Errar es humano

“Errar” es, en primer término, “no acertar algo”, como cuando decimos: “Erramos en la elección del lugar para las vacaciones”. También puede significar “andar vagando de una parte a otra”: “Anduvo errando por diferentes sitios”.

Errar es humano
Errar es humano y evaluar el daño, curativo

La persona se equivoca y, cuando se disculpa por ello, alguien le dice “errar es humano, perdonar es divino”, paremia originada en la forma latina “Humanum errare est, ignoscere divinum”. Alguien, entonces, pregunta si este “errar” significa solamente “equivocarse” o si posee otras acepciones y, en relación con ello, cómo debe conjugarse.

Recurrimos a las fuentes académicas, tanto al diccionario de la lengua como al Panhispánico, y nos encontramos con que “errar” es, en primer término, “no acertar algo”, como cuando decimos “Erramos en la elección del lugar para las vacaciones”; también, puede significar “andar vagando de una parte a otra”: “Anduvo errando por diferentes sitios”. Puede decirse también del pensamiento, de la imaginación y de la atención, como sinónimo de “divagar”: “Dejé errar mi fantasía”. Hay, además, una locución, “don de errar”, como “falta habitual de acierto, tacto o maña”: “Lamentablemente, lo recuerdo por su don de errar”.

La conjugación de “errar” despierta dudas en el hablante culto porque no sabe si decir “yerro”, “yerra” y “yerran” o, en cambio, mantener las formas regulares “erro”, “erras” y “erra”. Este último criterio es el que más escuchamos en los medios de comunicación y entre los usuarios de cultura media. Es el Panhispánico de dudas, como siempre, el que nos aclara el panorama pues la respuesta no es única: “Solo son irregulares y comienzan por ‘ye’ las formas cuya raíz es tónica: ‘yerro, yerras’, etc.”. Pero… Aprendemos también que, en España, cuando “errar” significa “vagar”, suele conjugarse, totalmente, como regular: “Los seres de carne y hueso erran por sus novelas”. En América, tanto cuando significa “vagar” como cuando equivale a “equivocarse”, no es infrecuente su conjugación como regular, esto es, con “e” en todas las formas: “La noticia erra de un lado para otro” y “Si mis cálculos no erran, podremos viajar en un mes”. Pero, según la Academia, lo más recomendable es respetar la irregularidad en “ye-” cuando la sílaba tónica coincide con la “e”: “Ese jugador nunca yerra los penales” y “Un gran témpano yerra a la deriva”.

Se vinculan a este verbo los adjetivos “errante”, “errático” y “errátil”: el primero significa “que anda de una parte a otra sin tener asiento fijo”, como en “pueblo errante” y “estrella errante”. Por su parte, “errático” comparte ese mismo valor, pero se añade el de “impredecible, que cambia con frecuencia”: “No podés confiar en él porque es de conducta errática”. El tercer adjetivo, “errátil”, concentra los mismos valores de los otros adjetivos, aunque no es tan usado: “errante, incierto, variable”; así, podemos decir “destino errátil”, “comportamiento errátil”.

El Refranero multilingüe del Instituto Cervantes nos lleva a la reflexión con la paremia “De hombres es errar; de bestias, en el error perseverar”. En ella se justifica la equivocación, pero no la persistencia en el error. También se consigna “Errando se aprende a herrar”, cuya idea clave es la experiencia, pues, para aprender, es necesario equivocarse y, luego, rectificar.

Un equivalente de “errar” es “vagar”: nos encontramos con que este vocablo posee dos entradas diferentes en el diccionario porque puede provenir de etimologías distintas. Si “vagar” deriva del latín “vacare”, toma el significado de “estar ocioso” y “tener tiempo y lugar suficiente o necesario para hacer algo”: “Desde su alejamiento de la empresa, vaga todo el día”. Si proviene de “vagari”, su valor es el de “andar por varias partes sin determinación a sitio o lugar, o sin especial detención en ninguno”: “Perdida, vagaba de un sitio a otro”.

A veces, se confunde con “vaguear”, como “holgazanear”, o sea, estar voluntariamente ocioso.

Hay otro vocablo español que tiene significado similar: se trata de “vagabundear” que es “andar vagando por los sitios sin una finalidad ni un destino determinado”: “Despertaba sospechas ese hombre de mal aspecto que veíamos vagabundear desde hacía varios días. Lo interesante es que también se registra “vagamundear”; advertimos que existe una doble asociación que hace el hablante, tanto desde el punto de vista fónico, entre las bilabiales “b” y “m”, como desde el punto de vista conceptual por la noción de errante que encierra “vagabundo”, y la idea de andar sin rumbo fijo por el mundo, que conlleva el segundo término.

En relación con estos vocablos está también “errabundo” que, al igual que los anteriores, significa “que va de una parte a otra sin asiento fijo”. El denominador común de estos vocablos es la idea de indefinición, que está presente en el adjetivo “vago”, en general de valor negativo. Pero aquí debemos saber que “vago” entra en el diccionario de dos formas distintas: la primera es el adjetivo originado en el latín “vacuus”, en que equivalía a “desocupado”; hoy usamos este adjetivo con connotaciones negativas: puede aludir al holgazán y perezoso: “Es un vago sin remedio”. También, dicho de una persona, será la que está “sin oficio, mal entretenida”: “Era un sitio lleno de vagos”. Hay una locución adverbial, “en vago”, también de valores negativos puesto que significa “sin firmeza ni consistencia o con riesgo de caerse”: “Daba miedo porque estaba en vago”. El segundo adjetivo “vago”, homónimo del anterior, también tenía origen en el latín “vagus”; equivale a “que anda de una parte a otra, sin detenerse en ningún lugar”: “Un día está aquí, otro día, allá, como el vago que es”. Sin embargo, no referido a personas, este segundo “vago” toma otro sentido: el de “impreciso, indeterminado”, como en “Experimentaba una vaga sensación de tristeza”. En pintura, puede ser sinónimo de “vaporoso, ligero, indefinido”: “Se diluye la luz y se esfuma la figura en un vago fondo”. Y se puede hablar de una “voz vaga”, para aludir a una noticia, rumor o hablilla esparcida entre muchos, y cuyo autor se ignora: “Aún no hay certeza sobre ese tema, son voces vagas que nos llenan de inquietud”.

Equivocaciones e incertidumbres parecen unir, como con un hilo conductor, las voces analizadas hoy, con lo fascinante de aquello que carece de un perfil predeterminado.

* La autora es profesora consulta de la UNCuyo.

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