Los insólitos rituales de Analía Franchín para cerrar las hornallas de gas: “Tengo que elongar hasta que duela”

La periodista contó en A la Barbarossa que tiene que hacer un ritual todas las noches para verificar que cerró las hornallas.

Analía Franchín sorprendió con la revelación de sus TOCs
Analía Franchín sorprendió con la revelación de sus TOCs

La periodista de televisión, Analía Franchín, reveló impactantes detalles sobre sus trastornos obsesivos este viernes en el programa “A la Barbarossa”.

Durante la conversación, Franchín abrió su corazón y compartió su lucha con el miedo al gas y su obsesión por verificar constantemente las hornallas de su casa.

Sus declaraciones sorprendieron a la audiencia, quienes descubrieron un lado desconocido de la popular presentadora. “Es justamente uno de los tocs que no puedo superar, que es el tema de las hornallas”, empezó diciendo.

Analía Franchín en Instagram.
Analía Franchín en Instagram.

“Le tengo terror al gas, así que voy y controlo todas las hornallas. Soy la última en acostarme porque necesito asegurarme de que nadie más circule por la casa una vez que hice el control, incluso si tengo que salir y sé que están cerradas”, agregó.

Incluso cuando sabe que están cerradas, siente la necesidad de verificarlas visualmente. Esta obsesión la lleva a realizar un ritual particular, similar al de las horas claritas, para evitar cualquier posibilidad de falla.

Cómo es el insólito ritual que realiza Analía Franchín para cerrar las hornallas

Y luego contó: “Incluso realizo un ritual en esas ocasiones para asegurarme de que no vuelvan a abrirse, porque si no, me siento angustiada”.

“Tenés que hacerlo bien, por ejemplo... Cerrado, cerrado, cerrado, cerrado. Cerrado, cerrado, cerrado, cerrado. Y bueno, cada tanto le das una vuelta. Girando sobre su eje, claro, por cada hornalla”, dijo para sorpresa de sus compañeros de piso.

“Pongo música y doy vueltas para darme cuenta de que realmente vi que todo estaba cerrado. Es parte del rito contrarreloj”, añadió.

Analía explicó que, además de verificar las hornallas, ha desarrollado otros rituales para tranquilizarse. A veces, se ve obligada a realizar elongaciones frente a la hornalla hasta que le duela, como una forma de comprobar que está viva y que lo que está experimentando es real.

“Y a veces, cuando eso no es suficiente, tengo que hacer como una elongación hasta que me duela. Porque al elongar, o sea, te duele mucho, entonces es como si me pellizcaras, estoy viva, ¿entendés?”, cerró.

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