Productores estiman que la cosecha será más baja de lo calculado

Si bien los números del INV para la semana 15 muestran un volumen un 4% superior al de 2022, plantean que es porque se adelantó la madurez y se busca salvar la uva que ha quedado.

Por el avance en la cosecha, productores calculan que se terminará a fin de mes y que será menor de lo que se había estimado. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Por el avance en la cosecha, productores calculan que se terminará a fin de mes y que será menor de lo que se había estimado. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Los datos más recientes del Instituto Nacional de Vitivinicultura muestran que, en la semana 15 de cosecha, se han alcanzado los 516.287.169 kilos de uva. Este número marca un incremento del 4% con respecto al volumen que se había recolectado para la misma época el año pasado (496.486.599 kilos). Sin embargo, se teme que el porcentaje de merma en comparación con 2022 supere el 23% que se había estimado a mediados de febrero y que se trate del peor año desde que se tiene registro.

Hasta ahora, la cosecha más baja fue la de 2016. Y el reporte de la semana 15 permite apreciar que, al 12 marzo, se habían recolectado apenas 216.557.378 kilos. Es decir, que este año habría un volumen un 138% superior. Pero esto no implica que las perspectivas sean favorables, porque la cifra más alta se explica por un adelanto en la tarea. De hecho, en el sector anticipan que sólo quedan un par de semanas más para dar por terminada la vendimia.

La directora nacional de Fiscalización del INV, Claudia Quini, explica que este adelantamiento responde a dos razones: una técnica y otra operativa. Sobre la primera, indicó que las temperaturas más elevadas que los promedios, que se han registrado en febrero y marzo -pero también en enero, cuando las olas de calor suelen darse en la segunda quincena y estar alternadas con días más frescos; lo que no sucedió este año-, han hecho que las uvas alcanzaran antes la madurez.

Foto: Gentileza
Foto: Gentileza

La segunda razón, detalló, es que ha habido muchas tormentas con caída de granizo y tanto los productores como los bodegueros han priorizado cuidar la uva que ha quedado, por lo que se han apurado a avanzar en la recolección.

De ahí que, cuando se compara con el volumen que se había cosechado el año pasado en toda la provincia, los números sean superiores. De todos modos, se deba aclarar que se ha levantado un 18% más de uva en Mendoza, pero un 7% menos en San Martín, 20% menos en San Rafael y 60% menos en General Alvear.

Fabián Ruggeri, presidente de Acovi (Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas), coincidió en que ha habido un adelantamiento en la cosecha con respecto al año pasado y sumó un motivo adicional: la necesidad de que la uva entrara a la bodega para que no fuera a otra. Esto hizo que también se adelantara la molienda, cuando otros años se esperaba a que se alcanzara un cierto grado alcohólico y otras variables, vinculadas con la pepita y el hollejo.

El ingeniero agrónomo indicó que queda esta semana, que termina hoy, y la que viene, y anticipa que luego declinará muy fuerte la recolección. Por lo que consideró poco probable que se alcance el volumen estimado por el INV, que marcaba un 23% de disminución con respecto a 2022, sino que calcula que será un poco más alto el porcentaje.

Mauro Sosa, gerente del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, analizó que esta semana se alcanzaron los 5 millones de quintales (500 millones de kilos), que la que viene se podrían alcanzar los 7 millones, pero que ya la siguiente se espera que la recolección comience a declinar. Por lo que se llegaría a entre 8,5 y 9 millones de quintales y planteó sus dudas de que se llegue a los 10 millones, como se había estimado, porque los productores anticipan que el 31 de marzo va a estar terminada la vendimia.

Y sumó que están teniendo muy bajos rendimientos por tacho. Es que se ha tratado de una temporada muy particular, con heladas tardías (el 31 de octubre y 1 de noviembre) y tempranas (el 18 de febrero), sostenidas olas de calor, escasez de agua y reiteradas tormentas de granizo.

Foto: Claudio Gutiérrez / Los Andes
Foto: Claudio Gutiérrez / Los Andes

¿La más baja?

