16 de enero de 2026 - 07:30

Encuesta: uno de cada cinco trabajadores están "quemados", pero es el nivel más bajo desde 2019

Los más afectados por el llamado “burnout” son quienes tienen menor nivel educativo mientras que los más jóvenes son los que reciben menos impacto.

Esto implica que 1 de cada 5 trabajadores mostraron un altísimo grado de agotamiento y estrés. Sin embargo, hay algo que llama la atención: pese a esto, el dato expresa un descenso respecto a relevamientos anteriores y es el más bajo desde 2019. Pero claro, en el medio se había presentado un importante repunte.

El abordaje se realiza desde 2018, periodo en el cual se observan dos picos bien marcados. Desde el inicio la tendencia fue en ascenso desde el 19,3% afectado en 2018 hasta el punto máximo en 2022 de 27%. Luego de un leve descenso en 2023, el otro máximo fue en 2024 cuando fue casi igual: 26,8%. Luego de ese último pico, se observa una paulatina baja para llegar a esta última medición que, sin embargo, no es para nada menor.

Estrés laboral
Una encuesta realizada en Argentina dio cuenta de que la salud de los trabajadores en Argentina dista de ser la ideal. Un relevamiento que realiza periódicamente Insight 21, el think tank de Universidad Siglo 21, arrojó como resultado que 19,9% de los consultados dijeron estar “quemados

Una encuesta realizada en Argentina dio cuenta de que la salud de los trabajadores en Argentina dista de ser la ideal. Un relevamiento que realiza periódicamente Insight 21, el think tank de Universidad Siglo 21, arrojó como resultado que 19,9% de los consultados dijeron estar “quemados"

El dato no deja de ser llamativo en un contexto complejo en el plano socioeconómico, con pérdida del poder adquisitivo de los salarios y una alta proporción de la población argentina con dificultades para cubrir sus necesidades. En ese mismo marco, más personas tienen más de un empleo o actividad y hay un deterioro de la calidad del empleo debido a un avance del mercado informal. El asunto lleva a plantearse qué estrategias está poniendo en juego la ciudadanía para afrontar un largo y complejo periodo social que podría tener un punto de inflexión a partir de la última pandemia y un cambio de perspectiva.

Cómo afecta el burnout a las personas

El estudio se realizó a partir del Maslach Burnout Inventory (MBI), el principal instrumento validado a nivel internacional para evaluar el agotamiento emocional, el distanciamiento mental del trabajo y la disminución del rendimiento laboral asociados al estrés crónico. “Según esta investigación del Observatorio de Tendencias de Insight 21, el burnout cayó 4 puntos porcentuales en comparación con el primer trimestre de 2025, cuando el 23,9% de los trabajadores presentaba síntomas de estrés crónico”, resalta el informe. El abordaje tomó 1.050 casos de varones y mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 65 años, residentes en Ciudad de Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Córdoba, Corrientes, Mendoza, Rosario y San Miguel de Tucumán.

Es sorprendente como, a la inversa de lo que puede suponerse, en los últimos relevamientos, el indicador es superior en marzo que en noviembre de cada año.

Trabajadores desesperanzados

Desde su experiencia, la psicóloga social y laboral Nilda Bautista, asegura que a las personas que llegan a su consultorio se las ve “totalmente sobre-exigidas y muy desesperanzadas”.

Sin embargo, no siente que haya habido una baja por los últimos meses del año. “Coincido con la encuesta diría más o menos hasta septiembre del año pasado, porque desde entonces esta situación ha aumentado. Hay mucho agotamiento, realmente la gente se siente muy cansada, en lo cual tiene mucho que ver tanto la parte económica como el miedo a la pérdida de empleo, el no poder sostenerse incluso quienes tienen uno o dos empleos, o quizás en uno están recargados de horas”. Por eso aseguró: “Estos meses ha aumentado realmente el sentirse quemado, el sentirse agotado, sin fuerzas, sin ganas y está el tema tanto en algunos ambientes laborales como en las familias”, apuntó.

El burnout, conocido también como síndrome de desgaste laboral, es una condición reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) vinculada al estrés crónico en el trabajo. Se caracteriza por un marcado sentimiento de agotamiento, pérdida de interés y distanciamiento mental del trabajo, y una disminución del rendimiento laboral, tal cual explican en el observatorio de tendencias. Resaltan que este fenómeno impacta negativamente en las organizaciones, generando mayores tasas de ausentismo, rotación, disminución de la productividad y elevados costos económicos. También afecta la salud de los trabajadores, ya que el burnout es un factor de riesgo para el desarrollo de diversos problemas de salud física y mental.

Los más y menos afectados por el agotamiento

Los investigadores saben que el burnout puede variar según los factores sociodemográficos por eso analizan posibles diferencias según edad, sexo y nivel educativo. En primera instancia se observó que no hay grandes diferencias entre los géneros pero si en el resto de las variables.

Pero en particular, la edad y el nivel de formación parecen marcar una notoria brecha. Según el estudio, los jóvenes y las personas con mayor nivel educativo muestran menos niveles de burnout.

