El país visto desde Mendoza
De héroes económicos y villanos culturales
De héroes económicos y villanos culturales "El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad" Sus grandes enemigos son las universidades y el periodismo porque son las canteras del enemigo: en uno se producen las ideas, en el otro se divulgan. Walter Block Block argumenta que la difusión de información falsa debería ser tolerada siempre que no implique agresión física. Desde su óptica, el derecho a expresarse incluye incluso el derecho a mentir, y cualquier intento estatal de sancionar la difamación constituye una restricción indebida a la libertad de expresión. Walter Block sostiene que el blanqueo de dinero realizado por actores privados no constituye un delito en sí mismo, siempre que no implique violencia directa. En su razonamiento, el dinero no tiene una moral intrínseca y su origen no debería condicionar la legitimidad de las transacciones posteriores si estas se realizan voluntariamente entre partes. Block sostiene que arrojar residuos es una conducta aceptable mientras no viole derechos de propiedad claramente definidos. En su visión, el problema no es la contaminación en sí, sino la falta de dueños identificables que reclamen por el daño. Block aborda el trabajo infantil como una práctica que puede resultar beneficiosa para las familias. En su análisis, prohibirlo sin considerar las condiciones económicas reales puede generar mayores perjuicios. En uno de los pasajes más controvertidos, el autor afirma que quien contrata niños es tan “amable y benevolente” como cualquier otra persona y que la institución del trabajo infantil es “honorable”, con una supuesta trayectoria de buenas obras. Según el libro, el verdadero daño no lo genera la explotación, sino la ley que la prohíbe. Block es el principal defensor libertario de los contratos de esclavitud, argumentando que «es un contrato de buena fe que, de ser derogado, se produce el robo» y critica a los libertarios que se oponen a la esclavitud voluntaria como incompatibles con sus principios (como es el caso de Murray Rothbard, Randy Barnett, Stephan Kinsella, David Gordon, y Richard Epstein). Block pretende hacer «un pequeño ajuste que refuerce el libertarismo, haciéndolo más coherente». Afirma que su posición demuestra «que un contrato que se basa en la propiedad privada [puede] llegar a más aspectos de la interacción humana, incluso a los contratos voluntarios de esclavitud».[3] Al ocuparse del chantaje, al que le gustaría legalizar, formula curiosas equiparaciones. “Además de ser una actividad legítima, el chantaje tiene algunos efectos positivos, pese a la letanía de disposiciones en su contra. Quitando alguna víctima inocente que caiga en la red, ¿quiénes son las presas de los chantajistas? En lo esencial -escribe Block-, hay dos grupos. Uno de ellos compuesto por criminales: asesinos, ladrones, estafadores, malversadores, evasores de impuestos, violadores, etc. El otro grupo consta de gente que participa en actividades que no son ilegítimas en sí mismas, pero que son contrarias a la moralidad y hábitos de la mayoría: homosexuales, sadomasoquistas, pervertidos sexuales, comunistas, adúlteros, etc. La institución del chantaje tiene efectos beneficiosos, aunque diferentes, en cada uno de dichos grupos”. Murray Rothbard Rothbard es partidario de abolir en principio todos los bancos centrales, en favor de lo que se conoce como banca libre, es decir, la libertad de los bancos privados para emitir sus propias monedas compitiendo entre sí en el mercado. Estados Unidos y Suiza vivieron situaciones similares en el siglo XIX, que condujeron inevitablemente a la regulación estatal y luego a la creación de bancos centrales. De ahí viene la propuesta de legalizar un mercado de compra-venta de niños para equilibrar la oferta y la demanda, y el derecho de los niños a escapar del hogar y buscar otro en caso de vivir una mala vida. Los padres deberían poder vender sus derechos fiduciarios sobre sus hijos en virtud de un contrato voluntario. En suma, -prosigue Rothbard- tenemos que enfrentarnos al hecho de que en una sociedad absolutamente libre puede haber “un floreciente mercado libre de niños”. “Esto suena a primera vista a cosa monstruosa e inhumana -admite-. Pero una mirada más atenta descubre que este mercado posee un humanismo más elevado”. Según Rothbard, “un padre o una madre no tienen derecho a agredir a sus hijos, pero tampoco deberían tener la obligación legal de alimentarlos, vestirlos y educarlos, ya que tales exigencias serían coactivas y privarían a los padres de sus derechos”. “En una sociedad absolutamente libre puede haber un floreciente mercado libre de niños”, escribió Rothbard
Por Carlos Salvador La Rosa