Cada inicio de año Las Vegas pasa de ser la Ciudad del Pecado al paraíso de los tecnófilos por unos pocos días.
Este viernes concluyó una nueva edición del Consumer Electronic Show donde más de 140 mil personas asistieron para conocer la tendencia y la innovación que marcará el año.
Cada inicio de año Las Vegas pasa de ser la Ciudad del Pecado al paraíso de los tecnófilos por unos pocos días.
Más de 140.000 personas asistieron durante cuatro días al Consumer Electronic Show, mejor conocido como CES, la feria de electrónica y tecnología de consumo más grande del mundo. Es donde se marca la tendencia para lo que puede ser lo mejor del año, aunque ocasionalmente no pasa de ser el escenario de grandes promesas que no avanzan más allá del prototipo.
Este año, aunque no hubo un dispositivo que se sintiera disruptivo, si se presentó innovación, especialmente en gadgets para uso personal y hogareño.
El máximo galardón de la feria, llamado Best Overall, se lo llevó el Samsung Galaxy Z TriFold, un teléfono de doble pliegue, delgado y que se abre para revelar una pantalla de 10 pulgadas. No fue novedad porque se anunció a finales del 2025, pero esta vez sus potenciales usuarios lo pudieron tocar y logró ser lo más destacado del CES.
Pero no fue Samsung el único ganador. Los expertos también eligieron como Best of Show a los procesadores Intel Core Ultra Serie 3 "Panther Lake". Estos chips marcan un hito al ofrecer hasta 27 horas de batería y un rendimiento gráfico integrado capaz de ejecutar juegos de alto nivel sin necesidad de una tarjeta de video dedicada. Si su promesa se cumple, este procesador le dará una nueva vida a las computadoras, que se niegan a quedar obsoletas y desaparecer.
La computación dio un salto hacia la sostenibilidad y la versatilidad. El Lenovo ThinkPad X1 Carbon Gen 14 Aura Edition destacó por su diseño "Space Frame", que permite a los usuarios reemplazar piezas individuales fácilmente para facilitar su reparación.
La marca también sorprendió con el Legion Pro Rollable Concept, una laptop para juegos cuya pantalla OLED puede extenderse de las 16 a las 24 pulgadas con un comando, ideal para quienes buscan una experiencia de monitor ultra ancho en un formato portátil. También, la Asus Zenbook Duo (2026) refinó el concepto de doble pantalla al eliminar el borde divisorio entre sus dos paneles OLED de 14 pulgadas.
En televisores, LG sorprendió con la OLED evo W6 Wallpaper TV. Con solo 9 milímetros de grosor y una conexión totalmente inalámbrica para video 4K, el televisor pasa de mueble a pieza de arte digital.
También deslumbró la transición hacia retroiluminación RGB directa. Marcas como Samsung, LG y Hisense presentaron paneles donde los Mini-LEDs emiten luz roja, verde y azul de forma nativa. A la cabeza estuvo el Samsung R95H, un televisor Micro RGB de 130 pulgadas busca llevar la experiencia del cine comercial al salón de casa.
En el CES hubo robots para todos los gustos y el Roborock Saros Rover fue aclamado por superar su mayor obstáculo: las escaleras. Tiene patas extensibles que le permiten subir peldaños de forma autónoma mientras los limpia y su presencia opacó a las otras marcas.
A nivel industrial, Boston Dynamics presentó su humanoide Atlas, con un andar más natural, capacidad para levantar hasta 50 kilos y cambiar sus baterías sin necesidad de intervención humana.
Pero el más deseado fue CLOiD, de LG, un robot doméstico capaz de realizar tareas complejas como doblar ropa o preparar el desayuno. Básicamente comprende el estilo de vida del usuario y controla los electrodomésticos con precisión.
También se destacó Tombot Jennie, un cachorro labrador robótico hiperrealista y diseñado para brindar apoyo emocional a adultos mayores con demencia. Reacciona al tacto y a la voz y se lo considera un dispositivo médico que combate la soledad. Llegará al mercado en mayo y tendrá un precio de alrededor de U$D 1500.
Como cada año, Las Vegas permitió la entrada también a inventos excéntricos.
Un buen ejemplo es el Lollipop Star de Lava Tech, un chupetín que utiliza conducción ósea para transmitir música a través de los dientes hasta el oído interno. La línea se titula "Puro sabor y sonido" y el palito oculta un pequeño módulo electrónico que genera vibraciones y el sonido se percibe sin necesidad de audífonos ni genera ruido externo.
Lego también estuvo presente y mostró su primer “ladrillo inteligente”. No utiliza IA, pero es una pieza que lleva una computadora por dentro con un diminuto chip diseñado para interpretar la información que le envían los acelerómetros de otras piezas. Tiene también un sintetizador, un minialtavoz y un sistema de intercomunicación entre juguetes basado en Bluetooth.
El Seattle Ultrasonics C200 también fue lo más comentado porque es el primer cuchillo de chef para el hogar que utiliza tecnología ultrasónica. Posee una hoja de acero japonés AUS-10 que vibra a más de 30,000 Hz y esa alta frecuencia reduce la fricción, lo que permite realizar cortes precisos con 50% menos de esfuerzo.
Finalmente también fascinó Fraimic Smart Canvas, un cuadro digital inteligente que utiliza tecnología de tinta electrónica a color para transformar comandos de voz en obras de arte generadas por inteligencia artificial. O sea, al tocar el marco y describir una idea en voz alta (por ejemplo: un paisaje del centro de Mendoza al estilo Van Gogh), la IA genera la imagen y la muestra en la pantalla en cuestión de segundos.
La IA es quien ahora comanda todo lo que se vio en este CES y la relación con ella está aún en construcción.
Ed Soohoo, CTO de Lenovo, cree que hay un nuevo paradigma y la gente debe dar un salto de fe: “Si los datos son el nuevo petróleo y la IA es la nueva electricidad, la confianza es la nueva fusión”.
Para Dwayne Koh, head of Creative en Leonardo.ai, también pide generar confianza para libertar la creatividad y la utilidad: “Las herramientas que creamos han despertado algo en nosotros. Igualan las condiciones, pero también facilitan que las personas cuenten historias que siempre quisieron contar y que nunca tuvieron la oportunidad de contar”.
El CES de este año fue menos espectacular que otras ediciones, pero quizás por eso se volvió más indicativo de hacia dónde va la tecnología real: menos promesas imposibles, más propuestas que eventualmente podremos comprar y usar en los próximos meses.
La feria en Las Vegas dejó claro que el futuro sigue siendo la inteligencia artificial, pero ya no como espectáculo, sino como infraestructura interna. O sea, silenciosa, integrada, eficiente y, con suerte, más respetuosa de nuestra privacidad y de las necesidades humanas reales.
Durante años, el gran show de Las Vegas fue sinónimo de futurología: prototipos imposibles, coches que nunca llegaban a producción o gadgets “que cambiarían la vida” sin fecha ni precio. Esta vez, la tecnología que se presentó parece apuntar a casos de uso concretos y cercanos: casas que piensan, robots que ayudan, herramientas que mejoran la productividad.
Sin embargo, esa moderación tiene un lado menos glamoroso: casi ha desaparecido ese “wow factor” que generaba conversación y debate. Pero aunque muchos lo llamen el “CES menos excitante”, hay que ver más allá de las sensaciones: cuando una tecnología empieza a enfocarse en la utilidad real y no en el marketing, suele ser señal de que está madura para adoptar.
Tecnología real para las personas reales es la promesa reiterada de las empresas y a la que los usuarios nos aferramos con vehemencia. Quizá este año sea verdad.