Meteorología, una ciencia más allá del pronóstico

La actividad se encarga de estudiar la física, dinámica y química de la atmósfera terrestre; comprende el estudio del tiempo y el clima y fascina a la gente aunque no comprendan su dimensión total.

Meteorología, una ciencia más allá del pronóstico
La meteorología es mucho más que solo pronosticas el tiempo. - Gentileza

Cuando me disponía a regresar a casa en medio de una gran tormenta hace algunas semanas, el amable taxista me preguntó sobre mi profesión. Cordialmente respondí que era meteoróloga y, para mi sorpresa, me comentó que la meteorología era la carrera de sus sueños, pero que las circunstancias de la vida le imposibilitaron realizarlo.

Esta interesante charla me hizo reflexionar sobre algunos aspectos: cuánto conoce la población de meteorología, la complejidad de la atmósfera, las herramientas con las que cuenta un meteorólogo, cómo se realizan los tan solicitados y a veces enjuiciados pronósticos meteorológicos, dónde puede trabajar un meteorólogo y hasta dónde estudiar la carrera.

La meteorología siempre ha estado presente, desde antaño. Nuestros ancestros atribuían poderes sobrenaturales a los fenómenos meteorológicos y a lo largo del tiempo identificaron patrones climáticos que los ayudaron a protegerse y planificar las etapas de sus cultivos para su bienestar.

Pero, ¿qué es la meteorología? Es la ciencia que se encarga de estudiar la física, dinámica y química de la atmósfera terrestre; comprende el estudio del tiempo y el clima. La atmósfera es un excelente laboratorio de fluidos y para estudiarla se necesitan conocimientos de física, matemática y lenguajes de programación.

“Ahhh, meteoróloga; ¿cómo va a estar la temperatura para fines de enero?”; “¿irá a llover?”; “¡mirá que tengo planes y ustedes la vienen pifiando!”. Estos son algunos de los interrogantes y afirmaciones que escucho a diario. La realidad es que confeccionar un pronóstico meteorológico no es nada sencillo, pues la atmósfera, por su naturaleza caótica, limita la capacidad de anticipar su evolución.

El pronóstico meteorológico consiste en predecir el estado futuro de la atmósfera y para ello es fundamental partir del estado actual de la misma, es decir, las condiciones iniciales del sistema. Estas condiciones iniciales se obtienen de las mediciones de variables meteorológicas como temperatura, presión, humedad y viento, en todas las alturas de la atmósfera. Cualquier mínimo cambio en las condiciones iniciales puede dar lugar a pronósticos diferentes.

La obtención del pronóstico que se observa en los medios de comunicación proviene de las observaciones obtenidas de las estaciones meteorológicas (el papel vital del observador meteorológico encargado de registrar las condiciones meteorológicas), barcos, aviones, boyas, radiosondeos, información de radar y satélite, etc; los modelos numéricos y por supuesto los meteorólogos.

Una de las herramientas más utilizadas por los meteorólogos, e imprescindible en los servicios meteorológicos, son los modelos numéricos de predicción del tiempo, que son software de computación capaces de resolver las ecuaciones que caracterizan el comportamiento de la atmósfera.

A partir de los resultados de los modelos numéricos los meteorólogos, con su “buen ojo” y basados en la experiencia, el conocimiento de las fallas en los modelos numéricos o de las particularidades de las regiones a pronosticar, llegan a conclusiones sobre la información a brindar.

Ante esta complejidad e integración de herramientas, hay que tener en cuenta algunos obstáculos que pueden representar fuentes de errores a la hora de pronosticar, como: la inexactitud y carencias de las mediciones, las propias limitaciones de los modelos numéricos en cuanto a resolución, la no perfección de la predicción y los errores que a veces inducen. Además, hay que conocer el período en que las predicciones siguen siendo válidas; éste oscila aproximadamente entre una semana o diez días, pero en condiciones ideales puede ser de hasta quince días.

En este sentido, cuánto más a futuro se realice el pronóstico meteorológico, más errores se acumularán y la predicción estará más alejada de la realidad. Por ello, ante una consulta de cómo va a estar el tiempo para una fecha determinada muy alejada al día de hoy, la respuesta estará asociada a incertidumbre.

Por otro lado, a veces encasillan a los meteorólogos sólo como pronosticadores, cuando en realidad existen muchas especialidades. Desde climatólogos, agrometeorólogos, hidrometeorólogos, especialistas en contaminación y dinámica atmosférica, etc.

En cuanto a la inserción del meteorólogo en el mundo laboral puede encontrar trabajo tanto en el rubro privado como estatal. Además, juegan un papel fundamental por sus aportes a las investigaciones interdisciplinarias, educación y preparación de la sociedad ante el avance del cambio climático y la afectación por eventos extremos.

Las universidades de Buenos Aires (UBA) y de La Plata (ULP) y la más reciente, la Universidad de los Comechingones (ULC), en Merlo (San Luis), son las opciones para iniciar los estudios en ciencias atmosféricas.

Argentina, al ser un país con gran extensión territorial en sentido norte- sur, sumado a la variedad de climas que presenta, la poca cantidad de meteorólogos que se forman por año y los escenarios climáticos que se avecinan, necesita a los meteorólogos del futuro.

*La autora es meteoróloga. Ianigla - Conicet

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