9 de junio de 2026 - 19:04

En el sur de la ciudad de México, el fútbol es más social y cooperativo que en ningún otro lugar de América

Hace 70 años existe una cancha de fútbol dentro del cráter de un volcán, que se ubica al sur del Distrito Federal del país norteño

Durante más de setenta años, algunos habitantes del sur de la Ciudad de México han mantenido una cancha de fútbol dentro del cráter de un volcán extinto sin ceder el control del espacio, incluso cuando el lugar gana protagonismo a días del Mundial 2026.

Historias mínimas de fútbol

A parte de fútbol, los lugareños practican el denominado juego de pelota una disciplina pre hispánica ligada a los pueblos mesoamericanos que habitaron la zona.

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Ubicada a más de 2.600 metros de altitud y rodeada de vegetación, la cancha ocupa el centro de una depresión natural que sus habitantes conocen como El Teoca, un antiguo cráter volcánico donde cada domingo se reúnen equipos de distintos pueblos y barrios de la zona de Xochimilco.

Singular cancha de fútbol, social, ecológica y popular

La historia del lugar va más allá de su inusual ubicación y está marcada por décadas de organización comunitaria que han mantenido la cancha bajo sus propias reglas.

"El cerro es comunal, el cerro es del pueblo y así estamos bien. Nos queremos hacer un torneo y es independiente, no le pedimos permiso a nadie", resume Joel Becerril, uno de los representantes de la liga.

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Hay momentos que el fútbol deja paso al tradicional Juego de Pelota, una disciplina prehispánica muy practicada con diferentes variantes en México y los países de América Central.

Hay momentos que el fútbol deja paso al tradicional Juego de Pelota, una disciplina prehispánica muy practicada con diferentes variantes en México y los países de América Central.

Su padre participó en la construcción del campo hace más de 70 años, cuando vecinos del pueblo transformaron un terreno donde se sembraba maíz y levantaron ahí las primeras porterías con troncos de los árboles del lugar.

Desde entonces, añade, la comunidad ha rechazado proyectos que implicaban ceder parte del control del espacio, como una propuesta reciente para instalar alumbrado, a la que los habitantes se opusieron para proteger la fauna que habita el cráter, donde todavía es posible encontrar conejos, ardillas, y armadillos.

"Nosotros lo que tratamos es conservar la fauna para que no desaparezca", remarcó Becerril.

Esa singular combinación de paisaje, historia y organización comunitaria ha atraído miradas en la antesala del Mundial 2026, incluidas actividades promocionales vinculadas al torneo como una grabación con jugadores de pelota mesoamericana, un deporte con más de 3.000 años de historia.

"Queremos aprovechar toda la promoción que está teniendo el Mundial para promocionar el juego de pelota", dice Juan Luis Zapata, jugador de esta disciplina que es prehispánica.

Convocados para una actividad relacionada con un maratón mundialista, que se celebrará durante la Copa del Mundo, varios de los participantes -provenientes de Azcapotzalco, al norte de la capital, conocieron el Teoca por primera vez durante la visita.

"No sabía que realmente existía una liga aquí. Me sorprende que la gente lo siga, que lo visite y que haya una comunidad que lo mantenga vivo", reconoce Jorge Torres, instructor del juego de pelota.

Como ellos, cada vez son más las personas que llegan al Teoca atraídas por la curiosidad y por la atención que ha ganado previo al Mundial 2026, aunque sus administradores aseguran que la liga no recibe beneficios económicos por estas visitas.

El mantenimiento de la cancha sigue dependiendo de la propia comunidad, que organiza faenas y financia mejoras con recursos de la liga y evita compromisos con actores externos.

Existe una conjunción entre el pasado y el presente a través de una esfera

Para quienes juegan cada semana en el Teoca, el valor del lugar no está en las grabaciones ni en la atención reciente.

Manuel Torres, integrante de uno de los equipos de la liga, considera que este espacio sigue manteniendo el espíritu comunitario del fútbol, en contraste con el Mundial 2026, que -a su juicio- tiene «las diferencias sociales muy marcadas».

"Aquí la gente tiene un sentido de pertenencia muy arraigado, es de mucha tradición (…) es una cancha que tiene su mística, te hace sentir que eres de aquí", cuenta el jugador, con más de siete años en la liga.

Ese vínculo también se transmite de "generación en generación", agregó Gabriel Rosas, quien juega en esta cancha desde niño.

"Es del pueblo, de todos nosotros", resalta Rosas, al recordar que cuando comenzó a entrenar fueron los integrantes más veteranos quienes lo guiaron, una enseñanza que ahora busca compartir con los más jóvenes.

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