Argentina, un país de novela

En Milei, la forma era el contenido, porque fue el ducto que canalizó toda la ira y el hartazgo acumulado en la sociedad frente a una clase política corrupta, inútil y decadente.

Argentina, un país de novela
El pueblo en el que Milei arrasó. Los Chañaritos.

Como en una novela de intriga política, los personajes y sucesos del escenario político parecen surgir de la imaginación de escritores como Graham Green o Robert Penn Warren. Superando tramas como la del Poder Absoluto, novela de David Baldacci, o La Silla del Águila, de Carlos Fuentes, la escena política argentina se pobló de personajes intrigantes que lucubran jugadas maquiavélicas y engendran fenómenos desopilantes.

Frente a la cuadratura de círculo que se presentaba a su ambición presidencial, Sergio Massa ideó una jugada inconcebible: crear a Javier Milei en términos electorales. O sea, darle elementos necesarios para que corra en el andarivel de los presidenciables.

Por cierto, Milei se había inventado a sí mismo en los sets de televisión. Pero Massa le brindó elementos imprescindibles para incrementar su competitividad: su influencia le dio acceso al prime time de ciertos canales televisivos de manera permanente y aportes como los que podía hacerle Luis Barrionuevo, entre otras cosas.

El objetivo del ministro de Economía era el que logró: dividir el voto de Juntos por el Cambio (JxC) para poder ganar la elección a pesar de ser el “hombre fuerte” de un gobierno calamitoso. Lo que no imaginó es que, como en la novela de Mary Shelley, la creatura se volvería en su contra. Peor aún, terminaría convirtiéndose en “caballo de Troya” de su archienemigo político, Mauricio Macri, y arrollándolo en la carrera final hacia la Casa Rosada.

Nadie esperaba ver el regreso de Macri al escenario del poder del modo que se dio: traicionando a su propia gente y lanzando al abismo a la coalición política que él mismo había creado, para convertir en propia a la victoria de Milei. Y no sólo Macri resucitó políticamente cuando parecía desahuciado. También Cristina Kirchner, su hijo Máximo, La Cámpora y la constelación de artistas, intelectuales y periodistas que son parte del universo kirchnerista, tienen una chance más de vida gracias al triunfo de Milei.

Aunque ni la líder ni sus más cercanos lugartenientes hayan bajado línea para votar la fórmula ultraconservadora, porque en la constelación mediática y en la feligresía habría creado traumas sico-políticos y emocionales irreparables, está claro que para ellos el milagro de la resurrección es más probable con Milei que con Massa. Hasta resulta obvio que ser oposición a un gobierno ultraconservador que aplica recetas ortodoxas es tener un lugar en el mundo político, mientras que ser oficialismo de Massa es un pasaje directo a la extinción, aunque con cuidados paliativos.

Para Cristina y La Cámpora, la disyuntiva era ser “resistencia” o encaminarse a ser nada. Por eso la noche del escrutinio fatídico, habrán lucido lutos, mientras el festejo iba por dentro.

Tantas cosas han sucedido en un puñado de meses, que la novela política argentina ya parece haber recorrido un siglo de intrigas y traiciones.

Hasta Maquiavelo quedaría estupefacto con lo que surge en cada página de la novela argentina. Cada capítulo es más alucinante que el anterior. Y lo que viene aún resulta indescifrable.

El protagonista estelar también va cambiando sorpresivamente. Primero, sorprendió a todos como el primer candidato de la historia que gana una elección prometiendo ajustes dolorosísimos. Luego pasó de ser un personaje volcánico y de alta agresividad, a parecer un gurú del budismo tibetano.

Es un cambio en las formas, pero para nada superficial. En Milei, la forma era el contenido, porque fue el ducto que canalizó toda la ira y el hartazgo acumulado en la sociedad frente a una clase política corrupta, inútil y decadente, que se comporta como una corporación abocada a autosatisfacerse en todos los términos.

Los capítulos que vienen podrían ser muy oscuros. Todo depende de que tanto el presidente ultraconservador y su principal oposición, el peronismo kirchneriano, sepan deconstruirse en sus aspectos extremos para construirse en versiones centristas y equilibradas de sí mismos.

Milei debe “deconstruirse” como activista mediático, rol en el que irradió exacerbación, intolerancia, extremismo y confrontación en sobredosis, para construirse como contracara de todo eso. La contracara necesaria del activista mediático no es el gurú que medita en una nube de incienso, sino el estadista. Y el estadista, como contracara del panelista volcánico que canalizó el hartazgo, debe ser sereno, dialoguista, moderado y centrista.

A su vez, para conjurar las sombras oscuras que merodean los próximos capítulos, el peronismo deberá deconstruirse como la oposición destructiva que fue contra Alfonsín, De la Rúa y Macri, para construirse como una oposición democrática.

¿Podrán el peronismo y también la “invención electoral” de Sergio Massa, realizar semejante transformación sobre sus naturalezas e instintos?

Parece imposible, pero en la novela argentina de intrigas y traiciones, todo puede ocurrir. Hasta lo inimaginable.

* El autor es politólogo y periodista.

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