Claridad meridiana

De la riqueza que encierran los términos dan cuenta muchas notas escritas en este espacio, no solo por las acepciones que encierran sino por la multiplicidad de frases que pueden formarse con ellos.

Claridad meridiana
Eclipse anular solar

De la riqueza que encierran los términos dan cuenta muchas notas escritas en este espacio, no solo por las acepciones que encierran sino por la multiplicidad de frases que pueden formarse con ellos.

Hoy, el vocablo elegido es “claro”, proveniente del latín “clarus”; ya en aquella lengua, el valor del adjetivo era diverso: “ilustre, famoso, célebre, luminoso, claro, brillante”. En español, lo podemos encontrar como adjetivo, como sustantivo y como adverbio.

Cuando lo hallamos como adjetivo, vemos que puede ser equivalente a “con mucha luz”: “Me gustaba quedarme en ese rincón claro, donde la luz me permitía leer durante muchas horas”. También, referido al cielo, indica que está despejado y sin nubes: “Amaneció un día claro y soleado”. Si “claro” lo referimos a un color, estaremos señalando que tiende al blanco o se le acerca más que otro de su misma clase: “He preferido el azul claro para el uniforme”. La cualidad de “claro” puede atribuirse a aquello que es transparente y limpio, literalmente y en sentido figurado: “Las reglas son muy claras” y “El arroyo tenía claras sus aguas”.

En otro orden, algo es “claro” si es inteligible y fácil de comprender: “Explicaciones sumamente claras” y “Pronunciación clara”. Cercano a este valor es el que se dice cuando algo es evidente y no deja lugar a dudas: “Se debe lograr que todo escrito administrativo quede expresado en un lenguaje claro”.

Afín es el valor que se le atribuye a “claro” cuando se lo refiere a la sinceridad en las manifestaciones y a lo expresado francamente y sin reservas: “Sus conceptos han sido muy claros”. “Siempre es claro y directo”. Si la claridad se atribuye a un sonido, significa “de timbre agudo”: “Era una partitura para voces claras”; si se refiere al linaje de alguien, se desea indicar que es ilustre y honorable: “Eran claros e insignes varones”.

También, “claro” puede ser un sustantivo; así, puede señalar un “lugar con escasa vegetación”: “En un claro del bosque, se habían reunido los lugareños”. Puede, asimismo, denotar un espacio vacío dentro de un conjunto: “Hay un pequeño claro en la platea del teatro”. De modo análogo, un “claro” es también un tiempo durante el cual se interrumpe una actividad: “Advierto un claro en su currículum, entre 2000 y 2004″.

Además, como sustantivo y en lo edilicio, un “claro” es una abertura, a modo de claraboya, por donde entra a luz”: “Por ese claro, se colaban los rayos del tibio sol de invierno”. Hay también una locución sustantiva, “claro de luna”, momento corto en que la luna se muestra con toda claridad, en una noche oscura.

Con valor adverbial, encontramos locuciones como “a las claras” y “claro está”; la primera señala “de modo claro por la evidencia o la franqueza”: “Esto demuestra a las claras su participación en la maniobra”. La segunda significa “ciertamente”: “Es deshonesto, claro está”.

Forma además locuciones verbales, donde “claro” posee valor adverbial: “poner en claro algo” es “eliminar dudas acerca de ello”: “Ya puse en claro mi postura”. Además, “tener claro algo” equivale a “no tener dudas”: “Tenía claro su futuro accionar”.

La Fundéu (Fundación del español urgente) critica como redundante la expresión “meridianamente claro”, pues el adverbio “meridianamente” conlleva el significado de “con gran claridad”. Si bien la expresión es muy usada, sobre todo en el lenguaje periodístico, basta con decir “clarísimo” o “muy claro” o, si se desea enfatizar el valor de la claridad, puede decirse “totalmente/absolutamente claro”: “En un discurso absolutamente claro, destacó cada logro”.

También esta fundación hace aclaraciones acerca del uso de “dejar claro/dejar en claro”: ambas construcciones son válidas, aunque según los países se prefiere una u otra; se usan con “dejar, quedar, poner”: “Dejó en claro cómo piensa”, “Ha puesto claro el pensamiento de ese filósofo”, “¿Ha quedado claro el plan de trabajo?”. Desde lo normativo, la Fundéu dice que, en la expresión “tener claro”, el adjetivo “claro” debe concordar, preferiblemente, en género y número, con aquello a lo que se refiere: “Tiene clara la sanción que aplicará” y “Tiene claros los objetivos que busca”.

Sobre la base de “claro, nos aparece otro adjetivo: “preclaro”. El significado coincide parcialmente con una de las acepciones de aquel: “Esclarecido, ilustre, famoso y digno de admiración y respeto”. Así, leemos “Aquellos próceres fueron verdaderos prohombres, preclaros representantes de patriotismo”.

En la misma familia semántica, encontramos el sustantivo “claridad” con muchas acepciones: la primera alude al efecto que causa la luz que ilumina un espacio y permite distinguir lo que hay en él: “Desea una casa en donde haya claridad en cada ambiente”. Pero, dejando de lado lo físico, “claridad” es la distinción con que, por medio de los sentidos, percibimos las sensaciones, y por medio de la inteligencia, las ideas: “Cuando haya claridad, buscaré la aguja perdida” y “Recién pude razonar con claridad y vislumbrar una solución adecuada”. Si estoy hablando con “claridad”, estaré aludiendo a que mis palabras, sobre algo desagradable, son pronunciadas franca y resueltamente: “Fue sincero y con claridad se refirió a esa realidad desagradable”.

Contrariando lo que dice la Fundéu, el diccionario académico registra la expresión “claridad meridiana”, pues dice de ella que es la “claridad de un argumento o razonamiento de muy fácil comprensión: “Todos lo alaban por la claridad meridiana en sus exposiciones”.

Cerramos con refranes, como solemos hacer: “A médico, confesor y letrado, hablarle claro” presenta como sumamente necesaria la claridad de expresión ante personajes vitales en nuestra vida, como son los que atienden, respectivamente, nuestra salud, solucionan nuestros problemas legales y recepcionan nuestras inquietudes espirituales. “Cielo de junio, limpio, claro y azul como ninguno” presenta el clima propicio del comienzo del verano en tierra española.

“La claridad es el barniz de los maestros” está referido no solo al ámbito pictórico, sino que se refiere a todos los aspectos de la vida en donde la transparencia en el obrar es virtud de unos pocos.

“La claridad es amiga de la verdad” pinta la necesidad de asociar la franqueza a la autenticidad.

* La autora es profesora consulta de la UNCuyo.

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