En cuanto a la edad, los niveles de burnout cayeron en todos los grupos de edad y los jóvenes, de entre 18 y 29 años, presentan los niveles más bajos. En contraposición, los adultos de mediana edad son los más afectados, comprensible por el nivel de actividad de este grupo y las demandas propias de esa etapa de la vida.

En cuanto al nivel educativo, a medida que desciende aumenta el impacto. Las personas con posgrados son las que manifiestan menos nivel de burnout, seguidas de aquellas con estudios de nivel superior. Por el contrario, quienes tienen hasta estudios primarios son los que presentan mayor afectación, y a diferencia del resto, muestran una tendencia fluctuante y en ascenso.

Estrés laboral
Una encuesta realizada en Argentina dio cuenta de que la salud de los trabajadores en Argentina dista de ser la ideal. Un relevamiento que realiza periódicamente Insight 21, el think tank de Universidad Siglo 21, arrojó como resultado que 19,9% de los consultados dijeron estar “quemados

Una encuesta realizada en Argentina dio cuenta de que la salud de los trabajadores en Argentina dista de ser la ideal. Un relevamiento que realiza periódicamente Insight 21, el think tank de Universidad Siglo 21, arrojó como resultado que 19,9% de los consultados dijeron estar “quemados".

En la comparativa entre los últimos dos relevamientos, de noviembre de 2024 y marzo de 2025, “el burnout disminuyó en las personas con estudios secundarios y superiores, mientras que aumentó en los grupos con nivel primario y posgrado”, concluye el informe. Asimismo, el incremento más significativo se observó en el nivel primario (de 35,3% a 41%) mientras que la brecha de burnout entre quienes poseen bajo nivel educativo y aquellos con estudios medios o superiores supera el 20%, agrega.

Qué disminuye el agotamiento

A partir de todo esto cabe preguntarse qué condiciones pueden estar atenuando el impacto en los mencionados grupos y en particular en el descenso de los últimos meses, pese a una sobrecarga laboral para amplios segmentos y el fin de año, que suele ser especialmente agotador. Por un lado, aparece el impacto de la última pandemia que implicó para amplios sectores un cambio en sus concepciones y una tendencia a valorar el bienestar, el cuidado personal y el disfrute que pueden funcionar como atenuantes. Pero además, esto mismo se trasladó a las demandas hacia los ámbitos laborales, quienes han tenido la posibilidad de hacerlo. Elegir más qué y cómo hacer, incluso esperar de las empresas un compromiso en el mismo sentido acompañado de un mayor equilibrio con la vida personal y familiar.

En cuanto a las edades, puede inferirse el impacto de visión de la vida de cada generación, que en los más jóvenes, muchas veces acusados de ser más volátiles, encuentra en realidad una mayor libertad para elegir y la posibilidad de estar menos atados a entornos y empleos que no eligen para privilegiar sus deseos. También se dan así las condiciones porque es más probable que no tengan la carga de mantener una familia o aun tienen padres que pueden sostener y acompañar las elecciones. Asimismo, las personas con mayor nivel de formación, más valorados por el mercado, también tienen más posibilidades de elegir, pero lo cierto es que también, suelen desempeñarse en algo que eligieron, que disfrutan, con chances de desarrollo y valoración y eso puede ser un buen atenuante para la sobrecarga laboral.

Aportar valor al empleo

“Ha habido un gran interés en Mendoza, por lo menos, por empezar a tener en cuenta el bienestar, y sobre todo en los trabajos que requieren más capacitación”, sostuvo la psiquiatra, Sol Guerrero, especialista en burnout.

El Home Office que llegó con la pandemia favoreció el estrés laboral
El Home Office que llegó con la pandemia favoreció el estrés laboral
El Home Office que llegó con la pandemia favoreció el estrés laboral

“Los jóvenes necesitan más flexibilidad en los trabajos, entonces, si algo no les gusta, se van a otro, por eso, la movilidad entre trabajos en la gente joven es mucho mayor que en la gente mayor”, señaló. Como consecuencia, en trabajos donde valoran sus perfiles o se ha invertido en capacitación, las empresas buscan aportar valor al puesto para mantenerlos.

Lo mismo sucede con personas con posgrados o estudios universitarios específicos. Además sumó: “Yo creo que ya la gente no tiene tanto miedo a cambiar de empleo si no le sirve o si no le gusta. Como que eso, incluso este malestar económico te hace ir a buscar otras posibilidades o te echan, y entonces tenés que salir a buscar nuevas opciones. Así que hoy también hay mucha gente que después de dejar una relación laboral, empieza un nuevo emprendimiento, empieza como algo por su cuenta”, dijo en relación a una actividad que sea más satisfactoria.

Los autores del estudio subrayan la necesidad de acciones colectivas para afrontar esta problemática y promover el bienestar. Apuntan a la participación activa de organismos públicos, empresas, sindicatos, universidades y organizaciones de la sociedad civil. “Esto implica avanzar en políticas y programas de prevención del estrés y la fatiga, promover entornos de trabajo saludables y sostenibles, fortalecer las capacidades institucionales para el cuidado del personal y generar evidencia que oriente decisiones en materia de salud ocupacional y productividad”, remarcan.

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