El color de la música: Vasili Vasílievich Kandinsky

Kandinsky podía ver los colores mientras escuchaba música y, mientras pintaba, escuchaba la música de sus colores.

Vasili Vasílievich Kandinsky
Vasili Vasílievich Kandinsky

“El color es un poder que influencia directamente al alma”, afirmaba Vasili Vasileivich Kandinsky. “El color es teclado, los ojos un martillo, el alma es una cadena. El artista es la mano que juega tocando una tecla u otra para causar vibraciones en el alma”.

Vasili fue un joven brillante de una familia acomodada, criado en una Rusia atenta a todas las novedades europeas. Nacido en Moscú, vivió en Odessa a donde adquirió una sólida formación musical, pero regresó a Moscú para estudiar leyes y economía. No todos saben que Kandinsky, antes de comenzar su carrera como artista, a los 30 años, se había desempeñado como profesor de derecho romano. ¿Qué le hizo cambiar su trabajo de letrado por el de pintor? Pues un Monet. Quedó impactado por un cuadro del impresionista francés, especialmente por su estilo y sus colores, casi independientes de las formas.

Al mismo tiempo, la música de Wagner le mostraba una búsqueda estética más allá de los límites de la música. A estas influencias se sumó la de Helena Blavatsky (1831-1891), ocultista y teósofa rusa, fundadora de la Sociedad Teosófica. El mundo estaba cambiando y estas nuevas ideas lo empujaron a escribir su primer libro como teórico de la creación, “De lo espiritual en el arte”.

Sus obras iniciales eran de paisajes urbanos y rurales con poca participación de la figura humana y una escala cromática impactante, con una técnica que iba del puntillismo al fauvismo.

Su obra más notable, “El Jinete Azul” (1903), dio nombre a una movimiento donde confluían “finos hilos de conexión” entre lo gótico, el arte primitivo de África y Oriente, con un fuerte valor expresivo de los movimientos musicales.

La primera exposición de Kandinsky se hizo en Múnich con la participación del pintor quien daba forma a sus teorías pictóricas con textos donde relataba sus experiencias sinestésicas.

¿Qué era la sinestesia (del griego, percepción unida) para Kandinsky? Un componente esencial del arte donde se amargaban sonidos, colores y sentimientos. Kandinsky podía ver los colores mientras escuchaba música y, mientras pintaba, escuchaba la música de sus colores. Después de oír “Lohengrin” de Wagner en el teatro Bolshói, tuvo una inusual experiencia sinestésica. “Vi como los colores del espíritu y las líneas más extrañas se formaron frente a mis ojos”.

Entre 1907 y 1909, creó diez composiciones pictóricas que él consideraba “sinfonías”. Para el pintor la relación entre el color y el sonido era muy precisa y estrecha y así volcó su experiencia en cuadros y textos.

Durante este periodo en Múnich donde Kandinsky se había afincado con su esposa (y prima) Anna Chemyákina, conoció a la artista Gabriele Münter. El vínculo se hizo más estrecho, Vasili se separó de su primera esposa y permaneció unido a Gabriele durante diez años. Cuando comenzó la Primera Guerra, la pareja debió huir a Suiza. Posteriormente, Münter viajó a Estocolmo y Kandinsky volvió a Rusia, donde colaboró estrechamente con el movimiento estético soviético. Para entonces, el arte de Kandinski se había vuelto francamente abstracto. Él no fue el creador de la pintura abstracta, sino el checo František Kupka; Kandinsky fue el más conocido difusor y teórico de este movimiento estético. En esos años trabajó intensamente en el Instituto de Cultura Artística de Moscú, asistiendo a Anatoli Lunacharski (1875-1933) en la formación de pintores, escultores y artesanos comprometidos con la ideología del partido.

El establishment soviético pronto percibió que, a pesar del empeño puesto por Kandinsky en la docencia, muchos miembros del partido se resistían a su subjetivismo abstracto. Pronto las acusaciones fueron más concretas: el suyo era arte “occidental e individualista”.

Los demás miembros del Instituto, como Vladímir Tatlin, Aleksandr Ródchenko y Liubov Popova, se volcaron hacia un arte “más objetivo” y la obra de Vasili fue quedando relegada...

En 1921, Kandinsky fue invitado a la Bauhaus –un grupo esteticista formado por el arquitecto Walter Gropius–. Kandinsky entendió que esta era una salida elegante de la Rusia Soviética, sin rupturas ni recriminaciones, y decidió viajar a Alemania con Nina Andreiévskaya, su nueva pareja (aunque continuaba su relación con Münter que desconocía la existencia de Nina) .

Kandinsky se involucró activamente en la Bauhaus como docente y teórico. Fue en estos años donde publicó “Punto y línea sobre un plano” (de aquí su frase: “todo se genera de un punto”). Su figura adquirió dimensión internacional y profundizó su relación con pintores como Paul Klee y Alekséi von Jawlensky. Con la llegada del nazismo al poder, Kandinsky se vio obligado a cambiar una vez más de destino. Su obra era el ejemplo más consumido del Entartete Kunst (o Arte degenerado). Algunas de sus “composiciones” fueron entregadas al fuego.

Kandinski vivió los últimos diez años de su existencia en París, en un pequeño apartamento, pintando estructuras biomorficas, como pequeños microorganismos, una especie de metáfora de su mundo interior. Como creyente en la teosofía, sostenía que había una verdad fundamental y subyacente, una realidad esencial oculta que proporcionaba una realidad al arte abstracto. “El artista ha de tener algo que decir pues su deber no es dominar la forma sino al contenido”. Fue uno de los primeros en expresar la comunión entre el artista y el espectador como una puesta a disposición de todos los sentidos para abarcar la totalidad de la percepción. Era lo que el filósofo francés Michel Henry llamaba la “absoluta vida fenomenológica”.

A Kandinsky le gustaba decir que “lo bello procede de una necesidad interna del alma… y como el alma se encuentra estrechamente ligada al cuerpo, una emoción cualquiera puede provocar siempre, por asociación, otra que corresponda con ella… Toda obra de arte es hija de su tiempo y, con frecuencia es madre de nuestros sentidos”.

Kandinsky murió en París antes que el mundo se involucrara en una guerra sin sentido, lejos de las abstracciones que proponía.

* El autor es médico e historiador.

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