tarUn episodio de estrés o ansiedad o simplemente una rutina laboral agitada pueden acelerar el ritmo cardíaco. Sin embargo, diferenciar entre una reacción provocada por la ansiedad y un síntoma de alerta para la salud cardiovascular suele generar dudas.
En diálogo con Radio Aconcagua, durante la columna “Tu corazón al día”, la médica cardióloga y especialista en cardiometabolismo y diabetes, Anyelen Nasif Bernardi, detalló cómo reconocer el estado de nuestro pulso, qué factores cotidianos alteran la frecuencia y en qué momento es indispensable hacer una consulta médica de urgencia.
¿Ansiedad o enfermedad? Cómo medir la frecuencia cardíaca
La especialista aclaró en primer lugar cuáles son los valores de referencia para el funcionamiento del corazón: “Taquicardia es cuando la frecuencia cardíaca está por encima de 100 latidos por minuto, y bradicardia cuando hay menos de 60”. No obstante, advirtió que estos extremos no implican de forma automática la presencia de una enfermedad. Situaciones como la fiebre, un cuadro de estrés o el acondicionamiento físico en deportistas (que suelen registrar frecuencias de 50 latidos por minuto) pueden alterar estos parámetros de manera fisiológica.
Salud cardiovascular: Ciertas situaciones, como la ansiedad, pueden acelerar el ritmo cardiaco. ¿Cómo saber cuando se trata de una alerta?
Para el monitoreo en el hogar, la profesional sugirió una técnica sencilla: colocar tres dedos sobre la muñeca, tomar el pulso durante 15 segundos y multiplicar el resultado por cuatro para obtener la frecuencia por minuto. “Sentir que el corazón late no significa que haya algún problema. Hay que consultar, sí, pero tener en cuenta cuáles son las pautas de alarma”, indicó.
En cuanto a las consultas en el consultorio, la médica destacó un aumento en casos de taquicardia vinculados al ritmo de vida actual: “Tengo muchas pacientes con taquicardia últimamente. Taquicardias que no tienen muchas explicaciones; hacemos estudios cardiológicos y está todo bien. Impresiona que hay un estado ansioso permanente en el que estamos viviendo”.
Factores que alteran el ritmo cardíaco: comidas, temperatura y esfuerzo
Diferentes situaciones cotidianas pueden repercutir en el sistema cardiovascular:
Comidas abundantes: Tras una ingesta copiosa rica en grasas o alcohol, la sangre se concentra en el sistema digestivo, lo que puede generar mareos o sensación de decaimiento. Ante esto, la especialista recomendó beber agua, recostarse y elevar las piernas.
Cambios de temperatura: El frío genera vasoconstricción arterial, mientras que el calor produce vasodilatación. Por ello, la frecuencia cardíaca acompaña las variaciones de la presión para compensar la circulación.
Emociones intensas y reflejo vasovagal: Ante picos de estrés o euforia, como los experimentados durante partidos de fútbol, se activa el sistema nervioso. En situaciones extremas, el cuerpo busca bajar la alta presión y frecuencia mediante el sistema parasimpático, lo que puede provocar un desmayo. “Es lo mejor que le puede pasar, desmayarse, porque si sigo con ese estado forzando el cuerpo... no”, explicó la doctora.
Hábitos y extrasístoles: Los latidos anticipados, asociados frecuentemente a la ansiedad, pueden prevenirse reduciendo el consumo de café y mate, mejorando el descanso, evitando comidas muy condimentadas y realizando actividad física regular.
Las pautas de alarma: cuándo consultar de urgencia
La profesional enfatizó que se debe buscar atención médica inmediata si las palpitaciones se acompañan de síntomas severos: “¿Cuáles son las de urgencia? Bueno, aquellas en las que transpiro, me duelen las piernas, algo me pasa, veo borroso o tengo que dejar de hacer lo que estoy haciendo”.
Salud cardiovascular: Ciertas situaciones, como la ansiedad, pueden acelerar el ritmo cardiaco. ¿Cómo saber cuando se trata de una alerta?
Respecto al dolor en el pecho, señaló que el dolor provocado por una arteria obstruida interrumpe cualquier actividad de forma drástica: “Generalmente, el dolor de una arteria tapada es un dolor con el que no podés seguir haciendo otra cosa. El paciente se tiene que agarrar el pecho y se tiene que sentar. No puede hacer otra cosa, es un dolor muy, muy fuerte”. Asimismo, advirtió que molestias o puntadas al caminar en personas mayores de 50 años con diabetes o hipertensión requieren evaluación por posible angina inestable.
Primeros auxilios para el corazón
Ante la sospecha de un infarto o presenciar que una persona se desploma y no responde, la indicación principal es llamar de inmediato al 911 e iniciar las compresiones torácicas.
“Si tengo una persona al lado a la que le duele el pecho, no le toco el pulso o por lo menos no responde, lo primero que empiezo a hacer es a masajear el corazón. Eso salva vidas”, remarcó la especialista. Para realizar la maniobra con la frecuencia correcta, recordó el ritmo de la famosa canción Stayin' Alive: “Con ese ritmo no fallo, porque si no estoy como todo el tiempo rápido, rápido, y eso no es efectivo. Compresiones efectivas son las que le salvan la vida a la persona”.
Chequeos preventivos a partir de los 35 años
Finalmente, Nasif Bernardi hizo hincapié en la prevención, especialmente en personas jóvenes o deportistas amateurs que realizan esfuerzos físicos intensos sin un seguimiento adecuado.
“Aquellas personas que, como cuestión social, hacen una juntadita para jugar un fútbol, háganse una ergometría al año. Una ergometría al año después de los 35 años; hay que hacerse estudios cardiológicos sí o sí, y eso bajaría mucho la tasa de infarto”, concluyó.