Retenciones, distorsiones y más atrasos en los precios relativos

Las retenciones a los granos han generado polémica.
Las retenciones a los granos han generado polémica.

La diferencia con los derechos de exportación es que estos son impuestos distorsivos, que se buscan devolver de alguna manera a los productores y nunca se logra implementar de manera correcta.

Más allá de los reclamos para que la suba del 31% al 33% pase por el Congreso (junto a un paquete de medidas antiinflacionarias), lo cierto es que habrá aumento de retenciones al aceite y harina de soja (después de que la inflación de febrero fue de 4,7% y se espera un piso de 14% para el primer trimestre). Mediante un nuevo fideicomiso al trigo se quiere bajar un 20% el precio del pan. ¿Cómo? Con los u$s450 millones recaudados, subsidiar la bolsa de 25 kilos de harina y que los molinos la vendan a un precio inferior al de mercado. Cabe mencionar, también, que todo esto se da en un contexto donde el trigo escaló un 50%, el maíz un 20% y la soja un 10%, en el mercado de Chicago, tras el conflicto entre Rusia y Ucrania.

Por su parte, varios tributaristas sostienen que el Poder Ejecutivo no puede subir las retenciones a los subproductos de soja porque el 31 de diciembre vencieron las facultades de la ley de Solidaridad Social 27.541. A no ser que busquen imponerlas como una medida temporal. En sí, la facultad de subir impuestos es del Congreso. Se le pueden delegar al Poder Ejecutivo dentro de un límite de tiempo. Eso es lo que hacía la ley de Solidaridad. Cabe mencionar que el Presupuesto 2022 presentado, extendía estas facultades.

La diferencia con los derechos de exportación es que estos son impuestos distorsivos (se cobran y no se devuelven) y las retenciones son impuestos distorsivos que se busca devolver de alguna manera a los productores y nunca se logra implementar de manera correcta. Concretamente, en la Justicia, hay amparos por la ilegalidad de cualquier posible cobro de retenciones que sea sin el soporte de una ley. Con todo este panorama, aparecen los fideicomisos para trigo y maíz (en definitiva, más retenciones encubiertas) y los cierres de las exportaciones de aceite y harina de soja. En su momento, se negó sistemáticamente que se iban a cerrar exportaciones y subir retenciones.

En pocas palabras, todo lo que pase en algún lugar de la cadena lo termina pagando el productor. De esto, se desprende que:

El más perjudicado con la existencia y aumento de este tipo de impuestos distorsivos es el productor

Existen 50 países que generan el 95% de las exportaciones mundiales. De esos, solo 5 imponen barreras (en forma de tributos) a las exportaciones. Uno de esos es Argentina.

Hoy lo que se necesita es exportar más del doble (y poner menos trabas a las exportaciones y/o controles de precios)

Los controles de precios fracasan siempre. No solucionan el problema de base y generan desabastecimientos

Además de generar inversiones, y eliminar distorsiones, hay que contribuir a la seguridad jurídica. Con reglas claras, reformas impositivas, créditos y financiamiento

Tampoco es menor señalar que la suba de retenciones impactará sobre los pequeños productores. También castiga la industrialización con valor agregado. El protagonismo de la soja en la economía no se expresa en forma de poroto. Sino, en harina y aceite. Esos dos subproductos o derivados representan el 75% del volumen total exportado por el complejo oleaginoso. El mismo que lidera la balanza comercial desde hace 25 años. Asimismo, el 90% de la soja que se produce se exporta, con lo cual es insignificante el impacto de su precio en el mercado interno. La soja que cosechan los productores termina valiendo lo que pagan quienes procesan los granos y los venden como harina y aceite. En este rubro, los exportadores y la industria conforman la demanda: son los clientes de los agricultores.

De comenzar un proceso de eliminación de las retenciones progresivamente, se aumentaría la producción y, por ende, ingresarían al país, en concepto de ventas de productos, más de u$s12.000 millones. Resulta paradójico ver acciones y decisiones repetidas años anteriores sin un correlato positivo. Más en un presente como el actual, donde la necesidad de generar confianza es esencial con tanta fragilidad en el plano internacional. El eje debe estar puesto en no trabar a las producciones con medidas restrictivas y observar lo que el mundo quiere y necesita. Sin proyección es complejo generar las reservas que hoy son fundamentales.

*El autor es profesor de la Universidad del CEMA

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