Mentime que me gusta - Por Jorge Manzitti

Mentime que me gusta - Por Jorge Manzitti
Mentime que me gusta - Por Jorge Manzitti

El anterior como el actual gobierno prometieron lo que quiere la gente; habitualmente el qué, sin el cómo.

Aunque la evolución de la ciencia y la libertad de expresión son factores de progreso, surgió la tesis de que muchas veces el metódico desatino de las ideologías pudo volver inútil al conocimiento. Lo plantea Jean François Revel.

Como la oferta se explica por la demanda, habrá que coincidir con Revel: el uso sesgado de la información es bien recibido por ambas partes de la grieta, porque sólo ven y escuchan aquello que confirma su deseo. Entonces, como hay un deseo común en ambas orillas de no experimentar sufrimiento en la transición, para bajar esta pobreza, tampoco nadie quiere que le digan la verdad.

Sumariamente, debido a la irracional demanda del público, la oferta de comunicación, desatiende la verdad; haciéndola engañosa, adecuándola al público.

Así, la mayoría de los argentinos son educados creyendo que el hambre devasta crecientemente al planeta, y que el humanismo de la Ilustración gestando la democracia liberal, acentuó la inequidad.

Cuando, contrariamente, el ascenso y ampliación de la burguesía trajo una equidad nunca habida antes.

Siendo que, además, en los últimos cien años bajó la hambruna desde la mitad de la población mundial, a menos de una décima, gracias al mercado y la consecuente tecnología; extendiendo la longevidad también. Y disminuyó la pobreza.

También últimamente, normativas y tecnologías amenguan los efectos desoladores en el planeta de codicias salvajes, con inteligentes regulaciones, obteniendo resultados positivos graduales.

Pero, desde que algunos filósofos enancados en el romanticismo irracional (Nietzsche, Spengler y otros), impusieron la idea de una edad de oro sin ciencia ni tecnología, alentaron ideologías básicamente pesimistas, que predicen futuros distópicos.

Montados en ellos, a mediados del siglo XX, el posmodernismo (Lacan, Laclau, Foucault, Reich, Marcuse) con un discurso contagioso e irracional, mezcló pseudo ciencias como el psicoanálisis y el marxismo. Y, haciendo "mutis por el foro" a las comprobaciones empíricas, inhibieron la razón, sofísticamente. Prevaleciendo todo el siglo XX.

Muy sintéticamente: estos hijos no reconocidos del pensamiento ilustrado, consideran conspicua la pobreza, mientras malician maligna a la riqueza. Atribuyen al libre mercado el origen de la desigualdad y denuncian a la clase burguesa de retardataria del determinismo histórico.

Macri -heredando de la UCR el voto de la clase media- con pocas ideas y sin discurso, sugirió solapadamente el relato del chico exitoso y rico, que "iba por el bronce", practicando su supuesta experticia empresarial, sin otro interés propio que pasar a la historia.

¿Qué hizo? Salir del default para usar el crédito, sin bajar impuestos ni gastos. Financiando el déficit con emisión y deuda externa. La moneda se devaluó y la inflación prosiguió.

Oficialismo y oposición dijeron ensayar lo que la sociedad pide.

Tan perdidos están todos, que miran con ansiedad al más universal de los argentinos, el Papa Francisco. Que siente la pobreza como virtud, al punto de adoptar el nombre de Francisco (Santo mendicante), y a la riqueza como un crimen. Por eso Macri, aunque incremente subsidios y apoyo a los pobres, no será bendecido por el Jefe de la Iglesia, que lo sabe rico; encima magro de fervor religioso. Entendámonos, el Papa no nos sacará del pozo; no más que el FMI.

El sucedáneo del vencido comunismo, ha renacido en el socialismo del siglo XXI. Otros, negando su socialismo, se sostienen en autores nuevos, como Piketty (especialista en desigualdad). En este caso, reconociendo que hay menos pobres, se obsesionan con la concentración de la riqueza. O sea, ponen foco en que: cada vez los ricos tienen más, y el resto menos. Entonces, aunque sea cierto que hay menos pobres que nunca antes, todos seríamos pobres; únicamente depende de…   ¿comparado con quién?

Me parece que lo medular debería ser ocuparse de crecer y desarrollarnos, la pobreza baja así. Aprendiendo, sin egos lastimados, que no hay prueba empírica alguna que avale la posibilidad de enriquecernos como país sin el mercado. Y que debemos exigir la verdad. No pedir que nos mientan. De continuar con este procedimiento, haremos obligatoria la pobreza. Desde hace ochenta años extremaron impuestos y regulaciones económicas. Tanto que crearon un empresariado corrupto, que además no ofrece la mayor calidad al menor precio. La excusa: proteger la industria nacional. Aunque, después de tanto, si abrieran las fronteras aduaneras se fundiría la mayoría. Hasta es probable que, cuando adviertan que hay particulares que aprovechan la energía solar, imaginen un impuesto al sol.

Pero…  ¿qué remedio nos queda? Si nadie quiere una verdad dolorosa. Obsérvese que, salvo dos frenéticos economistas ortodoxos (deliberadamente energúmenos con tal de ser mediáticos), el resto -oficialistas y opositores, tibios todos- retacea proponer ortodoxias. Unos y otros insisten en el crédito sin ahorro. Ambos pretendieron encarecer nuestra moneda, ¡multiplicando su emisión! Y, con este gobierno, superamos el centenar de impuestos. A su modo todos fanáticos de la vocación de tribu, vivir con lo nuestro.
La religión amenaza al desobediente prometiéndole el fuego perpetuo.

Parecidamente, el marxismo amenaza a los descreídos del determinismo histórico, con la extinción de la burguesía; no les cumplamos las profecías; ni al pesebre de oro eclesiástico ni al teórico londinense mantenido por Engels.

Ahora, que sabemos que el niño rico exitoso no tenía coraje para decir la verdad. Que repitió con creces un kirchnerismo afable, mientras los negocios son de los bancos. Sepámoslo, siempre un Estado muy entrometido trajo pobreza, no pida que le mientan.

Hay desigualdad, pero eso es otra historia.

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