A mediados de febrero, cuando el INV presentó su estimación de cosecha, planteó que se cosecharían 15.352.900 quintales en todo el país, un 21% menos que en la cosecha pasada (19.368.030 qq). Y que en Mendoza se llegaría a los 10.138.700 quintales, un 23% menos que los 13.243.217 quintales del 2022. Sin embargo, las contingencias climáticas que habían causado la merma pronosticada se extendieron en lo que quedaba del mes pasado y se han repetido en lo que va de marzo.

Claudia Quini comentó que, después de 15 de febrero, se produjeron cuatro tormentas de granizo muy importantes: la del 1 de marzo, que produjo bastante afectación en viñedos; la del 8 de marzo, en la que cayó piedra de tamaño muy grande en la zona Este; la del 12, que tomó otra franja del este mendocino que no había sido impactada en la anterior; y la del 15, en la que hubo más agua que granizo, pero afectó al Valle de Uco y Luján.

Si bien consideró poco prudente arriesgar un número, reconoció que hay una gran preocupación en torno a que la cosecha sea menor de lo que se había calculado, producto de la ocurrencia de varios eventos climáticos extremos después de que se presentó la estimación. El temor es que sea el registro más bajo en la historia, desde que el INV lleva datos.

Tampoco quiso plantear cuáles pueden llegar a ser las variedades más afectadas por esta reducción, aunque señaló que la zona en la que se ha concentrado el daño esta temporada -el Este provincial- es donde concentran superficie las uvas criolla y cereza, por lo que se puede inferir que son las que mayores pérdidas en volumen hayan tenido en 2023.

Por la tormenta de granizo de los primeros días de marzo, Edgardo Sosa perdió sus cinco hectáreas de uva criolla en Philipps (Junín). Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
Por la tormenta de granizo de los primeros días de marzo, Edgardo Sosa perdió sus cinco hectáreas de uva criolla en Philipps (Junín). Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Precios

Ante este panorama de escasez de uva, se podría inferir que los precios iban a ser favorables para los productores (que no han perdido su producción). Pero en San Juan, los viticultores, según refleja Diario de Cuyo, plantean que no subieron como ellos esperaban y que, además, el pago en cuotas termina de licuar la rentabilidad.

Ruggeri comentó que en la zona Este ha subido el precio de la uva que se paga en cuotas, mientras que la que se cancela al contado ha tenido poca variación. Esto, con excepción de las bodegas que, terminando la temporada, necesitan unos pocos quintales de una variedad determinada y están dispuestos a pagar para conseguirla.

En términos generales, el precio de la criolla está entre los $80 y $90 el kilo, el de la tinta (dependiendo de la calidad) varía entre los $110 y $130, y el de la blanca va desde los $100 a los $110. Esto es, por pago contado, mientras que, cuando se financia la cancelación, en ciertos casos de suma un porcentaje de interés mensual para compensar la inflación (aunque reconoció que no sucede en todos los casos).

El presidente de Acovi indicó que un grupo de productores había solicitados precios más altos y que, como productores, hubieran celebrado que los valores fueran superiores, pero que el problema es que la suba se traslada a la góndola y se produce una caída en el consumo, se acumulan los stocks y el precio baja. Esto fue, recordó, lo que sucedió después de 2016, cuando el valor de la uva trepó considerablemente, para caer en 2017 y mantenerse sin variaciones entre 2018 y 2020. Y añadió que, cuando se pierde una fracción de mercado, cuesta mucho volver a recuperarlo y nunca se recupera por completo.

Mauro Sosa planteó que el precio de la uva se ha adelantado al del vino, porque se está pagando por la materia prima un valor que no se corresponde con el que tiene ahora el vino, lo que puede llegar a generar dificultades cuando el producto llegue a un consumidor con bajo poder adquisitivo y cuando se exporte con un tipo de cambio atrasado.

En este sentido, indicó que los precios han respondido a la expectativa de los productores, pero también reconoció que una importante empresa elaboradora de mosto estaba comprando uva a buen valor hasta que el Gobierno provincial acordó con el de San Juan una pauta de diversificación del 12% y el precio bajó. O, si se mantuvo, se extendieron los plazos de pago.

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