Mafalda Tinelli y sus ideas sobre la función social del escritor y el feminismo

Su obra va desde la narrativa breve al ensayo, aunque también se destacó como actriz de cine.

Mafalda Tinelli y sus ideas sobre la función social del escritor y el feminismo
Mafalda Tinelli.

Mafalda Tinelli es una narradora y poeta mendocina que figura entre las primeras socias de la Filial Mendoza de SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Fue también actriz y animadora de varias empresas culturales, como la revista Oasis, que fundó en la década del 30 o la revista Cultura Cuyana, de la que también fue directora.

Había nacido en Mendoza en 1907 y falleció en 1982, en Chile, según datos proporcionados por Verónica Cremaschi en el Museo Virtual de Godoy Cruz (https://museovirtual.godoycruz.gob.ar/personajes/). En cuanto a su labor actoral, desarrollada en el país trasandino, fue conocida por su participación en películas como “El hombre que se llevaron” (1946), junto a Enrique Rivero, en la que una escritora argentina accede a viajar junto a un detective, un individuo casado y una mujer en un coche, para cruzar la cordillera, y a partir de allí se desarrolla una serie de peripecias.

Participó también en “La dama de la muerte” (1946), dirigida, al igual que la anterior, por Carlos Christensen, en la que Mafalda actuó junto a Carlos Cores. El año anterior, bajo la dirección de Carlos Borcosque y también junto a Carlos Cores, había actuado en “La amarga verdad” (1945), que narra la historia de una muy modesta empleada que intercambia a su hijo recién nacido con el bebé de una acaudalada familia. Sin embargo, años más tarde, cuando el joven está a punto de recibirse como doctor, comienza a investigar su oculto pasado. Finalmente, pueden mencionarse en su filmografía “Hollywood es así” (1944); “Bajo un cielo de gloria” (1944) y “Hoy comienza mi vida” (1944).

En cuanto a su labor literaria, publicó varios libros, entre los que figuran los poemarios “El grito sin eco” (1939), con un poema a modo de prólogo de Arturo Cambours Ocampo y “Noches de insomnio” (1943), con un prólogo de Francesco Bernocchi (quien tradujo también la obra al italiano), volúmenes ambos de prosa poemática, más un libro de poemas publicado en 1965 y titulado “La mujer y el matrimonio”. Igualmente publicó obras en prosa, entre las que figuran “Clavel del aire; Cuentos camperos” (1941) y también la novela de ciencia ficción “El cielo del cielo”, publicada en Chile en 1978 y considerada como pionera del género en el país vecino. Acerca de este texto, una reseña aparecida en el diario Los Andes (17/12/1978) destaca el papel preponderante que asume la mujer como personaje principal en su narrativa.

En sus obras publicadas figura el anuncio de varias más, por entonces en prensa. Así, en el primero de sus libros editados se anuncian como “A aparecer”: “El juego de la vida” (cuentos); “Pa’ qué” (cuentos camperos); “El porteño en provincia” (novela) y “Scherzando”, que se caracteriza como “cuentos escritos en italiano, a editarse en Milán”. Además, se enuncian otros títulos como “En preparación”: “Mundo nuevo” (novela); “Hombres en mi vida” (cuentos); “Italia, país del arte” (apuntes de viaje); “Antología de poetas y prosistas mendocinos” y “La educación sexual de la juventud” (ensayo científico).

El segundo poemario agrega otros títulos más como de próxima aparición, al igual que la colección de cuentos, que reitera algunos de los libros ya mencionados y agrega dos obras teatrales: “El hombre que soñó” (comedia dramática en tres actos y cuatro cuadros) y “El ególatra” (comedia dramática en tres actos). Ignoramos si todos estos títulos vieron la luz, porque no figuran en las bibliotecas de nuestra provincia. En todo caso, podemos conjeturar que el volumen de cuentos camperos originariamente nombrado como “Pa’ qué” es el que luego apareció con igual subtitulo, pero con el nombre de “Clavel del aire”, ya que ambas denominaciones corresponden a cuentos del volumen que conocemos.

Sea como fuere, la obra de que disponemos nos permite formarnos una idea de lo que es la temática y el mérito literario de Mafalda Tinelli: en los cuentos se narran invariablemente historias de amores contrariados, fracasados por las diferencias sociales o por la intrusión de elementos foráneos (el “porteño” que viene a la provincia). Se destaca en estos textos la aptitud para recrear el lenguaje del hombre de campo, así como la exaltación de sus virtudes intrínsecas, como ocurre con el joven paisano, cuyo “carácter recto, su alma incontaminada, se comparaban a menudo con la flor cuyana por excelencia: el clavel del aire” (1941, p. 16).

En cuanto a sus dos libros de prosa poética tienen en común una actitud dialógica que, a través del empleo caso constante de la segunda persona verbal, van expresando los distintos matices del sentimiento amoroso en una sensibilidad femenina, desde su origen a su culminación erótica, para concluir, casi inevitablemente, en el reproche al amado, por el abandono y la soledad, por el dolor de la voz lírica que se transmite a todo el entorno: “Lo que pudo ser jardín de delicias, trocado en páramo salvaje. / El corazón como una cuenca desangrada y fría. El alma con helor de paisaje austral, rondando en las noches que ahora parecerán hoscas y temibles” (1943, p. 53).

Además, como ya se dijo, Mafalda Tinelli estuvo profundamente comprometida con el ambiente cultural cuyano. Participó, por ejemplo, del Segundo Congreso de escritores y artistas de Cuyo con un trabajo que destacaba el rol del escritor y de la mujer en nuestra sociedad y que fue publicado íntegro en el diario La Acción de San Juan, el miércoles 14 de setiembre de 1938, por resultar de interés para quienes asistieron al evento.

Con este texto, Tinelli se une a las filas del regionalismo literario y aboga en primer lugar, por una literatura “en que se conozca nuestro ambiente, nuestras costumbres sociales”, pero que a la vez cumpla con la función social de “elevarse a la esfera de los principios morales […] la contextura moral apartada de lo circunstancial”. Reclama asimismo el esfuerzo de “colocarse entre los conductores de nuevas fuerzas, libres de prejuicios y deformaciones”.

Concluye su exposición con un llamado a sostener “el verdadero feminismo” en el que “La pluma de la mujer debe ser como luz que reverbera. No debe ser amenaza sino promesa […] No debe ser elemento peligroso o perturbador, sino base sólida donde puedan descansar y mantenerse los principios fundamentales”.

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