A menudo se habla del cerebro como un órgano independiente, ubicado en la parte superior del cuerpo y alimentado únicamente por palabras cruzadas y acertijos. Sin embargo, le encanta cuando te mueves, especialmente cuando son tus piernas las que entran en acción.
Tan pronto como caminas, subes escaleras o te levantas de una silla con energía, tus músculos inferiores se activan y contribuyen a un mejor retorno sanguíneo hacia el corazón. El resultado: el cerebro recibe más oxígeno y nutrientes esenciales. Este impulso circulatorio se asocia, según diversos estudios, con una mejora en funciones clave como la atención, la memoria y la agudeza mental.
Ejercicios
Hay actividades que reactivan el físico y la mente.
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Cuando tus piernas se mueven, no solo llevan tu peso o te transportan de un punto A a un punto B. Comunican. Al trabajar, liberan sustancias llamadas miokinas, pequeños mensajeros biológicos que dialogan con el cerebro. Algunas se estudian por su papel potencial en la plasticidad neuronal, esa formidable capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y crear nuevas conexiones.
La actividad física debe ir de la mano con lo mental
Investigaciones han observado que unas piernas funcionales, capaces de sostenerte con facilidad, suelen asociarse a un mejor rendimiento cognitivo, especialmente con el avance de la edad. No se trata de buscar la máxima fuerza, sino la capacidad de moverse con confianza y comodidad.
Caminar unos minutos, optar por las escaleras si te apetece, jardinería, bailar en tu casa o simplemente estirarte conscientemente: todo esto cuenta. Tu cuerpo sabe lo que necesita. Ofrecerle movimiento es darle consideración, no una imposición.
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Hay actividades que reactivan el físico y la mente.
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Ciertas actividades suaves o más enérgicas, según tu energía del día, pueden apoyar tu bienestar general:
Una caminata a tu ritmo, por el placer de respirar y sentir tus apoyos.
Subidas de escaleras, si te parecen adecuadas, sin obligación de rendimiento.
Movimientos de fortalecimiento ligeros, como levantarte y sentarte lentamente, para cultivar estabilidad y confianza corporal.