La sombra de Netanyahu y Xi sobre Estados Unidos y la OTAN

Mientras esta tensión casi sin precedentes agrieta el histórico vínculo entre Washington y Tel Aviv, el paso de Xi Jinping por Serbia y su reunión con el presidente ultranacionalista de ese país balcánico, Aleksandar Vucic, agrega preocupación a las potencias occidentales.

Joe Biden y Benjamin Netanyahu - Foto People
Joe Biden y Benjamin Netanyahu - Foto People

Mientras la crisis entre Israel y Estados Unidos cruza rayas rojas, la gira del líder chino por Europa emite señales alarmantes para Bruselas.

Joe Biden pasó del apoyo crítico a la operación israelí en Gaza, a medidas de presión directa inéditas.

Si todavía hubiera sido presidente Jimmy Carter cuando el ejército israelí invadió el Líbano en 1982 y permitió masacres de las milicias cristianas en los campos de refugiados palestinos en Beirut, la relación de Washington con Tel Aviv habría atravesado una gran crisis. Pero en el Despacho Oval ya estaba Ronald Reagan, quien prefirió mirar para otro lado.

Por eso el peor momento de la relación siguió siendo el que se produjo en 1956, cuando Eisenhower obligó a David Ben Gurión a sacar su ejército de Egipto, donde había incursionado, conjuntamente con las fuerzas de Francia y Gran Bretaña, para ocupar el Canal de Suez y derribar a Nasser, el presidente egipcio que lo había nacionalizado.

Con la Guerra Fría recién iniciada, Ike Eisenhower entendió que las potencias occidentales y sus aliados no podían iniciar guerras sin la aprobación de Washington y tomó una decisión que ofendió particularmente a los gobiernos de De Gaulle y Ben Gurión.

En 1973, sobre el final de la Guerra del Yom Kippur, se vivió otro pico de tensión cuando Estados Unidos presionó a Golda Meir para que detenga la marcha del general hacia El Cairo. Pero menos grave que el actual.

Temiendo que Gaza tenga sobre la Convención Demócrata que se realizará en agosto en Chicago el mismo efecto divisivo y debilitador que tuvo Vietnam en la convención demócrata de 1968, que sentenció la derrota de Hubert Humphrey ante Nixon, Biden emprendió una presión inédita sobre Netanyahu que incluye frenar el envío de armas a Israel y poner en duda la legalidad internacional de la operación militar. Si en noviembre vence Trump, la OTAN queda en peligro de extinción.

Mientras esta tensión casi sin precedentes agrieta el histórico vínculo entre Washington y Tel Aviv, el paso de Xi Jinping por Serbia y su reunión con el presidente ultranacionalista de ese país balcánico, Aleksandar Vucic, agrega preocupación a las potencias occidentales.

Ocurre que, exactamente 25 años antes, aviones B-2 de la OTAN lanzaron bombas de precisión sobre la embajada china en Belgrado. El ataque de esos cazas furtivos estadounidenses dejó varios muertos y heridos, además de destruir la sede diplomática.

Washington y la alianza atlántica atribuyeron el bombardeo a un error. Como los misiles aire tierra fueron guiados por GPS, un mes más tarde, la OTAN explicó que fue una cadena de errores y que los proyectiles debieron dirigirse hacia el edificio de la Dirección Yugoslava de Suministros y Adquisiciones, que se encontraba en la misma cuadra de la embajada y era clave en la guerra que en esos días el régimen de Slobodan Milosevic libraba contra la OTAN, el ejército albanés y la milicia kosovar ELK, por el control de Kosovo.

De por sí era difícil creer que de verdad se tratara de un error, y la posterior revelación de que previos informes de la CIA señalaban al agregado militar de la embajada china operando una célula de inteligencia y pasando al ejército yugoslavo la información satelital sobre los movimientos de fuerzas occidentales en el Adriático, confirmó que había sido un ataque deliberado.

La presencia de Xi en Belgrado el 7 de mayo y su posterior visita al presidente húngaro Viktor Orban (dos aliados de Rusia) fueron claras señales de advertencia a Estados Unidos y Europa. El presidente chino también visitó en París a Emmanuel Macron y el contraste entre la tensión que se vivió en ese encuentro y los vividos en Belgrado y Budapest también es un mensaje que debe leer Bruselas. Ese mensaje dice que China podría impulsar una división en la Unión Europea y la OTAN, a la que Hungría pertenece y a la que Serbia está asociada.

Este mensaje implícito de la gira de Xi Jinping se da paralelamente al pico de tensión que produjeron las denuncias europeas de espionaje chino en gran escala a las empresas y los sistemas de seguridad del viejo continente.

Europa y EE.UU. saben que en 2022, la China entregó a Serbia sistemas de defensa antiaérea FK-3, el equivalente chino al norteamericano Patriot y al sistema ruso S-300.

El FK-3 es un sofisticado armamento con el que, de haberlo tenido en 1999, los serbios habrían complicado significativamente la ofensiva de la OTAN que terminó derribando el régimen de Milosevic.

Una señal que suma preocupación a Bruselas, mientras avanza hacia lo que podría desembocar en una conflagración entre la OTAN y Rusia.

* El autor es politólogo y periodista.

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