Milei en cruzada para liberar del comunismo al mundo

La incontinencia egolátrica de Javier Milei, azuzada por las jugarretas políticas de Pedro Sánchez, ha provocado un choque entre dos países de histórica buena relación. La causa de ese choque es estrictamente personal.

Milei en cruzada para liberar del comunismo al mundo
Milei en el acto de VOX en España.

La política exterior argentina se resume en dos palabras: Javier Milei. Los lineamientos de las relaciones internacionales del país se limitan a las filias y las fobias del presidente. Todo está híper-personalizado. El jefe del Estado argentino no habla en nombre del Estado que preside y que se propone eliminar porque así lo establece la teoría económica a la que adhiere con fervor fundamentalista. Tampoco habla en nombre de la Nación, porque considera que haber ganado la elección le da el derecho de hablar en nombre de sí mismo.

Si Milei le tiene rabia a Lula da Silva, aunque sea el presidente nada menos que de Brasil, el mayor socio comercial del país en la región, Milei le dispara una descalificación de grueso calibre. Si el presidente de Colombia no le cae bien y él se enteró de que de joven militó en la guerrilla M-19, apunta a la frente de Gustavo Petro y le dispara “terrorista asesino”, con la misma cantidad de información con que le decía a Patricia Bullrich que “ponía bombas en jardines de infantes”.

Si lo critica López Obrador él responde llamando “ignorante” al presidente de México. Cristina Kirchner actuaba su megalomanía. Milei la actúa y además la proclama cuando se describe a sí mismo en entrevistas amables como uno de los grandes líderes del mundo y un gigante al que sólo cuestionan “los liliputienses” de “la casta”.

Como recibe ovaciones en el exterior, actúa como un cruzado del ultra-conservadurismo en guerra santa contra los socialistas y los comunistas, o sea, según su perspectiva, el resto del mundo. Y confunde brillar en escenarios de la ultraderecha con brillar en el escenario internacional. Aunque está en crecimiento y parece atravesar su “momentum” histórico, la extrema derecha aún es minoritaria en Europa y es vista por el arco que va desde el liberalismo clásico, el conservadurismo moderado y la centroderecha, hasta la centroizquierda, como una tendencia sectaria y reaccionaria que desprecia la democracia liberal.

La canciller Diana Mondino se dedica a ir apagando los incendios que sus pronunciamientos flamígeros encienden en distintas partes del mundo. La política exterior de Milei es él mismo. Aunque proclama alineamientos con países, sus alineamientos son con personas: no con Estados Unidos, sino con Trump; no con Israel sino con Netanyahu y su gobierno fundamentalista; no con Brasil sino con Bolsonaro; no con España sino con el recalcitrante Santiago Abascal.

Tambien parece confundir el judaísmo con los ultra-ortodoxos.

Milei tiene algo en común con Hugo Chávez. El exuberante líder caribeño usaba el petróleo venezolano y el dinero de PDVSA para comprar la adhesión de otros gobiernos de la región a su liderazgo a escala latinoamericana. La política exterior del chavismo estaba determinada por la ambición de liderazgo de Chávez, del mismo modo que las guerras de Napoleón empezaron siendo por Francia y por las ideas de la Revolución, y terminaron siendo por el ego infinito del propio emperador.

La política exterior argentina parece al servicio del liderazgo internacional al que aspira Milei. Ya se siente un prócer viviente equiparable a Mandela, aunque no se compararía con alguien al que consideraría un “comunista” y “terrorista asesino” por haber sido miembro de una insurgencia armada antes de convertirse en el preso político más famoso del mundo y luego en presidente de Sudáfrica.

La incontinencia egolátrica de Javier Milei, azuzada por las jugarretas políticas de Pedro Sánchez, ha provocado un choque entre dos países de histórica buena relación. La causa de ese choque es estrictamente personal. No hay intereses en choque entre ambos países, como los hubo cuando el gobierno kirchnerista pulseó con la compañía española Repsol por el control de YPF, contienda que Cristina Kirchner y Axel Kicillof manejaron muy mal. Ahora no hay choque de intereses sino de egos y de cálculos políticos mezquinos.

El líder del POSE calcula que recibiendo de una estridente figura extremista como Milei una andanada de ataques con golpes bajos y con injerencias indebidos en los asuntos internos de España, su partido se beneficiará en las urnas de las cercanas elecciones europeas. Y Milei está convencido que el rol de yihadista contra “el comunismo y el socialismo” mundial, consolidará su liderazgo a escala global. Lo que está claro es que el choque entre ambos no beneficia ni a España ni a la Argentina.

Los empresarios de España que invirtieron en Argentina manifestarán al jefe de La Moncloa su preocupación por la escalada de tensión y los problemas que puede ocasionar a sus empresas e inversiones. Lo mismo tendría que explicarle a Milei algún miembro inteligente del gobierno, como Guillermo Francos.

¿Se atreverá alguien a decirle al volcánico presidente que su rol en el mundo no es expresarse a sí mismo, sino defender los intereses del país?

* El autor es politólogo y periodista.

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