Finca La Higuerita, la historia de un tesoro oculto en Medrano

Olvidada por años, la propiedad renació como un oasis en el que se proyecta innovación y éxito. Nicolás Flores, el administrador de este emprendimiento familiar, cuenta cómo se ha revitalizado no solo la tierra, sino también la tradición agrícola del lugar.

Finca La Higuerita, la historia de un tesoro oculto en Medrano
Nicolás Flores administra un proyecto familiar que desarrolla la plantación de higos, nogales y pistacho. Foto: José Gutierrez / Los Andes

El proyecto nació a partir de una finca que llevaba siete años abandonada, sin riego. Un emprendimiento de 100 hectáreas que su primer dueño, Don Augusto, había desarrollado con el cultivo de 25 hectáreas de higo adriático. “La higuera es una planta muy noble, porque de todas las plantas que estaban en La Higuerita, tuvimos que erradicar solo cinco hectáreas porque estaban muy deterioradas”, comentó Nicolás Flores (de 26 años), uno de los nuevos dueños y también responsable de administrar esta finca familiar.

En 2018, los resultados del censo frutícola que realizó Mendoza mostraron que en la provincia la superficie de higos era de 40 hectáreas, repartidas entre la Zona Este y el oasis Sur. Los hermanos Flores, en un corto plazo, además de reponer las plantas de higo de esas cinco hectáreas, planean sumar olivos, pistachos, nueces Pecán, ciruelas D’agen y también duraznos, estos últimos para marcar casi como adorno el camino en el que se dividen los distintos cuadros de producción en su propiedad.

“El higo no es un fruto común, es una flor”, explica Nicolás, quien junto a sus hermanos Facundo, Melisa y Agustina, desde hace 8 años tomaron el control de la antigua finca de Don Augusto Blanc, muy cerca del dique El Carrizal y proyectan convertirla en un establecimiento modelo.

“El higo es un antioxidante natural, que ayuda contra controlar el colesterol y la diabetes, entre otras virtudes. El higo es un fruto perecedero, a los siete días se estropea. No es como la breva natural, blanca o negra, tenes que enviarlo a los secaderos para transformarlo, para darle un valor agregado… a los árboles decidimos podarlos un poco más arriba de la altura de una rodilla de un ser humano, las plantas han rebrotado y aumentan todos los años su rendimiento”.

La finca llevaba siete años abandonada, sin riego. En la propiedad de 100 hectáreas, su primer dueño, Don Augusto Blanc había plantado 25 hectáreas de higo adriático.
La finca llevaba siete años abandonada, sin riego. En la propiedad de 100 hectáreas, su primer dueño, Don Augusto Blanc había plantado 25 hectáreas de higo adriático.

Al higo seco solo necesitas hidratarlo, con un poco de agua tibia, para disfrutarlo como si recién lo hubieses recogido del árbol. Es un manjar”, agrega el ex estudiante de ciencias económicas, que decidió abrazar los trabajos del campo por vocación. “Dejé la facultad porque sentí que no encajaba con mis proyectos. En realidad, no congeniaba y me fui a trabajar al campo. Con el tiempo me fui adaptando y aprendiendo más sobre la administración de la finca, entre otras tareas que hago”.

Del boca a boca al canal comercial

El higo adriático es de climas más cálidos, pero se ha adaptado perfectamente en algunas zonas de nuestra provincia. Es un producto que comenzamos a vender, de boca a boca, también es muy pedido en internet, en Mercado Libre, porque se utiliza en repostería; a medida que fuimos recobrando las plantas, el objetivo ahora es crear una marca, una franquicia que agrupe a todos los productos que estamos produciendo hoy en nuestra finca. Ya hemos generado un canal comercial para nuestros frutos secos y lo hemos empezado a alimentar”, puntualiza el administrador de la Finca La Higuerita.

Nicolás cuenta que su hermano Facundo está en California, porque “está aprendiendo sobre el mercado del pistacho, que es uno de nuestros ejes de desarrollo”. Agrega que están en un proceso de inversión para crear una finca modelo “con un secadero propio”, además de las 25 hectáreas productivas de higo, también las plantaciones intensivas de pistachos, almendros, nueces pecán y olivos. “Queremos cerrar el ciclo de la producción con diferentes cultivos, diversificarnos”, sostiene.

Tenemos el espacio necesario y queremos construir un secadero, con camas. Adquirir nuestras propias máquinas y manejar todo el proyecto desde la siembra en forma mecanizada. Con mis hermanos queremos armar una finca bien equipada y, de hecho, estamos pensando en cosechadoras para administrar el trabajo de una forma más eficiente”, comentó Nicolás Flores.

