Bolsonaro cuestiona el sistema electoral y mira a los militares

Jair Bolsonaro y Donald Trump, presidente de Brasil y expresidente de EE.UU. en una imagen de archivo.
Jair Bolsonaro y Donald Trump, presidente de Brasil y expresidente de EE.UU. en una imagen de archivo.

En los niveles más altos de la jerarquía militar predomina una posición de cautela temiendo que Bolsonaro los lleve a jugar un rol político en su favor.

La preocupación de Estados Unidos por el cuestionamiento del presidente brasileño Jair Bolsonaro al sistema electoral de su país, en vísperas de la primera vuelta de la elección presidencial del 2 de octubre, crece a medida que se acercan. Siguiendo el modelo de Trump, Bolsonaro sostiene que el sistema electrónico vigente en Brasil desde hace décadas para votar permite el fraude y que él va a ser víctima del mismo. Es una denuncia política que viene realizando desde hace meses y que pareciera ir preparando el terreno para cuestionar el resultado si no le fuera favorable (los últimos sondeos muestran un achicamiento de la marcada ventaja que tiene el expresidente Lula). Esto ha llevado a enfrentamientos del Presidente con la Suprema Corte, y en particular con los jueces específicos a cargo de la materia electoral.

Tradicionalmente, las Fuerzas Armadas tienen a su cargo la seguridad de los comicios, pero en esta oportunidad el Presidente ha ampliado sus funciones, encomendándoles realizar un escrutinio paralelo para verificar la validez de los resultados derivados del sistema electrónico. Hasta ahora, las Fuerzas Armadas no han rechazado esta función que se les ha adjudicado. Está claro que la estrategia oficialista es que las instituciones militares sigan formando parte de su coalición política. Por esta razón, Bolsonaro decidió llevar nuevamente a un general como su candidato a Vicepresidente. Es el general Walter Souza Braga Netto. A comienzos de febrero de 2020, cuando el Presidente brasileño atravesaba una de sus varias crisis, fue designado Jefe de la Casa Civil de la Presidencia con apoyo de las Fuerzas Armadas, con el objetivo de controlar los excesos de Bolsonaro y dar estabilidad al gobierno.

Pero Braga Netto, con el transcurrir de los meses, fue pasando a tener una posición más favorable hacia el Presidente que la inicial. Es así como, en marzo de 2021, Bolsonaro lo designó como ministro de Defensa. Procedió a renovar la cúpula militar, incorporando a oficiales superiores más cercanos a las posiciones del Presidente. Cabe señalar que los militares hasta entonces jugaron un rol importante para impedir que Bolsonaro llevara adelante un golpe institucional, como llegó a plantear en actos ante sus partidarios un año atrás. Lo cierto es que hasta el momento no han tomado una actitud análoga frente a las denuncias de Bolsonaro sobre el fraude electoral y el rol asignado a las Fuerzas Armadas para impedirlo.

El personal subalterno de las Fuerzas Armadas y la Policía Militar es firme partidario del Presidente y constituyen una parte importante de su base electoral. El voto a favor de la reelección del Presidente en este sector puede alcanzar entre el 80% y el 90%. En los niveles más altos de la jerarquía militar predomina una posición de cautela, temiendo que Bolsonaro los lleve a jugar un rol político en su apoyo en una crisis institucional. Pero Braga Netto habría influido para dividir esta opinión en los mandos. A fines de 2021 visitó Brasil el Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan. Llevó como objetivo prioritario advertir a las Fuerzas Armadas de que no se sumen a la estrategia de “crisis institucional” en torno a los comicios, que parece copiada por Bolsonaro de Trump (la negativa de los militares estadounidenses a acompañar la estrategia de Trump fue relevante para su fracaso).

A mediados de este año estuvo en Brasil el Secretario de Defensa de los Estados Unidos, el general Lloyd Austin, con motivo de la realización de la reunión bianual de ministros de Defensa del continente. Tanto en privado como públicamente, advirtió a los militares brasileños respecto a no acompañar las posturas de Bolsonaro frente al eventual fraude.

La Administración Biden habría empezado a demorar una venta de misiles al Ejército brasileño para reforzar su mensaje. En Estados Unidos también preocupa la política ambiental de Bolsonaro, que asigna un rol a las Fuerzas Armadas en el control de la Amazonia, considerada una suerte de “pulmón” para mantener el equilibrio del medio ambiente global. Durante la gestión de Bolsonaro avanzó el proceso de reducción de la selva amazónica, impulsado por la extensión de la frontera agropecuaria para ampliar la tierra dedicada a la soja y la ganadería. A eso se suman acciones como la minería ilegal, que contribuyen al deterioro de la floresta amazónica.

Es claro que la Administración Biden apuesta en Brasil al triunfo de un Lula moderado. Se trata de una proyección a la región de la política contraria a la que sostuvo Donald Trump, quien buscó aliarse con los gobiernos de ultraderecha como el de Bolsonaro y el de centroderecha de Macri en Argentina, así como también el de Duque en Colombia y el de Piñera en Chile. En esta situación, a partir de la invasión rusa a Ucrania, Brasil ha dado muestras de no seguir la política de Estados Unidos en este conflicto. Bolsonaro demostró simpatía por Putin y anunció la compra de hidrocarburos a este país, decisión contraria a las sanciones económicas impuestas por EE.UU. a Rusia.

En este marco, ocho ex Secretarios de Defensa tanto republicanos como demócratas y cinco militares en retiro que han llegado al máximo cargo de la jerarquía militar de Estados Unidos, hicieron pública una declaración exhortando a las Fuerzas Armadas brasileñas a mantenerse subordinadas a la Constitución.

* El autor es Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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