17 de enero de 2026 - 10:09

Murió Irene de Grecia, hermana y guardiana espiritual de la reina Sofía

El fallecimiento de la princesa Irene a los 83 años marca el fin de una era para la realeza de España.

La Casa Real de España anunció este jueves que murió la princesa Irene de Grecia, la hermana de la reina Sofía, en un comunicado en el que precisan que el hecho se produjo en la mañana de ese día en el Palacio de la Zarzuela de Madrid.

"Sus Majestades los Reyes y Su Majestad la Reina Doña Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de Su Alteza Real la Princesa Irene de Grecia a las 11:40 de hoy en el Palacio de la Zarzuela de Madrid", dice el comunicado de Casa Real.

La muerte de la princesa Irene a los 83 años marca la pérdida del apoyo más estrecho que la reina Sofía a lo largo de su turbulenta vida y sus problemas personales. Los biógrafos señalan que su discreta figura fue fundamental para mantener el equilibrio emocional en el palacio la Zarzuela.

Realeza
Irene, la hermana de la reina Sofía, murió a los 83 años.

Irene, la hermana de la reina Sofía, murió a los 83 años.

Irene de Grecia, el pilar silencioso de la reina Sofía dentro de la realeza

Desde su llegada a España en la década de los ochenta, la princesa Irene de Grecia se convirtió en la sombra protectora de su hermana. Vivió desde entonces en el palacio madrileño de La Zarzuela junto a la familia real, en un gesto que respondió una necesidad de consuelo mutuo.

Nacida en 1942 como la hija menor del rey Pablo de Grecia, Irene se mudó a Madrid con su madre, la reina Federica, a finales de los años 70, y fue la confidente necesaria durante las crisis que sacudieron la estabilidad del matrimonio de los reyes emérito. En tiempos de problemas, la periodista Selina Scott señaló en su obra A Saga of Royal Misfortune: "Irene es el único ser humano en quien Sofía confía".

Realeza
Irene, la hermana de la reina Sofía, murió a los 83 años.

Irene, la hermana de la reina Sofía, murió a los 83 años.

Aunque tenía los títulos de princesa de Grecia y Dinamarca, Irene no tenía apellido ni ciudadanía desde la caída de la monarquía griega, en 1973. En Madrid, vivió de forma austera, evitando los lujos propios de su rango y dedicando su tiempo a la lectura y la meditación. No ocupaba un lugar oficial en el organigrama de la Casa Real, pero su influencia era decisiva en las decisiones privadas de la madre del rey Felipe VI.

Incluso en los momentos de mayor tensión institucional, la princesa Irene mantuvo un perfil bajo que evitó cualquier fricción con la prensa. Su rol era el de una consejera muda que sabía escuchar, aportando una calma necesaria en un entorno a menudo asediado por los escándalos públicos.

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