El entrenamiento ocupa un lugar central en la búsqueda de una vida más saludable y el bienestar general. Sin embargo, esta decisión no siempre se acompaña de información adecuada ni de una planificación acorde a cada cuerpo. La falta de orientación genera una serie de errores que se repiten tanto en quienes recién comienzan como quienes entrenan desde hace tiempo.
Por sí solo, el deporte no hará bajar de peso. El aspecto nutricional es fundamental: para notar cambios debe estar asociado a una ingesta adecuada o baja en calorías y buena hidratación, de manera disciplinada.
Cuáles son los errores más comunes a la hora de entrenar
Uno de los puntos más descuidados es la hidratación.
- El organismo necesita líquidos de forma constante y esta demanda aumenta durante el ejercicio. Beber solo cuando aparece la sensación de sed no alcanza para mantener el equilibrio.
- La hidratación adecuada debe realizarse antes, durante y después de entrenar, con mayor atención en días de calor o humedad. Para rutinas de hasta una hora el agua suele ser suficiente, mientras que en entrenamientos más prolongados pueden incorporarse bebidas deportivas.
- En cambio, las bebidas energizantes, el alcohol, el café y las gaseosas no resultan convenientes porque favorecen la deshidratación. Junto con esto aparece otro error habitual: alimentarse de manera desequilibrada o insuficiente.
Con el aumento de las temperaturas, la llegada de la primavera y el verano, la hidratación se vuelve esencial para nuestra salud y bienestar.
Con el aumento de las temperaturas, la llegada de la primavera y el verano, la hidratación se vuelve esencial para nuestra salud y bienestar.
Una buena alimentación
La alimentación necesita ser variada y adaptarse a la intensidad, la frecuencia y el tipo de actividad, además de contemplar las características físicas de cada persona.
- Las dietas de moda o extremadamente bajas en calorías, sobre todo en adolescentes, pueden generar efectos rebote y trastornos alimentarios.
También se observan fallas en los tiempos de ingesta.
- Entrenar en ayunas puede provocar hipoglucemia y disminuir el rendimiento, mientras que hacerlo inmediatamente después de una comida abundante dificulta la digestión y genera malestar.
- Un desayuno equilibrado o una colación liviana, junto con al menos una hora de espera tras una comida principal, permiten afrontar el ejercicio con mayor seguridad.
Dieta mediterránea, ideal y saludable
La importancia de planificar
La indumentaria y la planificación ocupan otro lugar clave.
- Usar ropa incómoda o calzado inadecuado incrementa el riesgo de lesiones.
- La vestimenta debe facilitar la transpiración y las zapatillas tienen que amortiguar el impacto, especialmente al caminar, correr o saltar.
- Abrigarse en exceso o utilizar fajas térmicas no acelera el adelgazamiento. La mayor transpiración solo implica pérdida de líquidos y minerales, con el consiguiente descenso del rendimiento.
Entrenar sin una rutina personalizada o copiar programas ajenos también suele derivar en lesiones y abandono.
- La progresión debe ser gradual y adaptada a cada persona, con variaciones de ejercicios e intensidad para evitar que el cuerpo se estanque.
- El calentamiento previo y la elongación posterior son otros puntos que muchas veces se omiten. Estos momentos preparan al cuerpo, mejoran la flexibilidad, contribuyen a la postura y reducen el riesgo de lesiones.