de Pakistán fueron los hogares de Nacho desde fines de mayo.
El monte Denari en Alaska, los glaciares del Baltoro y el Broad Peak de Pakistán fueron los hogares de Nacho desde fines de mayo.

“Otra de las dificultades tiene que ver con las grietas y el tránsito del glaciar con trineos. Los impulsábamos nosotros mismos, con 40 kilos de carga. Usamos una sonda de casi tres metros, y cascabeles –que en realidad se usan para son para espantar osos-. Me los ponía yo u Omar y eso servía para guiar a Rafa. Realmente Rafa es un fuera de serie”, sintetiza con orgullo el andinista mendocino.

La expedición propiamente dicha comenzó entre el 7 y el 8 de junio, y se extendió durante casi 25 días. No fue nada simple, a tal punto de que cuatro de los siete participantes originales debieron regresar antes de alcanzar la cumbre. Solo Nacho, Rafa, Omar y Johnny (uno cordobés de los que se sumó con la expedición ya armada) llegaron al punto cúlmine. “El día en que hicimos cumbre hacía -20 grados. Yo ya había estado antes en el Denari, pero no había hecho cumbre. En esta oportunidad diseñamos una estrategia sin carpa ni bolsa de dormir, directamente vivaqueamos en una cueva. Nos llegamos a ‘comer’ -32 grados. Te juro que los tiritones salían desde el estómago y parecían espasmos” se sincera.

Las bajas temperaturas, las tormentas, las distancias, los glaciares y lo empinado de algunos tramos del descenso marcaron el ritmo de complejidades y adversidades del Denari. A todo esto hay que agregarle, además, el hecho de que Rafa es ciego y de que Nacho sufrió un infarto masivo hace una década.

“Hay pocos antecedentes de una persona que haya tenido un infarto masivo y sobrepasara esa temperatura. Eso fue una conquista, y me sirvió para saber cómo están los límites y mi corazón con esa temperatura. Fui a la montaña más fría del mundo sin carpa y con vivac”, concluye Ignacio Lucero al referirse a la última parte de este primer episodio de la segunda temporada de sus temerarias aventuras.

Nacho Lucero coordinó 17 vuelos (siete de ellos fueron suspendidos) y debió someterse a muchos testeos por la pandemia. "Di 'la vuelta al mundo en 80 PCR'" bromea.
Nacho Lucero coordinó 17 vuelos (siete de ellos fueron suspendidos) y debió someterse a muchos testeos por la pandemia. "Di 'la vuelta al mundo en 80 PCR'" bromea.

E2: Pakistán y los 17 vuelos en medio de la pandemia

Una vez completada la expedición al Denari en Alaska, Ignacio Javier Lucero continuó con otra de sus aventuras, esta vez en el continente asiático. “De Alaska seguí para Pakistán e hice un trekking por toda la zona del Baltoro, los glaciares más grandes del mundo ubicados en la cordillera de Karakórum. Es el trekking más hermoso del mundo”, repasa Lucero sobre su segunda parada en esta “Vuelta al mundo en 80 PCR”.

Para cuando Lucero estaba recorriendo –una vez más- este impactante paisaje, ya había comenzado el mes de julio. “Después de ese trekking, me quedé en el Broad Peak (también dentro de la cordillera Karakórum y frente al K2). Fui solo, y si bien tuve la intención de sumarme a otras expediciones, llegué tarde a la temporada”, sostiene.

Basta con repasar un planisferio para observar que si la intención es llegar de Alaska a Pakistán, no hay explicación lógica para una escala (al menos estratégica) en Malasia. Pero si hubo algo que no acompañó a Nacho en esta segunda parte del itinerario fue la lógica o el sentido común, al menos en la programación de vuelos. “Casi que di la vuelta al mundo para poder llegar a Pakistán. Entré por Doha y estando en Kuala Lumpur (Malasia), la policía del aeropuerto se sorprendió de que llegara por allá y me revisaron todo, era sospechoso y hasta absurdo. Pero, después de un tiempo y revisar todo, entendieron que había ido por allá ya que no tenía otra manera de ir”, agrega.

