¡Qué bochorno!

Nuestra lengua nos ofrece un repertorio bastante amplio de vocablos que involucran el concepto de “calor intenso y prolongado”.

¡Qué bochorno!
Ola de calor, altas temperaturas se registran en Mendoza Foto:José Gutierrez / Los Andes

En este verano, intenso y prolongado, la exclamación más escuchada en boca de los hablantes es “¡qué calor!”; nos preguntamos si, fuera de este término común, la lengua nos ofrece un repertorio más amplio de vocablos que involucren el mismo concepto. Descubrimos, con la modalidad instalada en el diccionario académico desde 2023, un abanico de posibilidades:

Bochorno: El origen del vocablo se halla en el latín “vulturnus”, que nombraba el viento del sudeste, desde la perspectiva de la península itálica. ‘Bochorno’, actualmente, puede ser el aire caliente y molesto en el estío, pero también el “calor sofocante”: Era insoportable el bochorno en ese ambiente. Además del calor ambiental, este sustantivo puede aplicarse al encendimiento pasajero del rostro: “Sentí un repentino bochorno”. En este último sentido, es equivalente a “rubor, sonrojo”. En sentido general, ‘bochorno’ equivale a “vergüenza, humillación”: “¡Qué bochorno la actuación de ese personaje!”. Completan la familia semántica de este sustantivo el verbo ‘abochornar’, que puede involucrar tanto el calor físico excesivo como la vergüenza o turbación que un hecho produce; estos dos sentidos son recogidos también por el adjetivo ‘bochornoso’, que indica ya el carácter asfixiante del clima, ya un hecho vergonzoso, humillante y escandaloso: “Soportamos temperaturas bochornosas”; “Sus ofensas fueron bochornosas”. Puede además sustituirse por el adjetivo poco usual ‘abochornado, -a’ y por ‘abochornante’, participio presente del verbo ya indicado.

Calor: Para esta nota, el significado que conviene al término es el de “sensación que se experimenta ante una elevada temperatura”; también, “temperatura alta”: “El calor excesivo es nocivo para la salud”. Es interesante la observación de la Academia, relativa al uso en Andalucía y algunos lugares de América, como sustantivo femenino. Por eso, la Fundéu considera válida la expresión “Hace mucha calor” junto a “Hace mucho calor”. Y recordamos los famosos versos iniciales del Romance del prisionero: “Que por mayo era por mayo, / cuando hace la calor…”.

Son interesantes los otros sentidos del término ‘calor’, como “favor, buena acogida, entusiasmo”: “El candidato pudo sentir el calor de la multitud”. Asimismo, se habla de ‘calor’ para aludir a lo más fuerte y vivo de una acción: “Se dejó llevar por el calor de la lucha”. Estos sentidos distintos se recogen en adjetivos diferentes: ‘caluroso’ indica, predominantemente, “que siente calor o lo causa”: “Jornada muy calurosa”; en cambio, ‘acalorado’ se refiere a lo que es “apasionado, vehemente, enardecido”: “Lo defendió con palabras acaloradas”. Esta pasión se recoge en el adverbio ‘acaloradamente’, que indica “con vehemencia”: “En el debate, discutieron acaloradamente”. Otro tanto ocurre con ‘acalorar’ que, aparte de indicar “causar calor”, puede señalar “avivar, excitar, apasionar”: “La discusión se fue acalorando”.

Fogaje: Este sustantivo, relacionado con ‘fuego’, tiene el mismo valor que ‘bochorno’, pero se usa en determinados países hispanohablantes: Colombia, Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela. Lo vemos, por ejemplo, al decir “Con semejante verano, era fuerte el fogaje de los cuerpos”.

Flama: La palabra se vincula con el latín “flamma”, que traducimos como “llama”; en Andalucía y Extremadura, toma este sustantivo el significado de “calor extremo”.

Ardor: Nuevamente, un vocablo de origen latino aúna en su significado dos acepciones, la de “calor grande” y la de “enardecimiento de los afectos y pasiones”: “Era una tarde en que el ardor de las temperaturas se mezclaba con el ardor de la lucha partidaria”. Es sinónimo de ‘ardentía’.

Canícula: Con este término, de género femenino, se designa el período del año en que el calor es más intenso. En latín, el vocablo “canicula”, que traducimos como “perrita”, designaba la Estrella de Sirio, en la constelación de Can Mayor; su aparición coincidía con la época más calurosa por ser solsticio de verano. Se ha acuñado la expresión ‘calor canicular’, como sinónimo de “calor sofocante y excesivo”.

Quemazón: Nuevamente, la palabra aparece asociada a la acción de quemar o cremar y al fuego. De ahí que una de las acepciones consignadas en el diccionario académico sea la de “calor excesivo”: “En la tarde del desierto, todo era quemazón”.

Calorina: El diccionario nos define el término como “calor fuerte y sofocante”: “La calorina abarcó prácticamente todo el mes de enero”.

Chajuán: Es un vocablo registrado en el Tesoro de los diccionarios históricos de la lengua española, usado en Colombia. Se lo da como sinónimo de “calor, bochorno”.

Además de todos estos términos específicos del calor, el hablante común suele usar metafóricamente algunos sustantivos, cuyo contenido queda asociado a la cocción por calor, a la temperatura elevada o a la acción del fuego: ‘caldera’, ‘horno’, ‘fiebre’, ‘hervidero’, ‘infierno’, ‘delirio’: “La siesta se transformó en un horno permanente, un hervidero, un verdadero infierno para los transeúntes”; “Era tanto mi calor que, de pronto, parecía padecer fiebre o llegar al delirio”.

¿Y qué adjetivos pueden acompañar a cualquiera de los vocablos que indican calor intenso? Daremos algunos: ‘asfixiante’ indicará que el calor impide respirar adecuadamente: “Después del zonda, un calor asfixiante se cernía sobre la ciudad”. Con el mismo valor, los términos ‘sofocante’ y ‘ahogante’ califican una temperatura bochornosa, que impide tomar el aire en forma adecuada: “Las jornadas han sido de calores sofocantes”. Repiten esta idea otros dos adjetivos, ‘opresivo’ e ‘irrespirable’: “El termómetro hoy me anuncia un calor opresivo e irrespirable”. Podemos completar esta lista de cualidades referidas al calor extremo con los adjetivos ‘abrumador’, ‘agobiante’, ‘pesado’, equivalentes entre sí porque transmiten la sensación de pesadez, de molestia y fastidio: “Ni un alma en las calles durante las siestas en que un calor abrumador, pegado a la piel, parecía colarse por los huecos de puertas y ventanas”.

El hablante común expresa su reacción ante el calor con verbos ilustrativos: uno de ellos es ‘asarse’, definido en el diccionario de la Real Academia Española como “sentir extremado ardor o calor”; sinónimo de él resulta ‘asurarse’ y ‘achicharrarse’, definido este último como “experimentar un calor excesivo, quemarse, por acción de un agente exterior”: “Nos achicharramos haciendo cola para adquirir las entradas”.

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