1 de junio de 2026 - 11:10

La cortadora de pasto pasó de moda: cómo es el método japonés que promete reemplazarla en 2027

Utilizar los restos de la poda como mantillo protege el suelo de la sequedad, atrae lombrices y permite que las plantas sobrevivan mejor a las altas temperaturas.

Cada vez más propietarios de jardines saben que el cortacésped pasó de moda. Muchos se ellos se inclinan por un método de inspiración japonesa. Este enfoque consiste en trabajar con la naturaleza en lugar de contra ella, permitiendo que el césped crezca libremente y convirtiendo los restos de la poda en un recurso valioso para el suelo.

La noción tradicional de que un jardín bien cuidado debe ser simétrico y estar libre de elementos silvestres está perdiendo terreno ante la necesidad de ahorrar trabajo. Muchos aficionados descubren que el esfuerzo por mantener la hierba al ras suele ser un proceso innecesario que expone la tierra al sol directo. Al dejar que la vegetación siga su curso natural, el césped deja de ser un problema de mantenimiento para convertirse en una ayuda para el ecosistema.

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El césped como recurso y protección térmica

El núcleo de este método es el uso estratégico del mantillo. En lugar de retirar los recortes de hierba, estos se dejan en el suelo o se colocan alrededor de árboles y arbustos. Esta capa actúa como una protección que retiene la humedad y evita que la tierra se seque por completo. Con el tiempo, este material se descompone y se transforma en un fertilizante natural que nutre las plantas sin necesidad de químicos externos.

Los beneficios de esta práctica son acumulativos según los defensores del sistema. El suelo mejora su estructura, permitiendo la aparición de más lombrices y microorganismos beneficiosos. Además, las plantas desarrollan una mayor tolerancia a los periodos de calor extremo, ya que el suelo no está desnudo ni expuesto directamente a la radiación solar. Esto reduce drásticamente la frecuencia del riego, ahorrando agua y tiempo de trabajo.

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Cómo aplicar el método japonés en tu jardín

Aceptar que el jardín no tiene que parecerse a un campo de golf es una liberación para muchos propietarios. Se puede priorizar el corte solo en zonas esenciales como senderos o terrazas, dejando que el resto del terreno se desarrolle de forma natural. Este cambio de mentalidad transforma el jardín de un proyecto que requiere control constante en un ecosistema vivo que se regula y desarrolla por sí mismo.

El resultado es un espacio con más vida y menos exigencias laborales de cara al verano. Al romper con el estigma de que la tierra descubierta es señal de orden, se fomenta un entorno mucho más saludable y equilibrado. Menos viajes con la cortadora de césped significan más tiempo para disfrutar de un paisaje que, aunque menos simétrico, resulta más resistente ante los desafíos climáticos actuales.

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