En total el itinerario de Lucero incluyó 17 vuelos, de los cuales siete fueron suspendidos por los que debió recalcular su hoja de ruta. Días enteros en el aeropuerto, pasajes comprados a precios más que promocionales y que terminaron siendo un espejismo (porque, como dicen, lo barato sale caro y Nacho debió gastar en tickets más caros para remendar esa falla) y hasta la piedad de algunos trabajadores de aeropuertos fueron una constante en esta instancia. “Le tengo más miedo a los aeropuertos que a las avalanchas, las tormentas y las grietas”, enuncia sin dudarlo.

Nacho y el resto de los expedicionarios se resguardaron dentro de cuevas en la nieve a -32 grados. "No sabía si iba a poder resistirlo después del infarto, pero pude", reflexiona.
Nacho y el resto de los expedicionarios se resguardaron dentro de cuevas en la nieve a -32 grados. "No sabía si iba a poder resistirlo después del infarto, pero pude", reflexiona.

En el Broad Peak pakistaní, Nacho Lucero estuvo cerca de un mes. El haber completado en Denari de Alaska en la expedición previa le habría permitido llegar, incluso, hasta aclimatado a las condiciones atmosféricas de este pico del Karakórum. Claro que todo esto sin contar esa inesperada escala de 11 días que lo paseó por Doha y Malasia. “En esos 11 días perdí la aclimatación, por lo que tuve que llegar y adaptarme en el lugar. Iba en contrasentido de las expediciones; cuando todos bajaban, yo subía. Aproveché y usé las tormentas para aclimatarme, estuve en los distintos campos del Broad Peak para ello. Recuerdo que la gente iba bajando y me veían subiendo, por lo que me advertían que no siguiera porque había tormentas. Pero, qué decirte, las tormentas casi que me gustan y yo entro en una especie de Nirvana. Mi cerebro disfruta de estar en una carpa, estar en mi carpa es estar en mi cabeza”, reflexiona profundamente, una vez más en voz alta.

Las distintas circunstancias y contratiempos que se precipitaron derivaron en que Ignacio Lucero no pudiera llegar a la cumbre del Broad Peak (algo que había hecho en 2019). Lo más alto que alcanzó fueron los 7.250 metros. “Bajar fue otro periplo y me tomó seis días volver a la capital de Pakistán. Por supuesto que, una vez más, perdí los vuelos”, rememora.

Luego de hacer cumbre en 2019, Nacho regresó en julio de este año al Broad Peak en Pakistán, uno de los picos "ocho miles".
Luego de hacer cumbre en 2019, Nacho regresó en julio de este año al Broad Peak en Pakistán, uno de los picos "ocho miles".

E3: En el límite con Afganistán y el peligro talibán

La ruta del vuelo que Ignacio Lucero había adquirido para salir de Pakistán no estaba habilitada en el momento en que el mendocino se disponía a regresar. Y la opción que encontró no era la más cómoda, precisamente, pero le permitía abandonar ese país. Debía trasladarse al límite entre ese país y Afganistán.

“Al haber perdido el vuelo, quise aprovechar para ir a conocer más Afganistán y regresar desde allá. En otro viaje ya había estado en la frontera entre Pakistán y Afganistán, pero quería adentrarme más. Y cuando me estaba por ir, justo me contactó un amigo para decirme que no fuera hasta el límite y regresara a Islamabad porque estaba jodido todo. ¡Cuatro días después de eso estalló toda la situación con los talibanes en Afganistán!”, sostiene el mendocino.

Viajar de Pakistán hacia Madrid –para luego regresar a Argentina- no fue nada fácil para Lucero. Pero finalmente, gracias a que algunos astros se alinearon y le permitieron atravesar algunas fronteras –incluso con las restricciones-, Lucero pudo volver a casa.

Nacho Lucero regresó hace unos días y se prepara para el nacimiento de su primer hijo, Salvador.
Nacho Lucero regresó hace unos días y se prepara para el nacimiento de su primer hijo, Salvador.

“Fue un viaje caro y difícil. Por empezar, en Estados Unidos y Alaska te piden todos los permisos, seguros y el pago del posible rescate en helicóptero; además de teléfono satelital y GPS con datos. Las cancelaciones de vuelos abruptas también terminan derivando en gastos inesperados y en PCR he gastado una fortuna también. En Miami te cobran 170 dólares por una prueba, mientras que en Madrid -para regresar- gasté 180 euros”, reconstruye Nacho.

E4 (in memoriam): Oro eterno

El 2020 no fue un buen año para nadie y, como no podía ser la excepción, tampoco lo fue para Nacho. Oro, su perro y fiel e incondicional compañero, falleció a comienzos de septiembre luego de que le detectaran un tumor cancerígeno que se le generó tras un golpe.

