Una Vendimia toda provincial y nada nacional

Rodolfo Suárez junto a José Zuccardi en el Desayuno de la Coviar junto a los funcionarios Daniel Filmus y Julián Domínguez. José Gutiérrez / Los Andes
Rodolfo Suárez junto a José Zuccardi en el Desayuno de la Coviar junto a los funcionarios Daniel Filmus y Julián Domínguez. José Gutiérrez / Los Andes

La participación del gobierno nacional pasó prácticamente desapercibida y en esta edición hubo poco o nada política, excepto ciertas viejas peleas locales que parecen estar aflojando.

En lo que hace a sus connotaciones políticas, en el regreso a la Fiesta de la Vendimia presencial la participación del gobierno nacional pasó prácticamente desapercibida porque nadie de importancia vino a decir nada significativo sobre los problemas de la industria vitivinícola ni sobre el resto de la economía mendocina.

Es cierto que se contó con la presencia de un hombre sensato y razonable como es el ministro de Agricultura de la Nación, Julián Domínguez, funcionario con perfil técnico, de prestigio, respetado por todos en Mendoza (incluyendo por igual a los directivos de la Coviar y a los de Bodegas de Argentina, aunque ellos se maten entre sí), pero mandaron a él porque no querían enviar a nadie que tuviera el más mínimo poder de decisión política, ya sea por el tema Portezuelo del Viento ante el cual no tienen la menor respuesta (más bien, la tienen pero no dicen nada porque es negativa) o ya sea por temor a reclamos sectoriales, provinciales y/o federales que no están dispuestos a satisfacer y mucho menos en una provincia opositora.

El reclamo más importante -pero no el único- al Gobierno nacional, es por la aplicación de retenciones que, en el desayuno de la Coviar, devino un debate político donde gobierno provincial y empresarios unieron fuerzas contra Domínguez, quien respondió defendiendo otras ventajas por derechos de exportación que tienen los productos vitivinícolas. En Bodegas de Argentina el mismo debate devino académico, un colosal round frente a frente entre el ministro de Economía provincial, Enrique Vaquié y Domínguez que, en una actitud que lo honra, asistió a los dos festejos empresariales, cosa que casi ningún peronista suele hacer. La discusión dialéctica fue deliciosa y de gran altura con argumentos contundentes de Vaquié ante los cuales el ministro nacional no tuvo más que reconocer la calidad expositiva y las contundentes razones de su par local a la vez que admitía que él no está en su cargo por razones políticas sino por un acto de servicio frente a la emergencia. Todo bien, pero el reclamo provincial y empresarial era político, cosa que él, según su propia definición, no es ni quiere ser, al menos en esta etapa de su vida. A confesión de parte...

A Julián Domínguez no le quedó más remedio, frente a la imposibilidad de ofrecer algún aporte concreto nacional a la economía mendocina, que decir que el resto del país en general está bastante peor y que no nos quejemos tanto porque, de acuerdo con lo que cuentan los propios mendocinos oficialistas, por acá las cosas están saliendo bastante bien. Se agarró de ese salvavidas porque tanto el gobernador Suárez en la Coviar, como el ministro Vaquié en el almuerzo de Bodegas, brindaron una amplia lista de logros de gestión locales como si estuvieran haciendo una rendición de cuenta del estado de su gobierno. Suárez destacó el equilibrio financiero alcanzado pese a los palos en la rueda que, dijo, le pone la oposición peronista local, y Vaquié sostuvo que ellos sólo tienen acceso a hacer microeconomía y que en eso a Mendoza le va mucho mejor que en la macroeconomía, que es casi toda responsabilidad de la Nación.

En fin, amable tertulia de inteligencias compartidas pero sin ningún tipo de efectividades conducentes.

El gobernador y la titular de Bodegas de Argentina, Patricia Ortiz, fueron los únicos dos que hablaron en términos políticos criticando al gobierno nacional. Suárez fue bastante firme en sus afirmaciones y la empresaria sostuvo una interesante reflexión al afirmar que el Estado central interviene en temas que son propios de los privados y aporta muy poco en los temas donde debería intervenir, como en la promoción de la industria vitivinícola.

Por otro lado, no faltó en Patricia Ortiz la crítica a la conducción de la Coviar comandada por Pepe Zuccardi diciendo que están administrando mal, superponiendo recursos. A diferencia de los años anteriores, cuando las críticas entre ambos escindidos fueron durísimas, esta vez hubo un tenue, acaso imperceptible, llamado a la recomposición de la unidad perdida. Algo que nos consta anida en ambas conducciones, entre otras cosas porque se están dando cuenta de que, cuando los hermanos se pelean, los devoran los de afuera, y hoy existe, entre otras cuestiones, un préstamo internacional millonario donde unidos podrían influir más en un uso más adecuado a las necesidades de la provincia y del sector.

Lo cierto es que, por estas razones o por otras, en esta fiesta vendimial poco o nada política, ciertas viejas peleas locales parecen estar aflojando.

Por su parte, en la Coviar, su presidente Zuccardi, fue quien mejor realizó una apasionada defensa del agua en Mendoza, centrando su discurso en que es necesario un cambio profundo y estructural en el riego agrícola para no seguir malgastando el preciado y faltante elemento. Quizá como adelantándose a un posible uso de los recursos de Portezuelo en caso de no llegar a concretarse, como el gobierno nacional parece indicar con sus idas y vueltas o, mejor dicho, con sus idas sin vueltas.

Más allá de esa inexistencia del gobierno peronista en la fiesta provincial, varios radicales vinieron a apoyar al gobierno local. También dos peronistas líberos, como Daniel Scioli, el presidente que casi fue y Sergio Berni en plena campaña electoral, totalmente autorreferencial, donde aceptó todas las preguntas pero no contestó ninguna o, mejor dicho, las contestó todas sin decir nada, por lo que nadie sabe si se fue o se quedó, y si se fue, de dónde y adónde se fue.

A falta de debates de política nacional, esta celebración vendimial estuvo enteramente referenciada en la discusión si reinas sí o reinas no, que es una cuestión que llegó para quedarse y que trascenderá largamente a la conclusión temporal de la fiesta de este año.

La reina que fue pero no quería ser y la reina que quería y no la dejaron ser, fue la gran grieta que dividió a los mendocinos y lo seguirá haciendo.

No obstante, ahora que va terminando lo peor de la pandemia, era de una belleza espectacular ver a tantos miles y miles de mendocinos en las calles disfrutar con los cinco sentidos de su fiesta grande, entusiasmando con ello a los otros tantos miles de visitantes que prácticamente colmaron la capacidad de alojamiento local. Un volver a vivir asegurando los beneficios de la celebración popular, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran visitar el suelo mendocino. Porque la Vendimia cultural es como la Constitución viva de nuestra provincia. Admite reformas pero no en su esencia, porque es la expresión más cabal de nuestra identidad.

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