Luisa Marienhoff y sus “Prosas poemáticas”

Los comienzos de esta escritora, quien residió en Mendoza y luego se trasladó a México, estuvieron marcados por este género, muy en boga en esa época.

Luisa Marienhoff y sus “Prosas poemáticas”
Luisa Marianhoff.

Luisa Marienhoff es una escritora que residió en Mendoza hasta mediados del siglo XX y luego en México, donde publicó parte de su obra, lo que nos dificulta acceder a ella. Una particularidad de su producción literaria es que, si bien luego se encauzó en la narrativa, sus comienzos estuvieron dedicados a la escritura de prosas poemáticas, un género muy en boga en la literatura de la época y bastante cultivado en Mendoza.

Este instrumento expresivo del “poema en prosa” o prosas poéticas o poemáticas, adviene con el Modernismo en la lírica hispánica, si bien sus antecedentes pueden remontarse a los poemas en prosa franceses de la primera mitad del XIX como articulación y génesis que precede al impulso genérico dado por Baudelaire. Según definición de Díaz Plaja (1956), “Denominamos poema en prosa toda entidad que se proponga alcanzar el clima espiritual y la unidad estética del poema sin utilizar los procedimientos privativos del verso”, por lo que plantea una tríada definitoria: ritmo, estilo, inspiración. Como características de esta forma literaria pueden mencionarse además la concisión temática, la brevedad, una anécdota inconexa, con preeminencia del estado de ánimo del hablante.

Esta especie literaria en las letras mendocinas es estudiada por Víctor Gustavo Zonana (2013) en “Manifestaciones del poema en prosa en la lírica mendocina: notas sobre El jardín secreto de Evar Méndez” (Panorama de las letras y la cultura en Mendoza, Tomo II, pp. 135-146) y también en un trabajo posterior en el que aborda la obra de Ricardo Tudela (“Panorama de las letras y la cultura en Mendoza”, 2023, Tomo IV, pp. 353-377). Zonana, desde la perspectiva del “pacto lírico” de Rodríguez (2003) señala como distintivo del poema en prosa la puesta en relieve de una experiencia afectiva (2013, p. 137) y recuerda el énfasis dado por Baudelaire, uno de los antecedentes del género, a la musicalidad.

Igualmente, se señalan como recursos recurrentes en esta manifestación literaria el uso de repeticiones o reiteraciones para logar un efecto rítmico en la prosa, la recurrencia a elipsis y encadenamientos paratácticos, rasgos todos presentes en la obra primeriza de Luisa Marienhoff (al menos en lo que a escritura literaria se refiere): “Constelación de inquietudes” (Mendoza: D’Accurzio, 1939) y “El amor en mi senda” (Mendoza: Cuyo, 1945). Posteriormente la autora publicará -todavía en Mendoza- “La extraña; Prosa y verso” (1953), volumen en el que se alternan poemas en metros clásicos, prosas poéticas (algunas ya incluidas en su primera obra) y textos narrativos.

Valga como ejemplo un fragmento de “Si yo poseyera”, de su libro inicial: “Si yo poseyera tu sabiduría, Señor, no naufragaría mi alma en el vaivén de la duda… / Si yo poseyera tu sabiduría, Señor, ¡qué serenidad en mis pasos por la vida! / Si de tu bondad la chispa inalterable pudiera engarzar en mi espíritu ¡qué pacientes serían mis manos para curar las llagas de los otros!” (1939, p. 23).

La cita sirve también para ilustrar acerca del tenor de estas prosas poemáticas: su carácter plenamente introspectivo, que se debate en la dualidad entre realidad y ensueño: “Escuchar siempre los poemas del alma, es vivir fuera de la realidad que pasa a nuestro lado como una sombra. / Despertar luego del ensueño íntimo y verse frente a frente con esa sombra hecha carne y color, es encontrarse extraviado en un país desconocido […]” (“Sueño y realidad”, 1939, p. 33).

Otro rasgo característico es la resonancia religiosa que alcanza su palabra, en tanto el interlocutor de esta poesía dialógica es, con frecuencia, Dios: “¡Soñar! ¡Soñar! Sentir en el pecho divinas palabras que calman la sed” (1945, p. 19). Son frecuentes asimismo las alusiones a pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento: “el recuerdo del bíblico gesto” (p. 17); “estrella para tu alma cuando busque en el Oriente el sendero de l a paz” (18); “la serena majestad del Nazareno, que hizo santa la pasión […]” (p. 21)...

En Claridad, Año XVIII, N° 336, de junio de 1939, en la sección “Bibliografía”, sin indicación de autor, aparece una reseña de “Constelación de inquietudes” en la que se lee: “Las prosas poemáticas de ‘Constelación de inquietudes’ traslucen su espíritu austero y pensativo, que sorprende por su severidad y su sosiego. Pues hasta cuando canta la alegría esta poetisa olvida que es mujer y joven y solo repara, como un monje cartujo, en la belleza sobria de la naturaleza, olvidada de ella misma o celosamente negada para los demás. Sus sentimientos son siempre reflexivos, y ni una sola vez, a lo largo de sus palabras, el amor le juega la mala pasada de poner en su boca un llamado o un nombre”.

El texto agrega a continuación que “Dentro de este manto de insobornable austeridad, la autora […] canta las nubes, las espigas, las casas vacías, los amaneceres y las calles, y aunque en algunas páginas del libro resuenan voces de seres vivientes, los poemas de Luisa Marienhoff se asemejan a esas telas de pintores castellanos en las que el paisaje gris y desolado evoca la presencia de lo humano por la misma ausencia de la figura humana en sus ásperos yermos”.

La misma autora declara esta intención y este tomo en el texto inicial, cuando manifiesta que El amor en mi senda: “os abre las puertas de un templo, no de una alcoba de sensuales ritmos. La luz temblorosa de sus cirios ilumina un alma de fervores místicos, […] Hay en él repique grave de campanas y armonía austera de oración” (1945, p. 5).

Ese es precisamente el modo de captación de lo exterior que prevalece en la lírica de Marienhoff, en la que los elementos exteriores son en realidad simbólicos y sirven más bien a la exposición de contenidos espirituales: “Nubes en las frentes pensativas que ahondan en la vida su mirada profunda en busca de luz…” (1939, p. 25). Del mismo modo, la naturaleza late al compás de acciones y emociones humanas: “La carcajada del sol inunda el mundo y baila la brisa en cada flor y en cada pétalo queda su beso de amor” (1939, p. 45).

El lenguaje de Marienhoff en general sencillo adquiere gran fuerza por el empleo reiterado de interrogaciones y exclamaciones, además de las ya mencionadas reiteraciones y paralelismos que colaboran al tono sentencioso y grave. Es, entonces una poesía reflexiva, intelectual, poco afecta a los tropos, pero capaz de lograr algunas imágenes, metáforas y símbolos muy sugerentes para describir estados espirituales.

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