Mendoza después del huracanazo Milei

En nuestra provincia el fenómeno Milei se huracanizó como en ninguna otra parte del país (junto con Córdoba), demostrando una influencia nula de toda la dirigencia local en la decisión del electorado mendocino acerca de las autoridades nacionales.

Mendoza después del huracanazo Milei
A días del balotaje presidencial, Javier Milei volvió a Mendoza y realizó una caravana por la Ciudad. Los seguidores del líder de La Libertad Avanza se comenzaron a concentrar en el microcentro durante las primeras horas de la tarde. Antes de las 18 ya se habían reunido cerca de 10 mil personas en los alrededores de la plaza Independencia para esperar al candidato a presidente. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Prólogo nacional

Un huracán pasó por la política argentina debido a las decisiones electorales populares, acerca de las cuales nadie puede saber si fueron producto de la desorientación general o de alguna secreta racionalidad que los ciudadanos sacan a relucir en los momentos desesperados. Afirmación esta última que “se non è vero, è ben trovato” ya que es de sentido común y filosóficamente coherente en un sistema democrático depositar la última esperanza en la sabiduría popular cuando las elites han desertado, o en el mejor de los casos no han sabido cumplir con sus obligaciones, intentando avasallar a las instituciones (que son la parte republicana de la democracia) para sustituirlas por corporaciones. Cambiando el bien público por el sectorial o particular. Gobernando para las facciones. Frente a eso, la reserva última del sistema encarnada en los ciudadanos cada uno con su papeleta, armó una confusión de los mil demonios que, por las razones que fuera, obligará -a ganadores y perdedores- a barajar y dar de nuevo.

En las PASO nacionales salió primero el que todos esperaban que saliera tercero. En la primera vuelta el que salió tercero en las PASO salió primero. Y en el balotaje el que salió segundo en la primera vuelta arrasó con el que salió primero. En la primera vuelta el oficialismo estuvo a tres puntos de quedarse con la presidencia. En el balotaje la propuesta de cambio extrema destrozó al oficialismo. Explicaciones hay para todo, pero difícilmente alguna pueda explicar racionalmente tantos datos para un lado y para el otro.

Una provincia mileizada

En Mendoza, el oficialismo provincial se dividió pero aún así sus dos partes (Cambia Mendoza y la Unión Mendocina) salieron primera y segunda, mientras que el peronismo ni aún dividiéndose los que gobernaban, pudo despegar. La tercera fue su única posición en todos los comicios salvo en los municipios donde salvaron sus intendencias (y agregaron una más). Sin embargo, ninguna de esas tres alternativas locales tuvieron ni arte ni parte en las elecciones nacionales. Cambia Mendoza apoyó a Patricia Bullrich, la Unión Mendocina no apoyó a nadie y el Peronismo apoyó a Massa. Pues bien, en nuestra provincia el fenómeno Milei se huracanizó como en ninguna otra parte del país (junto con Córdoba), demostrando una influencia nula de toda la dirigencia local en la decisión del electorado mendocino acerca de las autoridades nacionales.

En lo que se puede leer bajo el agua, el ciudadano mendocino demostró un razonable apoyo de las políticas municipales manteniendo en sus cargos a casi todos los oficialismos con números aceptables. Mostró una moderada opción por un tercer mandato del oficialismo provincial con reelección incluida. Castigó duramente al peronismo por su adhesión al kirchnerismo. Y sacándole un poco a cada uno dio nacimiento a una tercera opción que logró la proeza de salir segunda pero unida por alfileres. Deberá entonces demostrar la permanencia que hasta ahora ninguno de sus antecesores logró por las divisiones internas. En lo nacional, el mendocino se liberó de todas esas fuerzas locales y se fue raudamente hacia Javier Milei terminando de votar por él más del 70% de nuestros comprovincianos. Y seguramente un porcentaje aún mayor entre los más jóvenes. Un verdadero fenómeno pocas veces visto. Huracanazo.

Ahora todas las fuerzas locales que fueron ignoradas por el electorado en la opción presidencial, deberán acoplarse a las nuevas realidades nacionales, ya que nadie (excepto el PD y los libertarios locales que se alzaron con la friolera de tres de los cinco diputados nacionales) está representado por nadie en los mullidos sillones del poder central.

