martes 15 de junio de2021

Asalto al precinto 13: la piedra angular del universo de John Carpenter
El hedor antimoral y la atmósfera de los 70 es insoportablemente magistral en "Asalto al precinto 13" (1976)
Espectáculos

Asalto al precinto 13: la piedra angular del universo de John Carpenter

En este clásico de 1976, el multifacético cineasta homenajeó a su formación audiovisual y demostró antes de los 30 años por qué estaba destinado a elevarse como uno de los mayores genios.

Asalto al precinto 13: la piedra angular del universo de John Carpenter
El hedor antimoral y la atmósfera de los 70 es insoportablemente magistral en "Asalto al precinto 13" (1976)

Quien diga que John Carpenter no es digno del panteón del cine, miente. Director, guionista, productor, compositor y montajista… Y en todos los casos, influyente: siempre rindió a la altura. No obstante, el realizador estadounidense ha sido más celebrado fuera de su país, debido a esas raras hipocresías que suelen caracterizar el cine industrial de EE.UU. “Asalto al precinto 13” (Assault on Precinct 13, 1976), su segunda película, es la que marcó la bisagra en su trabajo autoral, releyendo distintos géneros y otorgándoles su propio ingenio, lo que dio como resultado una seguidilla de filmes esenciales.

Aquí estamos frente a un arquetipo del western, pero que incorpora una madurez admirable en todos los roles que se cargó Carpenter cuando ni siquiera llegaba a los 30 años. Cien mil dólares, un plantel de actores desconocidos y apenas una locación más o menos estilizada. Casi cinco décadas después tenemos a productores destinando 200 millones de dólares en un derroche de CGI, trajes estrafalarios y guiones asépticos, que ni siquiera se esfuerzan en una mínima dimensión para sus personajes. En cambio, Carpenter, maestro del montaje, se tomó 40 minutos para “cocinar” (y conectar) a fuego lento sus seres, a medida que progresan sus abismos.

Para el origen de esta obra maestra hay que remontarse a la infancia de Carpenter, quien creció con los westerns de John Ford, Sergio Leone y Howard Hawks, además de las películas de terror de bajo presupuesto. Después de la experiencia universitaria para parir “Dark Star” (1974), Carpenter decidió entregarse a su mayor propósito como cineasta: honrar su formación fílmica. Y “Río Bravo” (1959), de Hawks, es el modelo explícito en “Asalto al precinto 13”.

“La verdad es que me metí en esta industria con la idea de hacer westerns. Pero cuando salís a buscar trabajo, aceptás lo primero que te ofrezcan”, declaró en su momento Carpenter, quien suele referirse a “Asalto al precinto 13” como su primer filme.

Al igual que en “Dark Star”, él volvió a ejercer varios roles: director, guionista, compositor y montajista. En este último caso, acreditado bajo el seudónimo de John T. Chance, el recordado personaje de John Wayne en “Río Bravo”. Y si de homenajes e identidades encubiertas hablamos, hasta la anécdota de la niñez que cuenta el policía protagonista en “Asalto...” es la misma que Alfred Hitchcock le reveló sobre sí mismo a François Truffaut en la mítica entrevista de 1962.

Por cuestiones económicas, John Carpenter se vio obligado a “acotar” su western a un contexto urbano. Así que eligió la zona sur de Los Ángeles, donde atemoriza una pandilla anarquista que, tras sufrir una emboscada, hace un juramento de sangre para vengarse de la Policía y los vecinos.

En ese convulsionado ambiente, el teniente Ethan Bishop (Austin Stoker) está a cargo del desmantelamiento y traslado de la comisaría local, donde apenas quedan dos mujeres (Laurie Zimmer y Nancy Loomis) ultimando papeleo. También llega el micro donde se trasladan a tres presos de alta peligrosidad, uno gravemente enfermo que necesita ser revisado de inmediato. Y cuando los pandilleros (un clan de zombis que emula la obra de George A. Romero) rodean y atacan la comisaría, delincuentes y defensores de la justicia deben dejar de lado sus diferencias para sobrevivir.

En “Asalto al precinto 13”, John Carpenter evita intencionalmente cualquier pretensión sociopolítica y, en cambio, se entrega a la construcción del suspenso y hasta cierto humor negro (inolvidables intervenciones de Darwin Joston como el recluso Napoleon Wilson) en proporciones equilibradas. Cada ingrediente de la posterior filmografía de Carpenter está presente en estos 91 minutos de acción vigorizante.

Resulta un milagro que “Asalto al precinto 13” haya pasado el filtro de la Motion Picture Association of America (MPAA), teniendo el brutal asesinato de la niña en el camión de helados, una secuencia de soberbio manejo sonoro y de edición por parte de Carpenter. Lo mismo aplica para el hedor antimoral que se percibe en cada rincón del escenario: la violencia habrá envejecido algo sobria para los estándares de hoy (véase los elogios que tanto se le da a “John Wick”), pero la atmósfera de los 70 es insoportablemente magistral.

En lo técnico, la película fue la primera apuesta de Carpenter en panorámico anamórfico 2.35:1, formato que utilizó en adelante en todos sus largometrajes y del que sacó provecho para inmortalizar planos de excelente composición, aprovechando cada borde y experimentando con el rango de la mirada.

A “Asalto…” le siguió “Halloween” (1978), quizá la obra más influyente del director, quien sumó al poco tiempo tres hits inmaculados: “La niebla” (The Fog, 1980), “1997: Escape de Nueva York” (Escape from New York, 1981)  y “La Cosa” (The Thing, 1982). Analizar el universo de Carpenter sin su pieza angular sería un error, de allí la justa reivindicación que supo ganar con el correr de los años.

Como todo clásico, Carpenter tuvo que soportar un remake de igual nombre en 2005, alejadísimo de su tono original. Estuvo dirigido por Jean-François Richet y protagonizado por Ethan Hawke y Lawrence Fishburne. Para quienes anden curiosos, pueden darle una oportunidad: es bastante digna, pese al escaso vuelo y riesgo depositado por parte de sus responsables.

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