Oro, el compañero fiel e inseparable de Nacho Lucero y quien falleció en septiembre del 2020.
Oro, el compañero fiel e inseparable de Nacho Lucero y quien falleció en septiembre del 2020.

“Varias veces viajamos con Oro y participamos de expediciones. Fue a Francia, España, Bélgica, Austria, Eslovaquia y Chile, entre otros países, conmigo. Y disfrutamos un montón todo. Él me dio tanto, me enseñó tanto y nos hicimos tan bien”, recuerda Nacho. De hecho, Oro fue uno de los pilares en que el andinista se apoyó para la rehabilitación luego del infarto masivo de 2011.

Hace unos días, cuando Ignacio Lucero regresó a su casa y mientras ordenaba sus cosas, fue partícipe un emotivo momento y que, como él mismo define, le puso la “piel de gallina”.

hay gente que ha intentado comprar el equipamiento de montaña de Oro, pero Nacho no lo quiere vender por nada en el mundo.
hay gente que ha intentado comprar el equipamiento de montaña de Oro, pero Nacho no lo quiere vender por nada en el mundo.

“En un segundo me di vuelta y me pareció sentir que Oro venía corriendo a donde estaba, Me pareció oír el mismo sonido que hacía cada vez que venía a verme, sentí como si me hubiera venido a saludar”, afirma.

La muerte de su perro y amigo fue un todo proceso que incluyó un difícil mes y medio de padecimientos. “Intentamos seguir haciendo la vida de compañeros hasta el final. La última montaña que subimos fue el Cerro Pelado (en Mendoza) y antes de que llegara a la cumbre lo cargué en la mochila y él estaba feliz, fue como un agradecimiento a todo”, destaca Lucero.

Oro fue fundamental en la recuperación de Nacho y viajó a más de 15 países con el mendocino. Juntos subieron cientos de cerros.
Oro fue fundamental en la recuperación de Nacho y viajó a más de 15 países con el mendocino. Juntos subieron cientos de cerros.

Incluso, una semana antes de que Oro falleciera se largaron juntos en parapente desde el Cerro Arco. “Recuerdo que él iba muy tranquilo, como un sensei. Oro me curó a mí y yo lo extraño horrores. Como él me acompañaba a las expediciones, tenía su propio equipamiento (lentes y bolsa de dormir, entre otras cosas). Y me los han querido comprar, pero yo no lo puedo vender”, se explaya Nacho.

Avance de temporada 4: De vuelta al Manaslu, 11 años después

El 3 de octubre de 2011, estando en Nepal y preparándose para intentar hacer cumbre en el Manaslu, Nacho Lucero sufrió un infarto masivo. A ello se le agrega que, mientras lo operaban, sufrió un ACV. La rehabilitación no fue nada fácil, pero poco a poco el andinista regresó a su gran amor: la montaña.

Y casi 10 años después de ese episodio y de ese nuevo volver a nacer, Nacho tiene en claro que es el momento de volver a animársele al Manaslu (en el Himalaya). “En septiembre del año que viene voy a volver al Manaslu, la misma montaña en que tuve el infarto en 2011. En 2019 ya hice cumbre en el Gasherbrung II (8.035 metros) y en el Broad Peak (8.047 metros) de Pakistán, y ahora hice cumbre en Denali de Alaska, la montaña más fría del mundo. Me convertí en el primer infartado masivo en hacer cumbre en un ‘ocho mil’ y quiero seguir”, enumera Lucero.

Nacho Lucero y una de las fotos que tomó hace una década en su viaje por Asia.
Nacho Lucero y una de las fotos que tomó hace una década en su viaje por Asia.

Entre sus proyectos a futuro también sobresalen brindar charlas (en streaming o presenciales) sobre sus expediciones, exhibir algunas de sus fotografías –de montaña y otras artísticas y más étnicas-, además del regreso al Himalaya. “Después del infarto no volví más. Pero creo que ya está la madurez para volverlo a intentar”, piensa. Además, está con el proyecto –tangible- de llegar a comercializar expediciones de trekking a Pakistán.

A priori, la nueva temporada de las aventuras de Nacho Lucero ya tienen fecha desde la planificación. Será cuestión, entonces, de aguardar hasta septiembre del 2022 para seguir viviendo su adrenalina.

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