A futuro, de la mano de Agustina (que es arquitecta), el grupo de hermanos sueña con construir una pequeña posada para el turismo, en un espacio que han reservado junto al canal Tiburcio Benegas. “Queremos convertir nuestra finca en un lugar turístico, con la posibilidad de hacer un mini restaurante y con hospedaje. Queremos darle a nuestro emprendimiento un valor agregado, ofrecer experiencias de cosecha y otras actividades relacionadas con el campo”.

A la vista un pequeño rebaño de ovejas recorre la propiedad, pastando, para mantener un cierto orden visual en el terreno, algunos caballos, y también un lote de colmenas (cuya miel comercializan bajo el nombre de Don Augusto), son parte del encanto que hoy ofrece La Higuerita, que de acuerdo a la estación también ofrece el olor de la alfalfa o una alfombra de flores de zapallo.

"A las higueras decidimos podarlas un poco más arriba de la altura de la rodilla de un ser humano, las plantas han rebrotado y aumentan todos los años su rinde”, explicó Nicolás Flores.
"A las higueras decidimos podarlas un poco más arriba de la altura de la rodilla de un ser humano, las plantas han rebrotado y aumentan todos los años su rinde”, explicó Nicolás Flores.

De los higos al pozo de agua

La elección de la nuez Pecán fue porque nos la ofreció una familia china, que vive en Buenos Aires. Ellos, entre sus negocios, son dueños de un vivero en Catamarca y lograron una adaptación de la planta a la zona menos húmeda, decidimos sumarnos y traer esta variedad a Mendoza. También tres nuevas variedades de higos. Ya compramos las plantas y estamos preparando el terreno para transplantar”.

Junto a La Higuerita, el grupo Flores alquila un campo de 62 hectáreas que trabaja para complementar con la inversión, “Estamos en el octavo año del proyecto, y aunque lleva tiempo, creemos que estamos avanzando muy bien”, sostiene Nicolás. Esta finca es más que un proyecto agrícola, porque en su renacer como un pequeño oasis experimenta un proceso de cambios continuos apalancados también por la fortuna. “En todos los callejones tenemos duraznos pelones, son plantas decorativas, que le suman sabor a nuestra miel; la semana que viene comenzaremos con la cosecha y los vendemos a fresco”.

La finca, el terreno que se extiende hasta alcanzar las 100 hectáreas con derecho a riego, fue nivelada en forma meticulosa, hasta revelar casi al oposición en alcanzar la perfección topográfica para que “el agua no pierda tiempo y se aproveche mejor el turno de riego”. Su experiencia, que también fue heredada, se plasma en la insistencia de trabajar en un enfoque que, según él, optimiza los recursos. Trabaja sobre las acequias, aplica glifosato para mantener a raya la maleza y asegurar un rápido flujo del agua en los sectores que aún no ha pavimentado. Cada gota tiene un significado, aunque admite contar con el recurso para el riego por manto, piensa que es indispensable “invertir en riego tecnificado”, y algunos cuadros ya esperan por el goteo que terminará de ejercer durante 2024.

“Antes los marcos de una plantación, cómo los del olivo, eran amplios. Hoy son más chiquitos. Trabajamos en una forma intensiva, con plantas que se ven como si fueran un espaldero de una viña. De ahora en más va a ser todo intensivo, porque en el futuro obliga a mecanizar todas las tareas culturales. Y para poder trabajar así, es fundamental el agua”, explica con énfasis Nicolás Flores.

A futuro, el grupo de cuatro hermanos sueña con construir una pequeña posada para el turismo, junto al canal Tiburcio Benegas. “Queremos convertir nuestra finca en un lugar turístico, con la posibilidad de hacer un mini restaurante y un hospedaje", comentan.
A futuro, el grupo de cuatro hermanos sueña con construir una pequeña posada para el turismo, junto al canal Tiburcio Benegas. “Queremos convertir nuestra finca en un lugar turístico, con la posibilidad de hacer un mini restaurante y un hospedaje", comentan.

Un día llegó a la propiedad un antiguo trabajador de la finca de Don Augusto, era un hombre grande, un tal Faria y nos contó que allí había un pozo de agua”, sostiene. “Él había vivido un tiempo en la casa patronal, antes que la finca quedara abandonada. Faria recordó su infancia en una pequeña casita de barro que había en la finca. Él señaló un lugar, que estaba a pocos metros debajo de unos escombros… había visto operar un tractor, con una polea, cavando la tierra. Decidimos limpiar esa zona y comenzamos a cavar con una pala. En una par de horas, el pozo que parecía enterrado resurgió”, puntualizó Flores.

Esta aventura no solo devolvió el agua a la superficie, sino que también simbolizó la renovación y el potencial latente que la finca poseía; fue una exploración que redefinió el presente y también marcó el futuro. El proyecto de los Flores nació a partir de una finca que llevaba siete años abandonada, sin riego. Un emprendimiento de 100 hectáreas que se había desarrollado a partir de los cuadros de higo adriático.

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