El gobernador electo, Alfredo Cornejo, sabe que ganó pero que lo suyo no fue un paseo. Apenas superó por 60 a 40 a un rival sin estructura alguna en las PASO y en la general la tercera fuerza sacó el 30% de los votos contra el 40% de él. Porcentaje que salvo el PD en sus mejores épocas, ninguna otra tercera fuerza ni siquiera se arrimó. Con lo cual Cornejo está obligado no sólo a romper con el refrán de que nunca segundas partes fueron buenas, sino que además deberá lograr que su segunda gestión sea mejor que la primera. Además, está demostrando que no desea dejar de lado los territorios nacionales sabedor por experiencia propia que desde la isla mendocina sola, es poco lo que se puede lograr para hacer crecer a dicha isla. Pero no la tiene nada fácil. Admite que la mayoría de sus votantes, no sufragaron por su ultra defendida Patricia Bullrich sino por Milei, por lo que ni por casualidad quiere caer en el rechazo que hacia el libertario tiene la cúpula radical nacional y muchos de sus correligionarios. Tampoco está dispuesto a romper con Macri. Y posiblemente alguna gente suya acceda al gobierno del libertario, en particular vía Patricia en tanto ministra de Seguridad. No rechazó el tontón voto en blanco con que la UCR institucionalmente se complicó inútilmente, pero no sólo dijo que su voto era secreto sino que también llamó a fiscalizar por la “democracia” (en este caso representada por Milei) en el balotaje. Sus precauciones hablan de un prudente equilibrio político, pero sus opciones son un tanto más flojitas: querer evitar romper con Morales y con Macri a la vez no parece fácil y no es probable que eso le sirva a nadie porque ambos ya no tienen nada en común. Y apoyarse en una liga de gobernadores que vía el pícaro y super experimentado Guillermo Francos terminará negociando uno por uno con el gobierno nacional, suena como un tanto precario si se busca desde allí reconstruir un JxC que hace agua por todos lados. Es que es muy difícil eso de no ser ni oposición ni oficialismo. Eso de la oposición colaborativa o del oficialismo crítico tiene gusto a poco frente a un gobierno nacional arrasador. Es cierto que los gobernadores no peronistas pueden ser dadores de gobernabilidad, y eso está bien. Pero son tantas las diferencias internas entre ellos y entre todos en JxC que el oficialismo nacional podrá acercarse a cada uno de mil maneras no demasiado institucionales y quizá más efectivas que considerarlos en tanto bloque.

En fin, la verdad es que el Cornejo que en su primera gobernación vino a reconstruir la autoridad política provincial perdida, en su segunda gobernación intentará jugarse por la unidad política nacional perdida, mientras que deberá duplicar los esfuerzos en su gestión provincial para que le vaya mejor que en la primera. En una Mendoza que no está en su mejor momento. Debido a la situación nacional pero también a sí misma.

El peronismo, que vivió uno de los años más pésimos desde 1983 a la fecha, recuperó un poquito la ilusión cuando en la primera vuelta, aún manteniendo su triste tercer puesto, pudo ubicarse a apenas dos puntos de Cambia Mendoza y superar por primera vez en el año los 20 puntos. En ese momento, los intendentes no K vieron en Massa la esperanza nacional que pudiera hacer revivir al PJ provincial. Pero todas las ilusiones se vinieron abajo cuando su pollo Massa no llegó ni a los 30 puntos ¡en el balotaje! Prueba anecdótica al canto: en la sede del PJ provincial en la primera vuelta festejaron su tercer puesto a dos puntos de JxC como si hubieran ganado la elección. Mientras que en el balotaje los periodistas debieron apagar las luces del PJ provincial porque no se apareció ni el portero. Ciclotimia que le dicen.

Como hizo en sus mejores momentos históricos, el peronismo mendocino deberá, quizá, para recuperar el afecto de los mendocinos, dejar de creer en el milagro nacional que los reposicionará en la provincia. Ni Cristina ni Massa ni nadie. Deberán renovarse a sí mismos. Creer en sus propias fuerzas, desarrollarlas y luego, si así lo desean, aportarlas a un proyecto nacional. Que es exactamente lo contrario a lo que vienen haciendo durante todo este siglo en lo que les interesó más el proyecto nacional que la provincia y así les fue. En eso Mendoza suele ser contundente: quiere representantes propios antes la Nación, no meros delegados, aunque sean del mismo partido. Cuando se inició la democracia, ni Llaver fue complaciente con Alfonsín ni Bordón con Menem. Y a partir de esas actitudes de respetable autonomía frente a los poderes centrales, se fundó un nuevo radicalismo y un nuevo peronismo a los que los mendocinos apoyaron más por su identidad local que por sus adhesiones nacionales. El peronismo provincial de hoy tiene mucho que aprender de esos inicios. Y continuarlos.

