29 de mayo de 2026 - 09:53

Un estudio de psicología concluyó: las personas nacidas entre 1945 y 1965 tienen una ventaja psicológica inigualable

No se trata de una generación superior, sino de una capacidad muy estudiada en la adultez mayor: regular mejor las emociones y priorizar lo importante.

La investigación sobre envejecimiento muestra que los adultos mayores suelen reportar experiencias emocionales más positivas de lo que se esperaría, incluso frente a pérdidas, cambios físicos o etapas de incertidumbre.

Esto no significa que no sufran, no se angustien o no tengan problemas. Significa que, con los años, muchas personas aprenden a elegir mejor qué discusiones dar, qué vínculos cuidar y qué situaciones dejar pasar.

La ventaja psicológica, entonces, no es la dureza emocional, sino la capacidad de administrar mejor la propia energía.

Qué dice la teoría de la selectividad socioemocional

La teoría de la selectividad socioemocional, desarrollada por Laura Carstensen y otros investigadores, plantea que cuando las personas perciben el tiempo como más limitado, priorizan metas emocionalmente significativas.

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En palabras simples: con la edad, muchas personas dejan de invertir tanta energía en vínculos vacíos, conflictos menores o expectativas ajenas.

Ese cambio puede volverlas más selectivas, más claras y menos disponibles para dramas innecesarios. No porque no les importe nada, sino porque saben mejor qué sí importa.

Por qué esta generación entrenó resistencia emocional

Quienes nacieron entre 1945 y 1965 atravesaron cambios enormes: transformaciones laborales, crisis económicas, nuevas tecnologías, dictaduras o conflictos políticos según el país, y modificaciones profundas en la familia.

Ese contexto pudo entrenar adaptación. Muchas personas de esa generación aprendieron a resolver con menos recursos, esperar más, hablar menos de emociones y sostener responsabilidades desde jóvenes.

La madurez que hoy parece menos común

La capacidad más valiosa puede ser la perspectiva. Después de décadas de vida, muchos problemas se vuelven menos absolutos y más manejables.

Una mala noticia, una crítica o una discusión ya no necesariamente destruyen el día completo. La experiencia permite ubicar cada cosa en una escala más realista.

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