Milei, todas paradojas

Milei, desarmó JxC., radicales airados, “lilitos” y “palomas” votaron a Massa; los liberales y algunos radicales, votaron incondicionalmente a Milei. ¿Cómo quedó la opción ganadora? ¡Renga!

Milei, todas paradojas
Javier Milei, presidente de la Nación. Foto: Gentileza

El percibido como falla, terminó timonel del sistema degradado a “status quo”; impensable peripecia.

Decirle “loquito” fue elemental. Pensarlo populista, imposible con su ajuste. Volver a ser ricos, una quimera retrógrada. Mientras su judaización lo mostraba políticamente incorrecto; aunque auténtico.

Inicialmente luchó sólo contra la hegemonía cultural estatista, denunciando dos versiones (duras y blandas) de igual colectivismo. Disputándose poder sin diferencias ideológicas; alternándose. En campaña: avisó; “si triunfo, esos espacios se pulverizan”. Y ocurrió.

Los que no lo votaron siguen intrigados, “un nuevo Menem”, dicen. Pero no; éste recitó liberalismo. Disruptivamente, ganó notoriedad en la democracia de las redes. Su triunfo sin mayorías, empantana su plan. Ganó, pero le cuesta la adhesión hasta de sus socios últimos.

Los radicales, inconsistentes electoralmente, confundiendo el abrazo Balbín-Perón, desdibujaron su identidad de honestidad, sin parir otro líder.

El 56 %, observa al Estado argentino como un titán débil que, dominando media economía nacional, regula el resto, e impone la solidaridad obligatoria de la justicia social. Consiguientemente, votó debilitar al Ogro Caritativo y administrar muchas necesidades con pocos recursos. Mientras el kirchnerismo reparte lo ajeno.

La “solidaridad obligatoria” es un oxímoron, literariamente. Pero “constitucionalmente”, vulnera derechos. Setenta años de inconstitucionalidad, restringiendo derechos. Mientras mirábamos como vacas, pasar el tren.

Milei, desarmó JxC., radicales airados, “lilitos” y “palomas” votaron a Massa; los liberales y algunos radicales, votaron incondicionalmente a Milei. ¿Cómo quedó la opción ganadora? ¡Renga!

El singular Milei, es intempestivo. Más para los colectivistas. Predica meritocracia y ascetismo fiscal; un protestantismo weberiano. Un economicismo moralmente superior al izquierdismo, la justicia distributiva es un robo. El estatismo empobrece, favoreciendo connivencias delictuales.

El cambio se hará por necesidad y urgencia, o no se hará. Adolecemos del beneplácito al estatismo gracias a Gramsci.

¡Qué nos sorprende! si vivimos medio siglo fomentando restricciones, colectivizándonos. De golpe, barrieron, sin anestesia esa regulación enciclopédica.

Los “opositores-dialoguistas”, quieren colaborar, pero... diferenciándose; miran próximas elecciones. Tampoco los chamuscó el fogonazo inflacionario de diciembre. Proclamar bueno al 25,5 % de diciembre, pareció rimbombancia. ¡Hiperinflación! ¿Dónde?, dicen.

La ley ómnibus, tratada en particular es un plan quinquenal. ¿Quién necesita microscopio o binoculares, para ver necesidad y urgencia? La catástrofe social, económica y cultural ya llegó. ¿Por qué esta indigencia sin guerra?

El Código Civil Argentino (mucho más importante que ninguna otra ley), tenía 4.051 artículos. ¡Se sancionó a libro cerrado! Importante. Pero sin la urgencia de ésta. Milei, cedió centenares de artículos desgajando lo Fiscal. Pero miopes de todo ascetismo fiscal, le votaron negativamente suprimir fideicomisos turbios por U$S 10.000.000.000. ¡Ahí está el huevo! Y ¡No lo pisen!

A nadie le podaron nada. Anteriormente, este mismo Congreso, apenas sesionó ¿Qué reclama? ¡Si no lo usaban! Ésta hiperinflación nos agarra débiles. Darle largas a lo urgente es promulgar la debacle. Muy constitucional y políticamente correcto. Pero los pobres (aumentados al 80%) invocarán “estado de necesidad”. Resultado: Guerra civil, aguijoneada por kirchneristas y trotskistas.

¡La discusión constitucionalista, parecerá una bobada!

El DNU está previsto en la Constitución. Si devuelve igualdad ante la ley y disponibilidad de la propiedad, no sería inconstitucional. La opción electoral fue “restricción versus libertad”. Si nunca antes rechazaron ningún DNU, ¿Cómo rechazará éste? Aducirán ausencia de Necesidad y Urgencia...

Tampoco aplica el sofisma de la hipótesis de que un gobierno posterior – aduciendo excepcionalidad - podría restablecer lo derogado con otro DNU. Ese DNU, legislaría restricciones, éste deroga privilegios.

¿Nuestra Constitución prevé la gobernabilidad sin mayorías? Efectivamente, así está previsto. Entonces ¿Administrará la mayoría? No, sólo atemperará. El sistema es presidencialista. Nuestra Constitución nace de la Ilustración, que presuponía la coincidencia en la razón: Que debatir implica persuadir, haciéndonos coincidir. Esa premisa la reemplazaron. No se escuchan, nadie oye argumentos. Sólo intercambio de favores, la “rosca”. Lo mercachifle reemplazó al debate racional. En tiempos y países corrientes, funciona aceptablemente. Mediocremente, pero pasablemente. Aquí vivimos una tragedia.

Qué paradójico: con catorce millones de votos, pero minoría parlamentaria, la legislación propuesta y votada, podría obturarla la mayoría de primera vuelta (la de tres minorías). Pero la mayoría absoluta (mitad más uno, larga) de última vuelta, decidió un cambio, rotundo. A eso apuesta el Poder Ejecutivo: poner en un dilema a los políticos: Apoyan al Ejecutivo, o se hunden en el desprestigio. Y el desprestigio es la única regla del poder que no admite excepción.

Cuatro años de mandato. Si millones crean un mandato de cuatro años, ¿Sería legítimo que lo desgastaran unos miles “tomando la calle”, con paros? ¿Con incendios, rotura de vidrieras y cabezas? El sistema presidencialista no admite el veto de confianza, eso sería parlamentarismo. Sólo prevé juicio político, muerte o renuncia. Pero se huele destitución. Ya hay amenazas de los perdedores. Dicen: ¿Cuánto durará la paciencia para que se vaya? El pueblo no delibera ni gobierna sino por sus representantes (Art. 122 C.N.), pero continúa, de hacerlo, comete delito de Sedición.

* El autor es abogado.

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