No es sólo la economía, estúpido

Imagen ilustrativa / Archivo
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Resulta extraño que el peronismo, quien tanto dice saber interpretar la idiosincrasia argentina, se haya en estas PASO alejado tanto del sentir de la gente común.

El peronismo histórico no sólo reivindicó materialmente a los postergados sino que aún hoy es más recordado por la autoestima que le brindó a los sectores de la población a los que se dirigió. Les prometió incorporarlos al mundo de la producción, el consumo y el trabajo, haciéndolos sentirse iguales al resto de los argentinos. Les mostró el poder de sus propias fuerzas, aquellas con las que podrían sobrevivir y progresar aún cuando no tuvieran más al conductor. Y eso no se olvida. Más allá de los beneficios materiales que son claves, la base de la adhesión original al peronismo está en la idea de autoestima que los hombres necesitan para animarse a progresar por sí solos, sin tutores permanentes.

La última campaña PASO del peronismo fue la suma de todo lo contrario, y ahora parece querer incrementarse regalando demagógicamente electrodomésticos, bicicletas y ampliando los deficits públicos para ver si cambian el voto de la gente.

Las PASO peronistas estuvieron impregnadas de un claro desprecio hacia la sociedad en general, mostrando a una elite soberbia y enceguecida que sólo pensaba en sí misma. Hasta emitieron un manual de campaña cuya principal consigna era la de trasmitirle alegría a los votantes, como que la pandemia llegaba a su fin y era el momento de reir, de hacer de la vida un carnaval como decía la canción, de comunicar buenas ondas. Entonces la candidata principal del distrito principal ofreció como propuesta principal la de hacer el amor y fumar porros para ser felices. Pero ocurre que la gente común no entendió el mensaje como un llamado al goce masivo, sino que lo que entendió -y entendió bien- es que los de arriba estaban gozando como locos con marihuana y garches a la vez que estaban ignorando brutalmente los cada vez más dolorosos sufrires de los de abajo. “Mientras vós festejabas mi hijo moría con solo 42 años”, depositó en una urna un votante simbolizando el más amplio sentir popular. El Olivosgate y el tolosismopaz significaban lo mismo No le proponían la alegría a los de abajo, sino que sólo mostraban la alegría inmensa que tenían ellos frente a las tristezas populares .Los Olivosgate fueron la manera en que vivieron por arriba la pandemia en la Corte de Versalles nacional y popular, ignorando al pueblo, y la frivolidad electoral no fue más que la continuidad de eso. En ese sentido los dichos de la muy bien renunciada Sabina Frederic sobre que Suiza es el paraíso del aburrimiento y Argentina el paraíso de la alegría, son una copia textual de aquella María Antonieta que cuando le dijeron que el pueblo no tenía ni para comprar pan, propuso que compraran tortitas. Tal desvarío y alejamiento de la realidad hizo que Kici, Máximo, Tolosa y Gollam (el que dice que la gente se olvidará del Olivosgate si le dan “platita”) se pusieran a bailar en un escenario creyendo que habían ganado... dos horas antes de saber el resultado adverso. Danzando y festejando en medio de 115.000 muertos, alienados de la realidad, En la campana de cristal del delirio, una elite de “patroncitos” ríe, festeja, grita de felicidad a la vez que cree que si los ciudadanos-súbditos los ven gozando, gozarán como ellos y entonces los votarán en nombre de la alegría. Pero como no les resultó, ahora creen que todo se revertirá poniendo “platita”. Subestimaciones al voto popular.

Mendoza, la del orgullo provincial

Algo en la misma línea ocurrió en la elección provincial, donde el peronismo se enfrentó con su propia historia. El nuevo peronismo mendocino se desarrolló con fuerza luego de 1983 por inculcar fuertemente la autoestima localista como una virtud esencial. Apostó más al orgullo de sentirse mendocinos que a cualquier ideología. Y_el radicalismo siguió una línea similar. Eso hizo que en 40 años de democracia desde 1983 el peronismo y el radicalismo estuvieran cada uno de ellos 20 años en el poder, y en forma alternada, no continuada. Eso habla de dos partidos nacionales con un enorme grado de localismo a los cuales el mendocino incorporó culturalmente. Bajo la concepción de que es del todo legítimo formar parte -si uno así lo desea- de un proyecto político nacional, pero en caso de conflicto entre provincia y nación se debe jugar siempre del lado de la provincia.

También había incorporado Mendoza una tercera fuerza para ponerle límites a ambos. Esas dos cosas hizo volar por los aires la campaña del peronismo en la provincia en 2021.

A la autoestima de los mendocinos que se sienten muy orgullosos de su identidad provincial, la campaña peronista les prometió “buenos acuerdos” con la nación, proponiendo votarlos a través de un claro mensaje subliminal: queremos ser los virreyes de Mendoza, los que les traigamos las cosas que el gobierno nacional no le dará nunca ni a Suárez ni a Cornejo por ser contreras. Creyeron que de esa forma se mendocinizaban sin dejar de ser cristinistas. Un sofisma. La imagen simbólica con la que pedían el voto era el de un hada buena regalándole a los mendocinos lo que su cercanía con la reina del palacio le permite conseguir. Un hada buena que no sólo regalase a los suyos sino hasta a los radicales que a la vez se lo agradecen como se mostró en el más bizarro (aunque no se puede negar su originalidad) de los spots. No es, como dicen algunos peronistas, que perdieron por no saber comunicar, sino que perdieron por comunicar demasiado bien lo que pretendían: las ventajas de pertenecer al “proyecto nacional”, ya que para conseguir cosas para Mendoza no se te ocurra ser oposición al gobierno nacional porque estarás sonado. O tenés que pertenecer al proyecto nacional (como Anabel) o hacerte del mismo (como Ramón) si querés regalitos o gas barato. Frente a esa publicidad, a los radicales les bastó para ganarles con no decir absolutamente nada, sólo mostrando sus caras y llevándose la mano al corazón. Se quedaron con la representación del radicalismo y del peronismo mendocinos sin siquiera hablar, porque los peronchos se lo regalaron con su mensaje antiprovincial.

Raro que los intendentes peronistas, que conocen bien la idiosincrasia mendocina y por eso siguen ganando en sus territorios, no se hayan dado cuenta del grueso error. Pero ahora tienen una nueva oportunidad de revertir algo porque la campaña dejó de estar conducida por el kirchnerismo y se la dieron a esos intendentes.

El otro error cometido es haber sumado a sus filas al partido Protectora que fue quien, con sus divisiones y pases de bando, hizo volar por los aires la credibilidad de Mendoza no sólo en Protectora sino en todas las terceras fuerzas. Si éstas ganan para pasarse luego a los partidos principales, no le sirven en nada a los intereses de los mendocinos que quieren tener una tercera alternativa a futuro. Por eso todas las terceras fuerzas se atomizaron a niveles que ninguna tiene la posibilidad de poner ni un solo candidato. Habrá que remar mucho para que las fuerzas nuevas lleguen a convencer otra vez a los mendocinos de que pueden ser mejores que las viejas.

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