La poesía de Edith Ambrosini Clouard

Descendiente de una familia pionera de la industria vitivinícola, nació en San Rafael en 1916, aunque ignoramos la fecha de su fallecimiento.

La poesía de Edith Ambrosini Clouard
Edith Ambrosini.

La primera noticia que tuve acerca de esta escritora fue el título de una de sus novelas, “El enigma de Malvinas” (1998). Por entonces estaba yo embarcada en el proyecto de relevar todo cuanto la literatura argentina de ficción había producido en torno a lo que, tras largos años de infructuosos reclamos de soberanía, se dio en llamar “la cuestión Malvinas”.

La noticia de la existencia de este libro me intrigó, como así también despertó el deseo de conocer algo más de la autora, oriunda de San Rafael, Mendoza. Mi amigo, el poeta Miguel Pérez Mateos, también residente en el departamento sureño, me allanó el camino; más aún -tras una serie de gestiones que lo llevaron a ponerse en contacto con los familiares de Edith Ambrosini Clouard- puso en mis manos tres libros, dos novelas y un tomo de poesías, que me han permitido trazar siquiera una semblanza aproximada de esta escritora.

Edith Elena Ambrosini Clouard nació en San Rafael, en 1916; ignoramos la fecha de su deceso; solo sabemos que al momento de publicarse su último tomo de poesías (1998) aún seguía residiendo en el departamento sureño. Es descendiente de una antigua familia de pioneros de la industria vitivinícola, radicados en el sur mendocino a principios del siglo XX, en 1908. Estudió en la Escuela Normal Mixta de San Rafael, donde obtuvo su título docente y fue alumna de Alfredo Bufano y Fausto Burgos.

Respecto del magisterio ejercido por Bufano en muchos de sus alumnos, declara Ambrosini en el prólogo a “El alma de mi tierra” (1993): “Estas poesías que expongo a la consideración de los lectores son, en parte, el fruto de las enseñanzas que recibí de ese gran maestro de la poesía que fue Alfredo Rodolfo Bufano y del que tuve el privilegio de ser su alumna. De él aprendí la técnica de la poesía” (p. 7).

Continuó sus estudios universitarios en la Universidad de La Plata, donde alcanzó el título de procuradora y el grado académico de Doctora en Notariado. Ejerció la docencia y la notaría en San Rafael; asistió como delegada a congresos y jornadas nacionales e internacionales. Fue miembro del Consejo Superior de Notariado de Mendoza.

Fue directora propietaria de la “Sala de Arte” del departamento de San Rafael, Mendoza, fundada en 1981. Es autora de “Cuentos del valle y la montaña” (1988); “El valle de los pámpanos” (1988, cuentos mendocinos); “La logia”; “Cuentos argentinos” (1991), todos con ilustraciones de Nidia Ambrosini Clouard y de “El enigma de las Malvinas”; novela. Cultivó también la poesía y publicó los poemarios “El alma de mi tierra” (1993) y “Por los senderos del tiempo” (1998).

Además, en el Boletín Oficial correspondiente al 14 de agosto de 2009 se menciona como “obra publicada” a “Valle de la esperanza”, a fs. 34, pero carecemos de otros datos. Asimismo, en la página final de “Por los senderos del tiempo” se anuncian otras obras inéditas “de próxima aparición”: “El enviado especial” (narraciones); “Tras la niebla de los tiempos” (novela) y “Los andrajos del poder” (teatro), además de “El enigma de Malvinas”, libro que sabemos fue efectivamente publicado.

Su nombre figura en “Narrativa de mujeres argentinas; Bibliografía de los siglos XIX y XX”, realizada por la investigadora Lea Flechter, publicada en 2007.

En cuanto a su poesía, sus dos libros publicados muestran como característica distintiva el encabezar cada poema con un breve texto que oficia como explicación o introducción. En su temática aparecen tipos, costumbres y paisajes del sur mendocino (“El valle de San Rafael”; “El río Diamante”; “La Niña Encantada”; “El Descabezado”; “El Cañón del Atuel” …) o de la provincia en general (“Canto a Mendoza”; “El viento Zonda”; “Siesta de otoño mendocina” …), al igual que la referencia a la Gesta Sanmartiniana y sus personajes (“La epopeya mendocina”; “Romance de Fray Luis Beltrán), junto a reflexiones de diversa índole (”Enigma”; “La guerra”; “Los chicos de la calle”; “Evo” …). Además, hacia el final de su libro “El alma de mi tierra” se configura otro núcleo temático, más personal, relacionado con su infancia o, en general, con el paso del tiempo (“La casona de los abuelos”; “Romance de mi nostalgia”; “Romance de mis quince años” …). Y, por supuesto, la persistencia de la “cuestión Malvinas” (“Allá en Malvinas” …).

En estos poemas en general prevalece el componente narrativo, a veces de tono legendario, como la leyenda de la laguna de la Niña Encantada, de la que ofrece una versión personal y distinta de la tradicionalmente conocida. Otros son más descriptivos y en ellos, como matiz particular, se expresa la posibilidad de atribuir una intencionalidad a lo inerte; así por ejemplo, a propósito de la erupción del volcán Descabezado: “La piedra, la dura piedra… ¿Puede albergar sentimientos de amor, de rencor o de odio? ¿Puede producir actos de venganza? ¿Puede sufrir por haber sido violada en su soledad? […] Lo cierto es que la erupción de ese volcán de Los Andes llenó de estupor y daño a nuestro sur mendocino”, tal como reflexiona el texto introductorio (1993, p 45).

Como la misma autora manifiesta en el prólogo ya citado (1993): “En este libro he recogido, junto con mis propias vivencias, las que surgen del alma de nuestra patria” (p. 7). Así, encontramos algunos textos más líricos, que muestran la efusión de sentimientos, como “El amor perdido”: “Una noche sin luna es hoy mi vida” (1993, p. 25), o el titulado “Estados del alma” (p. 53).

Este yo lírico que despunta, por ejemplo, en “Intimidades del alma”: “Soy tejedora de sueños / y la noche me acompaña” (1993, p. 47), se funde en una franciscana alabanza de la naturaleza, al modo de Bufano: “¡Qué bellas, / qué bellas son! / las claras luces del alba, /que llevan al labrador / hacia el campo de labranza; / que llena a las arboledas / del rumor que, a la mañana, / las avecillas del bosque / hacen cuando al cielo le cantan” (1993, p. 47).

También de su maestro Bufano ha heredado la ductilidad métrica, expresada en el cultivo de diversas formas clásicas, como el soneto o el romance, y también del verso libre. Como la misma autora manifiesta, esta diversidad obedece al deseo de que “su contenido llegue, con la poesía y la idea clara, al espíritu del lector” (1993, p. 7); finalidad comunicativa a la que también colabora la sencillez y precisión del lenguaje de que hace gala.

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