El líder de la Unión Mendocina, Omar de Marchi, debe por estos momentos estar escuchando los consejos del líder del PD, Carlos Balter, quien siempre suele decirle a todos los que lo quieren oir: “Cuando en 1999 fui candidato a gobernador y estaba primero en las encuestas, perdí la elección porque no pude o no supe tener en mi lista un candidato presidencial”. Ahora, por el contrario, casi lo único que tuvo fue un candidato presidencial y le fue más que bien. Mientras que De Marchi tiene que mantener desde el llano una nueva fuerza, puramente provincial, formada sólo para pelear la gobernación. De ser cierto que al lujanino le ofrecieron un cargo importante desde la presidencia Milei y éste en principio habría aceptado, seguramente habrán otros ofrecimientos. Y formando De Marchi parte del gobierno de Milei, es muy posible que la Unión Mendocina tienda a identificarse con el nuevo poder o a ponerse muy cerca de él. Con la escasísima o más bien nula simpatía para ello de Cambia Mendoza, quien también deberá construir lazos con Milei a juzgar por lo que indican todas las tendencias. Que los viejos socios y hoy enemigos irreconciliables puedan aproximarse a la misma opción nacional habla de una política mendocina bastante difícil de poder hoy pronosticar cómo será. Y a modo de muestra basta un botón: acaba de salir con los tacones de punta la vicegobernadora electa, Hebe Casado, contra la posible participación de Omar De Marchi en el gobierno nacional. Y quizá no haya sido sólo ella.

Epílogo nacional

Después del huracán Milei todas las fuerzas políticas nacionales requieren cambios sustanciales.

El nuevo oficialismo deberá acercar muchos políticos y quizá algunas fuerzas enteras de la “casta buena”, ya sea vía alianzas o acuerdos de gobernabilidad, para poder llevar adelante sus políticas. Tal como está hoy compuesto apenas podría tener gente para llenar un gobierno municipal, no uno nacional. Y ese es un auténtico desafío que ya antes de asumir está generando conflictos internos (y externos) por doquier.

JxC hoy está en una crisis de identidad que ni siquiera Freud o Lacan les podrían solucionar. No tienen idea si ser oficialismo, oposición o alguna de las infinitas opciones intermedias que hoy pululan para ver si se puede quedar bien con dios y con el diablo. Pero lo cierto es que tanto si sobrevive (bien díficil) o si implosiona o si explota, ya no será nunca igual que antes. Entre un Morales que quiere ser todo oposición, una Bullrich que quiere ser todo oficialismo y tantos que no saben cómo ubicarse entre ambos, son los que peor la tienen. No por nada salieron terceros. Y no por nada casi todos sus votantes se terminaron volcando hacia Milei.

El peronismo deberá convivir por un tiempo entre los restos que le dejaron los tres mariscales de la derrota (Cristina, Sergio y Alberto) y los que intentarán seguir por caminos similares a los fracasados, esperando que pronto Milei fracase peor que ellos... O animarse a una renovación en serio, de lo cual hoy lo más razonable sería devenir en algo parecido a una opción socialdemócrata que es el espacio racional que ha quedado vacío. Ni populista, ni autoritario. Al cual Schiaretti pudo hacer sobrevivir como un pequeño tesoro en su provincia, quizá a la espera de su multiplicación.

Un país que, al modo español, pudiera tener su Partido Popular (PP) y su Partido Socialista (PSOE), donde el liberalismo lograra liberarse del extremismo fundamentalista de derecha y la socialdemocracia del populismo y la corrupción kirchneristas, podría encontrar el camino institucional que hasta ahora no consigue encontrar y que nos librara a la vez del partido único y de la fragmentación total, con dos grandes coaliciones de ideas, de programas y de gestión, más que de ideologías, doctrinas e ineficiencias gestionarias. Difícil pero no imposible. El módico sueño (pero para nosotros utópico) de un país serio.

* El autor es sociólogo y periodista. clarosa@losandes.com.ar

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