Cuando hablamos de postres, muchas veces aparece la idea de que lo “saludable” es aburrido, seco o poco tentador. Pero por suerte eso quedó bastante atrás y se puede disfrutar de algo rico, con sabor a postre de verdad, y al mismo tiempo usar ingredientes más livianos y equilibrados, como la tarta de dulce de leche y frutillas.
Esta tarta combina una base sin harinas refinadas, un relleno cremoso y el toque fresco de la fruta, sin complicaciones y con resultados que sorprenden. Es una receta ideal para quienes buscan bajar un poco el consumo de azúcar o harinas tradicionales, pero no quieren resignar el placer de una buena tarta.
Funciona perfecto como postre de fin de semana, para una merienda especial o incluso para llevar a una reunión y quedar muy bien. Además, se prepara en pocos pasos y no requiere técnicas raras ni utensilios especiales. Con un bowl, una cuchara y un horno, alcanza.
La base, hecha con harina de coco y harina de almendras, queda suave pero firme, con un sabor delicado que acompaña muy bien el relleno. El dulce de leche, mezclado con queso crema, aporta cremosidad y ese gusto tan nuestro que nunca falla. Y las frutillas, protagonistas indiscutidas, suman frescura, color y un contraste perfecto con el dulzor del relleno. El resultado es una tarta equilibrada, liviana y muy agradable al paladar.